La Ciudad

Nuevos vientos en la relación con la Provincia (cuando bajan las armas y se abren las carpetas), campeones del QR y preocupación por el gas

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.

En política, los climas no cambian de un día para el otro. Cambian cuando alguien cruza una puerta que antes estaba cerrada, cuando una reunión dura más de lo previsto o cuando los gestos empiezan a pesar más que los discursos. Algo de todo eso ocurrió en las últimas horas en General Pueyrredon. Soplan nuevos aires en la relación entre la Provincia de Buenos Aires y el Municipio, una relación que durante la gestión de Guillermo Montenegro estuvo marcada por la desconfianza, la fricción permanente y, en más de una ocasión, por el fuego cruzado sin intermediarios entre el Palacio Municipal y La Plata. Con Axel Kicillof del otro lado del mostrador, el vínculo fue áspero, frío y, muchas veces, improductivo. Pero el tablero parece estar moviéndose. Según pudo saberse, el ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis, mantuvo una larga y fructífera reunión con el actual intendente Agustín Neme. No fue un saludo protocolar ni una foto al paso. Fue una reunión extensa, con agenda, con técnicos y con señales políticas claras.

 

 

El dato no es menor: Katopodis fue hasta el despacho principal de la comuna. No hubo llamados neutrales ni encuentros en territorio “amigable”. El ministro cruzó la puerta del Palacio Municipal, se sentó con Neme y luego amplió la conversación con algunos secretarios del gabinete local. Un gesto que, en clave política, vale más que un comunicado. El encuentro se dio después de una recorrida por las obras de la Rambla junto al concejal Gustavo Pulti, otra postal que no pasó inadvertida. Se trata de una de las zonas más simbólicas de la ciudad, donde cada intervención tiene alto impacto político, turístico y urbano. En cuanto al encuentro, confirmado por el mismo Katopodis, sobre la mesa aparecieron temas sensibles y largamente postergados. Entre ellos, la culminación de los trabajos de ensanchamiento de la avenida Jorge Newbery, una obra clave para el acceso sur de la ciudad y para el ordenamiento del tránsito en una zona que creció más rápido que la infraestructura. Pero también se habló de lo que suele esquivarse: la necesidad urgente de avanzar con el desagüe cloacal de la avenida Constitución, un problema estructural que cada vez que hay tormenta vuelve a exponer su costado más crudo. Por ese conducto, miles de toneladas de residuos terminan en el mar, con impacto ambiental, sanitario y político. Un tema incómodo, costoso y de largo plazo, que requiere sí o sí coordinación entre Provincia y Municipio.

 

 

La pregunta que empieza a circular en los pasillos es inevitable: ¿estamos ante un verdadero cambio de clima o apenas frente a una tregua táctica? Lo cierto es que con Neme en la intendencia el tono parece haber cambiado. Menos confrontación pública, más pragmatismo y una lectura más realista del momento: sin diálogo con la Provincia, no hay obras grandes; sin obras, no hay gestión que aguante. Del lado provincial, Katopodis también parece enviar un mensaje. Infraestructura es una de las carteras más políticas del gabinete bonaerense, y cada visita, cada reunión y cada obra tiene lectura electoral, territorial y de poder. En ese marco, tender puentes con General Pueyrredon no es un detalle menor. Por ahora, no hay anuncios rimbombantes ni promesas de campaña. Hay algo más básico y, quizás, más valioso: una mesa de trabajo abierta. En tiempos donde la grieta suele ser negocio, que alguien baje las armas y saque las carpetas ya es una novedad. En política, como en la vida, los gestos anteceden a los hechos. Y esta vez, los gestos estuvieron. Habrá que ver si se traducen en obras, soluciones y una relación menos tóxica entre La Plata y Mar del Plata. Por lo pronto, en los pasillos se habla de algo que hacía tiempo no se escuchaba: diálogo. Y en estos tiempos, no es poco.

