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Pasión, disciplina y resiliencia: la historia de la soprano Natalia Córdoba

Residente desde hace dos años en Mar del Plata, la artista presentará este domingo su "Serata Lírica" en la Villa Victoria Ocampo, antes de viajar a Sicilia para participar en el prestigioso Festival de Alcamo.

Arte y Espectáculos 25 de abril de 2026

Precisa, técnica, enfocada, profunda, meticulosa. La cantante lírica Natalia Córdoba le imprime cuotas parejas de disciplina y pasión a todo lo que hace. Sea en su perfil artístico, sea en su costado empresarial –gestiona una academia artística con sedes en distintas ciudades–, va a fondo.

Ser “cantante de ópera”, como se le dice popularmente a la profesión, no fue su primer sueño de niña. Un grave problema de salud, que la llevó a estar al borde de la vida y la muerte a los 12 años, la alejó del deporte, su primera pasión. Esa puerta se cerró, pero le abrió otra, según sus propias palabras: el canto, la música, a lo que se aferró con la misma pasión y disciplina que le había dado al handball, sumando una cuota de resiliencia.

Así inició un camino que, desde el punto de vista artístico la llevó, inicialmente, por el canto popular: “Yo era jugadora de handball. A los 12 años me operaron de la columna. En la operación tuve un paro cardíaco y fuera de la operación, por exceso de morfina, tuve otro. Tuve que volver a aprender a caminar, a escribir, a hacer cosas que cualquier chico de esa edad ya está haciendo normalmente. En ese momento esa puerta del deporte se cerró, pero se abrió otra maravillosa que fue la música. Arranqué a los 13 años con clases de canto y de ahí no paré un segundo. No arranqué como cantante lírica, sino que estudiaba técnica lírica y, a la par, cantaba popular porque tenía la herida en la columna, me costaba respirar, caminar. A lo largo de los años, fui diciendo quiero ir por más y eso me hizo convertirme en cantante lírica”.


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“Cuando pasamos problemas de salud muy delicados y que vos un día sabés que te despertás y al otro día no sabés si te vas a despertar, ya valorás y vivís de otra forma y eso cambia mucho la visión de la vida”

 


Hoy Natalia Córdoba es una profesional consolidada, que tiene un equipo de trabajo que la ayuda a desarrollar todos los aspectos de la disciplina, dado que decidió participar de certámenes del género, además de delinear diferentes tipos de espectáculos y llevar adelante su labor empresaria y docente.

Esa dedicación fue la que la llevó a ser la ganadora de Argentina del concurso “Vinceró”, que le dio la posibilidad de obtener la plaza latinoamericana para el festival de Alcamo (Palermo, Italia).

“En la final de Vinceró, me tocó ‘La Musetta’, que era la pieza que yo quería. Canto primera y no lo podía creer cuando dijeron los premios. Ahí informaron que el primer puesto era ir a Italia, a defender el primer puesto argentino y no solo eso, sino que un mes después me entero que había ganado el primer puesto latinoamericano también”, contó la artista.

El Festival de Alcamo se realizará del 8 al 10 de mayo próximo y allí estará Natalia Córdoba, quien ya presentó su programa de obras a desarrollar en las distintas instancias de semifinal –y probablemente final también– no solo ante un prestigioso jurado, sino ante un amplio público.

Antes de enfrentarse a este nuevo reto en su trayectoria artística, la cantante se presentará este domingo, a las 19.30, en la Villa Victoria Ocampo, con su propuesta “Serata lírica”, en una versión diferente de la que ofreció durante la temporada de verano, en los jardines y con orquesta.

En esta oportunidad, será en el interior, en un formato más íntimo, junto al pianista Daniel Cerini y al violinista Ignacio Pastorino.

“Va a ser hermoso este concierto, un agradecimiento a esta ciudad maravillosa de la que soy parte desde hace dos años y para ponerle un moñito a esta etapa”, analizó Córdoba.

“Soy inconformista y lo agradezco porque me hace crecer”

En una extensa charla con LA CAPITAL, Córdoba compartió cómo son sus días de trabajo y perfeccionamiento, cómo formó un equipo que la asesora y acompaña y cómo se planta ante los nuevos desafíos. “Soy inconformista y lo agradezco porque me hace crecer”, se definió.

