Opinión

Nunca tantos debieron tanto a tan pocos 

por Martin Sala

 

El día 12 de marzo Mar del Plata tenía su primer caso positivo de coronavirus. Se trataba, -lamentablemente porque falleció producto de la infección-, de una persona de 71 años que regresaba de Europa.

Un poco antes se había establecido una cuarentena férrea en la ciudad y en el país. Tuvimos un mes de marzo y abril pródigos de días esplendidos a puro sol, pero que la ciudad en su conjunto ignoró, y vimos postales surrealistas de nuestras playas vacías con un clima increíble.

Pero valía la pena el esfuerzo. Estábamos todos motivados y convencidos de que era el camino correcto y depositamos nuestra confianza en aquellas personas que nos gobernaban. Así convencidos aceptamos la cuarentena y salvo las actividades esenciales todos paramos.

Desde el 12 de marzo al 12 de junio (3 meses) la ciudad contaba con 41 personas infectadas, de las cuales 4 estaban en tratamiento, 4 habían fallecido y 33 estaban recuperadas.

Corría el mes de marzo y la ciudad a la noche salía también a manifestar su apoyo y reconocimiento a las tareas que desempeñaba el personal de salud para enfrentar al Covid-19.

Viendo la película para atrás, podríamos empezar a concluir que si bien las decisiones fueron las correctas y acertadas, no fueron así los tiempos para su implementación.

A lo mejor se cerró muy pronto la ciudad y hoy las autoridades tienen que lidiar con el virus, -comunitario y ensañado con nuestra ciudad-, y con las consecuencias económicas que generaron este tiempo de parálisis.

Consecuencias económicas a las que deberíamos sumarles fastidio, mal humor, angustia, temor, etc. Todas manifestaciones de tipo colectivo.

Manifestaciones que en una ciudad con desocupación estructural récord y altos niveles de pobreza, se hacen mucho más visibles y palpables.

Deberíamos aprender que si bien podemos tener las recetas, los remedios y soluciones, elegir correctamente los tiempos para su implementación es tan importante como las soluciones mismas.

A la fecha de escribir este texto, la ciudad lleva ya varios días discutiendo sobre la próxima temporada de verano.

Unos días atrás el Gobernador anuncio que habrá temporada de verano. Con protocolos. Con muchos protocolos. Los teatros no, pero ahora sí, con protocolos. Hoteles sí, pero camping no.

Qué pasará con la gastronomía, la recreación, etc. y muchísimas preguntas que requieren una respuesta. ¿Cómo se prepara el sistema de salud para recibir turistas?

Y en este debate se encuentra la ciudad hoy 25 de octubre. Hace 3 meses escribí que una de las ventajas de estar tan lejos del mundo geográficamente hablando, era ver la película en forma anticipada. Deben las autoridades, las cámaras empresarias, los sindicatos, los comerciantes, -y en la misma mesa los actores de la salud-, tomar nota de lo sucedido en el verano europeo.

A todo esto, el parte de salud del día 24 de octubre informaba de 19.685 pacientes confirmados a la fecha, con 15.595 recuperados, 3.363 activos y 727 fallecidos.

El contraste entre esta situación y la del 12 de junio es mucha, muchísima y nos indica claramente que el virus está muy instalado en la ciudad.

A todo esto, hace mucho tiempo que al personal de salud no se lo aplaude más, no se lo alienta más.

Y mientras escribo estas líneas y usted querido lector está leyendo, el personal de salud sigue enfrentando a este virus. Las 24 horas del día, los 7 días de la semana y sin vacaciones.

Ya no los aplaudimos por la noche. Están más cansados, estresados, agobiados y viendo de reojo como la ciudad puso el foco en otros temas.

Es en este contexto que se puede rescatar de la historia la famosa frase de Winston Churchill a propósito de la enorme tarea que desempeñaron los pilotos británicos para enfrentar la ofensiva alemana que pretendía invadir Inglaterra: “Never so many owed so much to so few”.

Sin dudas hoy en Mar del Plata nunca tantos debieron tanto a tan pocos.

Desde esta editorial a todo el personal de salud de Mar del Plata un fuerte aplauso, un cálido abrazo y un gracias enorme!

Que Dios los bendiga.

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