 

 

A propósito de obras, la paralización de trabajos clave por parte del gobierno nacional enciende algunas luces de alerta en la ciudad. En distintos ámbitos hay una pregunta que empieza a repetirse con más insistencia que el viento sur en julio: ¿qué va a pasar con el gas el próximo invierno? Nadie responde en voz alta, pero todos miran hacia el mismo lugar: Las Armas. La planta compresora que debía blindar a Mar del Plata y a la Costa Atlántica frente a los picos de consumo quedó detenida cuando ya estaba ocho de cada diez partes terminada. No es una obra fantasma: está ahí, visible, concreta… y cada vez más oxidada. Literal. Desde el Sindicato de la Industria del Gas no andan con vueltas. Hablan de abandono, de equipos deteriorándose a la intemperie y de una obra estratégica convertida en un monumento involuntario al cambio de época: menos Estado, menos obra pública, más riesgo.

 

El dato que inquieta no es solo técnico. Es político. Porque Las Armas no es una obra cualquiera: es la llave para sostener presión, ampliar capacidad y evitar que Mar del Plata vuelva a vivir escenas como las del invierno de 2025, cuando la ciudad quedó con baja presión, estaciones de GNC cerradas, industrias paradas y vecinos mirando la hornalla como si fuera un termómetro. Aquel episodio encendió alarmas, generó reclamos transversales y obligó a una reacción de emergencia. Camuzzi logró normalizar el servicio con cuadrillas y parches operativos. Pero en los despachos saben que fue una solución de coyuntura, no de fondo. La obra estaba pensada justamente para eso: que no vuelva a pasar. Pero con el cambio de gobierno, la prioridad cambió. En Nación nadie confirma continuidad, nadie asigna fondos y nadie se hace cargo del deterioro. El mensaje implícito es claro: la obra pública dejó de ser prioridad, aun cuando el costo político de no hacerla pueda sentirse en pleno invierno. En privado, más de un dirigente admite que el escenario es incómodo. Nadie quiere cargar con la foto de una ciudad turística sin gas en temporada baja, pero tampoco aparecen los interlocutores nacionales que destraben la situación. El silencio, dicen en el sector, también es una forma de decisión.

 

El problema va más allá del invierno. Sin Las Armas, no hay margen para nuevos usuarios, ni residenciales ni industriales. La ciudad crece, la demanda sube y el sistema sigue funcionando al límite. Cualquier ola de frío intenso vuelve a convertir al gas en una ruleta rusa. En algunos despachos locales se preguntan cuánto falta para que el tema escale. Porque cuando el gas falta, la discusión deja de ser técnica y se vuelve cotidiana: hogares, comercios, empleo, actividad económica. Ahí ya no hay relato libertario que alcance. Por ahora, la planta sigue detenida. El acero se oxida. Los plazos se diluyen. Y el invierno –ese viejo actor secundario de la política energética– empieza a ganar protagonismo otra vez. No es una bomba, pero sí una cuenta regresiva. Y el reloj, como el gas, no espera.

 

Hay rankings que no salen en las encuestas ni se discuten en la rosca, pero dicen mucho más sobre cómo vive una ciudad que cualquier discurso. Uno de esos acaba de aparecer en el último Indicador Coelsa, el informe que mide el pulso real de los pagos digitales en la Argentina. Y trae un dato que en Mar del Plata debería leerse con atención: la ciudad es la tercera del país en uso de pagos con QR, solo detrás de CABA y Córdoba. No es menor. No es casual. Y tampoco es solo un dato tecnológico. Mientras Buenos Aires concentra volumen y Córdoba empuja desde su perfil universitario y productivo, Mar del Plata aparece en el podio como una ciudad que naturalizó el pago digital en la vida cotidiana: comercios de barrio, gastronomía, farmacias, supermercados, servicios, temporada alta y baja, residentes y turistas. El QR dejó de ser novedad para convertirse en costumbre.

