La ceremonia se desarrolló en la plaza “15 de Mayo”.
En conmemoración del Día del Trabajador Sanitarista, Obras Sanitarias distinguió este viernes a más de cuarenta agentes, entre personal que alcanzó los 25 y 30 años de labor en la empresa y aquellos que se acogieron a los beneficios jubilatorios.
La ceremonia, que se desarrolló en la plaza “15 de Mayo” de la sede central de OSSE, la presidió el titular del ente, Tomás Amato, junto a la vice Cristina Coria y el director Daniel Díaz. También estuvo el síndico Mario Ricciuto, los concejales Vanesa Benavidez, Julián Bussetti, Diego García, Ariel Martínez Bordaisco y Liliana Piccolo (todos miembros de la Comisión de Ambiente, Desarrollo Sostenible y Servicios Sanitarios); además de la edil Noelia Alvarez Ríos, integrantes del Sindicato de Trabajadores de Obras Sanitarias (SITOS), representantes de distintas gerencias operativas y compañeros y familiares de los homenajeados.
Luego de una bendición a cargo del padre Oscar Maipah, Díaz hizo uso de la palabra para destacar una vez más el “sentido de pertenencia” de los sanitaristas, no sin dejar de hacer hincapié en la “responsabilidad” que tienen de llevar agua a los hogares cada día. “Lo primero que hace uno cuando se despierta es ir al baño, cepillarse los dientes y bañarse, todas cosas en las que está presente OSSE. Estoy orgulloso de representar a los trabajadores. Hay un recurso humano tremendo que configura un estado responsable.”
Por su parte Amato remarco el “compromiso y trabajo” diario de los agentes para con los tres servicios, al tiempo que subrayó: “Nos reconforta que la fecha coincida con el Día de la Familia. Es que detrás de cada servicio están los trabajadores y sus familias. No tengo más que palabras de agradecimiento. OSSE lleva a los hogares calidad de vida, dignidad y salud, las 24 horas, a lo largo de todo el año.
El Día del Trabajador Sanitarista recuerda el comienzo, el 15 de mayo de 1874, de las tareas de construcción de la Planta Potabilizadora de Recoleta. Dichas obras, impulsadas luego de la trágica epidemia de fiebre amarilla de 1871, formaron parte del Plan Bateman y dieron origen a la Comisión de Aguas Corrientes. La infraestructura planificada tenía como objetivo abastecer a una población de 400.000 habitantes en la Ciudad de Buenos Aires.