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Opinión 7 de octubre de 2026

¿Para qué sirve la escuela?

Opinión.

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*Por Juan Manuel Fernandez

Cada vez escuchamos con más frecuencia una pregunta que hasta hace no tanto parecía innecesaria: ¿para qué sirve la escuela? La hacen los estudiantes, pero también aparece entre las familias y en buena parte de la sociedad. La crisis de las instituciones, el avance de la inteligencia artificial y la incertidumbre sobre el futuro del trabajo no hacen más que reforzar esa pregunta.

Ante este interrogante -que digámoslo: cada vez más adultos tenemos dificultades para responder de manera asertiva- es importante volver a nuestra Ley de Educación Nacional, que es clara al establecer los objetivos de la escuela:  garantizar el acceso y las condiciones para permanecer y terminar en el tiempo previsto y formar a las nuevas generaciones para el ejercicio de la ciudadanía, para el trabajo y para continuar sus estudios en el nivel superior (universitario, terciario, tecnicatura).

El problema es que hoy existe una distancia importante entre esos objetivos y lo que efectivamente ocurre. El 22% de los jóvenes de entre 20 y 24 años no completó la secundaria y, entre quienes llegan al último año, el 42% no alcanza aprendizajes satisfactorios en Lengua y el 86% en Matemática. Argentinos por la Educación resume esta doble dificultad en un dato: solo 10 de cada 100 estudiantes llegan al final de la secundaria en tiempo y forma, sin repetir ni abandonar y con los aprendizajes esperados.

Entonces, necesitamos que más jóvenes puedan sostener sus trayectorias y terminar la secundaria, pero también que ese recorrido les permita aprender. Terminar la escuela tiene que significar contar con herramientas para continuar estudiando, incorporarse al mundo laboral y participar plenamente de la vida social.

Esta discusión cobra especial relevancia esta semana, en el marco del Coloquio de IDEA, que reúne en Mar del Plata a referentes empresariales, políticos, académicos y sociales para pensar las condiciones que necesita la Argentina para los próximos veinte años. La educación, el empleo y las transformaciones del mundo del trabajo forman parte de esa conversación: el desarrollo productivo y los cambios tecnológicos están directamente ligados a los conocimientos y capacidades de las nuevas generaciones.

Celu escuelas

Asociación Conciencia y Argentinos por la Educación vienen impulsando esta conversación a través del Acuerdo por la Educación, construido junto con especialistas, referentes y organizaciones de distintos sectores. En 2026, esa agenda pone entre sus prioridades la recuperación de los aprendizajes fundamentales, un desafío que entendemos estrechamente ligado al acompañamiento de las trayectorias educativas.

Aprendizajes y trayectorias forman parte del mismo desafío: para aprender hay que permanecer en la escuela, y sostener una trayectoria también requiere que esa experiencia tenga sentido y produzca aprendizajes. Herramientas como las tutorías, los sistemas de alerta temprana y la tecnología pueden ayudar a detectar dificultades a tiempo y ofrecer acompañamientos más personalizados.

Sin embargo, será el fortalecimiento de las capacidades profesionales de los docentes y de los equipos escolares el factor central para la mejora en las trayectorias educativas de los estudiantes. Esto supone, necesariamente, mejorar el clima laboral, tanto dentro como fuera del aula; garantizar condiciones adecuadas de infraestructura y la disponibilidad de los materiales necesarios para el trabajo pedagógico; y, sobre todo, recuperar el poder adquisitivo de los salarios, que acumulan largos años de deterioro.

Por último, experiencias recientes como el Plan Nacional de Alfabetización -una política acordada entre Nación y las 24 jurisdicciones para priorizar la enseñanza de la lectura y la escritura, especialmente en los primeros años de escolaridad- muestran que cuando existe un acuerdo en torno a objetivos prioritarios es posible establecer metas comunes, orientar las políticas provinciales y articular esfuerzos y recursos entre los distintos niveles del Estado.

A veinte años de la sanción de la Ley de Educación Nacional, la pregunta sobre para qué sirve la escuela vuelve a estar sobre la mesa y la respuesta escrita en la ley sigue siendo vigente. El desafío está en achicar la distancia entre esa promesa y la experiencia concreta de cada estudiante: que terminar la secundaria implique haber aprendido y contar con herramientas para elegir qué hacer después.

*Director Ejecutivo de Asociación Conciencia.