 

El informe de Coelsa –que analiza el período septiembre–diciembre de 2025 y consolida todo el año– confirma que la digitalización dejó de ser una tendencia para transformarse en un hábito cultural. En 2025 se realizaron más de 714 millones de pagos con QR en todo el país y casi 6.000 millones de transferencias inmediatas, con picos claros en los meses de mayor actividad económica y social. Mar del Plata no solo aparece bien posicionada en el ranking de pagos con QR. También forma parte del grupo de ciudades donde la interoperabilidad empezó a funcionar de manera transversal, sin importar si la cuenta es bancaria o virtual. En promedio, cada persona opera con ocho cuentas, repartidas entre CBU y CVU, un dato que explica por qué el sistema dejó de distinguir entre banco y billetera. Hay otro dato que suma contexto local. El QR dejó de estar asociado a un único tipo de consumo. Según el informe, se usa tanto para pagar servicios básicos –luz, gas, agua– como para gastronomía, farmacias, supermercados y comida preparada, con tickets promedio que reflejan consumos reales, cotidianos, no excepcionales. El QR acompaña la economía diaria, no solo el gasto ocasional.

 

 

También el transporte empieza a decir lo suyo. En 2025, el pago con QR se extendió a colectivos en distintas ciudades del país y al subte en CABA. En pocos meses se registraron más de 3,5 millones de viajes pagos con QR, con casi 387 mil personas incorporando esta modalidad. Mar del Plata vuelve a aparecer entre las ciudades con mayor adopción, confirmando que el cambio no se limita al comercio, sino que alcanza la movilidad urbana. Detrás del consumo minorista aparece el otro gran motor del sistema: las empresas. El E-CHEQ terminó de consolidarse en 2025 como el estándar digital para pagos corporativos. Se emitieron más de 34 millones de cheques electrónicos, con un crecimiento interanual superior al 20 %, utilizados sobre todo en momentos clave como aguinaldos, cierres contables y picos estacionales. Menos papel, más velocidad y mayor trazabilidad.

 

 

El informe también deja una pista sobre lo que viene. A fines de 2025 y comienzos de 2026 comenzaron a operar los primeros pagos transfronterizos, especialmente con Brasil, usados por argentinos que viajaron durante el verano. En los primeros días del año ya se registraron más de 10.000 operaciones internacionales, un anticipo de un ecosistema que empieza a cruzar fronteras sin fricciones. Todo ese volumen vino acompañado de otro dato clave: la seguridad. Nueve de cada diez alertas de actividad inusual detectadas por los sistemas de prevención terminaron siendo fraude, con una eficacia del 92 %, reforzando la confianza en un año récord de operaciones. Detrás de los porcentajes y los millones hay una lectura más profunda. Mar del Plata combina lo que muchas ciudades no logran: escala urbana, economía de servicios, turismo permanente y una trama comercial extensa. Si el QR funciona acá –con residentes, visitantes, jubilados, jóvenes, temporada alta y baja–, funciona en cualquier lado. En tiempos donde todo se discute en clave de atraso o decadencia, hay datos que rompen el libreto. Este es uno. Silencioso, cotidiano y sin épica. Pero contundente. Mar del Plata, tercera ciudad del país en uso de QR. No es slogan. Es hábito.

 

Los políticos también se distienden. En “La Mágica” de Bendu Arena –entradas agotadas, 6.000 personas bailando al ritmo de Los Charros, El Original, Los Gedes, La Champions Liga y Damas Gratis– hubo muchos representantes de la política lugareña que prometieron volver a algunos de los shows que se vienen y que, entre trago y trago, aprovechaban para rosquear en extraño escenario. ¿De qué se hablaba? El presupuesto municipal acaparó la atención. Es que el Ejecutivo municipal volvió a pedir pista. Otra vez. Esta vez, hasta el 29 de enero. Será la cuarta prórroga para presentar el presupuesto en el Concejo Deliberante, un trámite que, según marca la Ley Orgánica de las Municipalidades, debió haberse cumplido el 31 de octubre del año pasado. Pero octubre quedó lejos. Primero fue noviembre, después diciembre y ahora enero. El presupuesto sigue en borrador permanente. El intendente Guillermo Montenegro, hoy de licencia tras dar el salto al Senado provincial, inauguró la saga de prórrogas. Su reemplazante, Agustín Neme, decidió no cortar la racha: el pasado viernes, en lugar de mandar el expediente, envió una nueva nota pidiendo más tiempo.

