Obesidad: la pandemia silenciosa que desafía nuestra salud y nuestro futuro
Dejó hace años de ser una cuestión estética o individual para convertirse en una enfermedad crónica, multifactorial y de enorme impacto sanitario.
En una ciudad como Mar del Plata, donde conviven tradición gastronómica, turismo y estilos de vida urbanos diversos, promover hábitos saludables representa tanto un desafío como una oportunidad, según el doctor Esteban Dottacio.
Por Esteban Dottavio
MP: 811157
MN: 156266
Coordinador Servicio de Diabetes y Nutrición del Hospital Privado de Comunidad
Cada 4 de marzo, el Día Mundial de la Obesidad nos propone detenernos a pensar en uno de los problemas de salud más complejos y desafiantes de nuestro tiempo. La obesidad dejó hace años de ser una cuestión estética o individual para convertirse en una enfermedad crónica, multifactorial y de enorme impacto sanitario. Hoy se la reconoce como una verdadera pandemia global.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 2.500 millones de adultos viven con sobrepeso y cerca de 900 millones con obesidad, cifras que se han duplicado desde 1990. Este crecimiento sostenido se traduce en mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, enfermedad renal crónica y diversos tipos de cáncer, que en conjunto explican gran parte de la mortalidad evitable.
Argentina refleja con claridad esta tendencia. La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo muestra que el exceso de peso pasó del 49% en 2005 a más del 61% en 2018. Actualmente, seis de cada diez adultos presentan exceso de peso y cerca de uno de cada cuatro vive con obesidad. Lo más preocupante es que el exceso de peso en niños y adolescentes supera el 40%, lo que anticipa un impacto sanitario futuro de enorme magnitud.
Estos datos también revelan desigualdades sociales evidentes: la obesidad es más frecuente en los sectores más vulnerables, lo que confirma que no se trata solo de decisiones personales, sino de condiciones sociales, económicas y ambientales que condicionan la salud. La obesidad no es simplemente el resultado de comer en exceso. Es el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí. Los hábitos de vida contemporáneos —sedentarismo, estrés crónico, privación de sueño y consumo creciente de alimentos ultraprocesados— favorecen el aumento de peso.

A esto se suman factores biológicos como la predisposición genética, alteraciones hormonales y mecanismos metabólicos que regulan el apetito y el gasto energético. Comprender esta complejidad es clave para abandonar los estigmas y entender que la obesidad no es una falla de voluntad, sino una enfermedad influida por el entorno y la biología.
Desde el punto de vista fisiopatológico, la obesidad implica mucho más que un aumento del tejido adiposo subcutáneo visible. El exceso de energía almacenada favorece la acumulación de grasa ectópica en órganos como el hígado, el músculo esquelético, el páncreas, el corazón y el tejido perivascular. Este depósito lipídico anómalo altera la función celular y promueve resistencia a la insulina, lipotoxicidad y disfunción metabólica.
En este contexto, la distribución de la grasa, especialmente la adiposidad visceral, resulta más relevante que el peso corporal aislado para estimar el riesgo cardiometabólico. Reconocer la obesidad como una enfermedad compleja y abandonar el lenguaje estigmatizante constituye un paso esencial para mejorar los resultados terapéuticos y promover una atención centrada en la persona.

Aun así, los hábitos cotidianos continúan siendo determinantes. Priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados, reducir bebidas azucaradas y ultraprocesados, mantener actividad física regular, dormir adecuadamente y gestionar el estrés son pilares fundamentales tanto para la prevención como para el tratamiento. En los últimos años, los avances científicos han incorporado terapias farmacológicas innovadoras y, en casos seleccionados, la cirugía metabólica constituye una herramienta eficaz.
Sin embargo, la magnitud del problema exige respuestas que trasciendan el consultorio. Las políticas públicas son esenciales para modificar los determinantes estructurales de la obesidad: promover entornos saludables, garantizar acceso a alimentos nutritivos y regular el marketing dirigido a la infancia. En una ciudad como Mar del Plata, donde conviven tradición gastronómica, turismo y estilos de vida urbanos diversos, promover hábitos saludables representa tanto un desafío como una oportunidad.
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