 


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“Un día ensayaste el ritmo, otro día ensayaste la melodía, otro día ensayaste a capella, otro día te pusiste con el acompañamiento orquestal o del piano, otro día investigás la historia del personaje y otro día te toca leer la ópera completa. Y así es, sumergirte y empaparte de eso: es mucho más que abrir la boca y cantar” 

 


 

—El desafío, la técnica, el estudio, la preparación corporal, la interpretación. ¿Tiene un montón de detalles el canto lírico que tenés que tener en cuenta?

—Un montón. Porque muchas veces no es solamente trabajar técnica vocal con tu maestro, también es irte armando de a poco un equipo. Hoy en día le agradezco mucho a un equipazo que tengo atrás: mi maestro que es argentino y vive en Barcelona, mi maestra argentina, la ‘régisseur’ que me acompaña, una repertorista, mi fonoaudiólogo, otorrinolaringólogo que me atiende siempre. Entre todos te van llevando, porque siempre digo, un artista integral no es solamente una voz divina, porque si no seríamos solo Spotify. Somos muchas cosas y creo que esa es la magia, ir construyéndose rodeada de gente que te acompaña. El equipo comparte la visión. ¿Adónde quiero ir? ¿Cuál es mi próximo objetivo? Ellos te van orientando. La idea es, siempre, irse construyendo un poco más de la mano de gente que acompaña.

—¿Serán objetivos personales, técnicos, hasta dónde llegar, hasta dónde bajar o también objetivos en cuanto a llegada, obras a interpretar?

—Hay objetivos de todo. De lograr X rol, de pisar X escenario, de plantearse hacer tantos concursos, tales audiciones, hay temporadas de audiciones, tenés que estar atento a las que son en Argentina, pero a su vez a la temporada europea. Estar preparado para todo, tener videos armados. Después también hay objetivos técnicos, lograr estas notas, lograr esta capacidad aérea, lograr estudiar tanta cantidad de horas, y eso está buenísimo. Es la formación, la capacitación. El desafío es constante, siempre va a haber un rol, un repertorio, integrar algún staff, siempre hay algo más, siempre hay algo nuevo. Y, a medida que uno va avanzando, va desbloqueando niveles, hacer alianzas también con orquestas, siempre ir por más. Pero tiene que ver mucho con la personalidad de cada uno. Yo soy una inconformista terrible, y agradezco esa inconformidad, porque es la que me hace crecer.

—En ese camino, ¿buscás distintas maneras de transmitir, no solo en conciertos, sino como docente todo lo que vas aprendiendo?

—Sí, ese inconformismo hizo que, como está esa creencia limitante que dice que si sos artista y no la pegás, te morís de hambre y la escuché bastante en mi vida, me llevara decir: también quiero ser empresaria. Me crié con un padre empresario, con una madre docente, y supe agarrar lo mejor de cada uno y unirlo. A los 17 años creé una academia en la casa de mis padres, en alianza con algunas otras academias, pero siempre bajo mi marca, hasta que hace ya ocho años abrí mi primer local a la calle. Y ese inconformismo también va ahí y se lo paso a los profesores, a mis estudiantes, a quienes les digo vayan por más, hagan exámenes, postulen, preparen nuevas obras. Todo lo que aprendo y lo que puedo pasar, y que a mí me llega, esa luz que digo, verterla, que no muera en uno, porque sería muy egoísta.

—¿Es algo también del equipo y de la sinergia, que te viene del espíritu deportivo, que de alguna manera lo seguís canalizando?

—Sí y también otra cosa que siempre me quedó es la disciplina, la constancia y que no importa que tengas un día malo, un día bueno, un día que no llegaste a hacer todo como querías, no abandones. Esa parte deportiva, sí, la sigo manteniendo mucho, fue una parte muy muy positiva de mi vida, que la supe rescatar. Pero también creo que cuando pasamos problemas de salud muy delicados y que vos un día sabés que te despertás y al otro día no sabés si te vas a despertar, ya valorás y vivís de otra forma y eso cambia mucho la visión de la vida. Esto del equipo, el liderazgo y valorar las pequeñas cosas de la vida ya te hacen cambiar tu perspectiva y lo llevo a todo: a la parte empresarial, a mi parte espiritual de vida, pero también lo llevo a mi parte artística, porque creo que cuanto más crecemos como personas, eso más hace que crezca todo en tu vida.