 

 

“En el Palacio Municipal explican que buscan alternativas para cerrar los números y evitar un presupuesto con déficit. Una tarea nada sencilla en el contexto económico actual”, expresaba un distendido concejal. Pero el problema no es solo contable. En el trasfondo aparece el socio principal del PRO en el gobierno local: La Libertad Avanza. Los libertarios ya avisaron que no acompañarán un presupuesto deficitario, sin equilibrio fiscal y con aumentos fuertes de tasas. Traducción política: sin sus votos, no hay presupuesto, decían. El proyecto, que sigue en manos del secretario de Legal, Técnica y Hacienda, Mauro Martinelli, incluye los números de la administración central y de los cuatro entes descentralizados: Emsur, Emvial, Emturyc y Emder. También vienen en saque las ordenanzas fiscal e impositiva –con las subas de tasas– y la complementaria, donde aparecen los salarios, escalafones y bonificaciones del personal municipal. Como si hiciera falta algo más para estirar los plazos, Obras Sanitarias también pidió prórroga. OSSE, en sintonía con el Ejecutivo y los entes, solicitó tiempo hasta el mismo 29 de enero. Mientras tanto, Mar del Plata sigue gobernándose sin presupuesto aprobado. Y en los pasillos del poder ya nadie pregunta si llegará el proyecto, sino cuándo… y con cuántos recortes encima.

 

 

“Este año debemos andar en el récord de fakes, truchadas y mentiras publicadas sobre Mar del Plata en redes sociales, especialmente en X y en Tik Tok”, se quejaba el periodista –más gruñón que nunca, ya que también disparó contra el no funcionamiento de la fuente de aguas danzantes que se encuentra frente al Casino y por no haberse publicado aún en el sitio oficial del Concejo Deliberante, la nómina de los colaboradores y asesores de los distintos ediles– en la larga mesa de Dandy, en el Paseo Aldrey, donde el secretario de Turismo Daniel Scioli pasó a saludar, dejando varios paquetes de su yerba “Pichichi” antes de emprender viaje a Madrid para participar de la Feria Internacional de Turismo. “Los posteos de un camión atmosférico descargando en una playa y el de la pelea de vendedores de churros son falsos y viejos. El de la Pelopincho en la playa no es de turistas, sino de un vendedor ambulante que la usa para almacenar su mercadería y el de los giles esos que tiraban desde el balcón con una hondera en realidad, aunque también es de idiotas, le apuntaban a unas palomas de un balcón vecino. Muchas truchadas que se viralizan en redes donde cada día es más difícil saber que es cierto y que es joda”, pontificó captando la atención de todos.

 

Con mayoritaria presencia de periodistas, se sumó tarde Darío Palavecino, corresponsal de La Nación, tras su “marca personal” al presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, y los reiterados viajes por laburo a Pinamar, mientras Martín Sala cerraba por teléfono el próximo número de la revista Central, la de los personajes del año que se fue. “Es buena nota”, reflexionó Daniel Álvarez (Canal 8) cuando se habló del más mediático que nunca Maxi López, quien desde hace varias semanas disfruta de Mar del Plata. Pero el dato más jugoso lo aportó Bruno Verdenelli, tras lamentarse por la demora en la llegada de los refuerzos a Boca, al adelantar algunos puntos salientes del artículo que escribió para este medio sobre el crecimiento de los barrios privados en Mar del Plata. “En General Pueyrredon ya son más de 20 y distintas fuentes afirman que su población sobrepasa, en promedio, las 20 mil personas”, detalló. Se coincidió en señalar que el temor a los asaltos es uno de los factores clave para el crecimiento exponencial de los barrios cerrados. “A laburar que nos comen los piojos”, fue la poco ortodoxa forma de dar por finalizado el almuerzo por parte del más veterano de la mesa, poco después de que Natalia Álvarez invitara a todos a reencontrarse este domingo a partir de las 19 en el nuevo espacio del Hotel Konke, de 11 de septiembre al 2600, en un after sunset al que asistirá Facundo Arana, a esta altura, casi un marplatense más.

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