—¿Cómo elegís qué presentar al público? ¿Qué ópera hacer?

—En eso me dejo llevar mucho por la intuición. Uno de mis primeros conciertos que saqué se llamaba “Canciones argentinas” y se me ocurrió estando fuera del país y extrañando el país literalmente. Estaba en Roma, tomándome un café a las 5 de la mañana y diciendo “debuté en Europa, canté y logré un montón de cosas, recorrí un montón de países estudiando y aprendiendo música, ¿qué es lo que sigue?”. Porque cuando lográs un objetivo, cuando llegás, te encontrás con un vacío. Ese vacío se llenó con “Canciones argentinas”. Ahí empecé a recorrer el país en profundidad, recolectando canciones partituras, buscando, explorando, hablando con la gente, con los conservatorios y descubriéndome a mí también a través de esas obras. Y fue maravilloso, grabamos un disco, una productora nos grabó un concierto entero.

—Y después llegó “Serata lírica”…

—Sí, porque dije: yo soy descendiente de italianos, ¿cuántos argentinos somos descendientes? Todos sacamos la ciudadanía, está buenísimo, pero ¿por qué no honrar ese linaje? Que no solo es comer pasta los domingos al mediodía, sino también escuchar esa música, nutrirse de que se dice y ahí dije, quiero desbloquear otro nivel, que no sean las canciones que escuchamos siempre que están hasta enviciadas. ¿Por qué no poner una o dos de esas canciones y empezar a demostrarle al público que hay mucha más riqueza en la ópera? Además, mi tipo de voz no puede hacer las obras que son más conocidas. Entonces, quise acercar al público esas arias y decirle, mirá, esto también existe, esta riqueza también está y va mucho más allá. “Serata lírica” fue eso, decir: miren esto, también existe, también es divertido, también es lindo y espero que les guste.

—En Mar del Plata presentaste “Serata lírica” este verano y lo vas a volver a presentar.

—La primera función la hicimos con orquesta en vivo en los jardines de la Villa Victoria el 26 de febrero y ahora hacemos el domingo 26, adentro, en la casa y cambia mucho. Vamos con algo distinto, va a estar el piano de cola, violinista en vivo, ellos también traen sus obras para que se muestren. Me gusta que se muestren solos y también obras nuevas. Me gusta desafiarme.

—¿Este concierto va a funcionar como una especie de despedida y agradecimiento antes de viajar a la competencia de Alcamo, a la que accediste tras ganar el certamen Vinceró?

—Realmente, fue una manifestación. Siempre lo digo: desealo, desealo, desealo y luego, en un momento, el universo te va a decir bueno, me cansé de escucharte, que te lo voy a dar. Venía queriendo volver a cantar en Europa. Y son cosas que no se muestran, que son mucho del ámbito interno de los que nos dedicamos a competir. La primera instancia siempre es mandar un video en donde vos sacas tu mejor carta, se filma con un pianista. Me presenté en el 2023 al certamen Vinceró. Me acuerdo que estaba en medio de esta investigación, por irme a Jujuy, lo grabé, lo envié. Me llamaron que había pasado la primera instancia, me hacen mandar un segundo video, me aceptan y me llaman y me dicen “tenés que venir a la final”. No podía porque estaba en Bariloche, quedó en la nada, me perdí una oportunidad pero yo también estaba desarrollando un concierto precioso que me venía encantando. En 2024 me llega el mail de la convocatoria, no me postulé porque me había dado vergüenza, quedé mal. Y el año pasado me habla el organizador y me dice “vos tenés una serie final pendiente, la tenés que hacer”. Casualmente, la final era en Cariló, yo ya estaba viviendo en Mar del Plata. Fui, pasé a la semifinal y al otro día, en la final, cinco minutos antes nos dan el papelito que decía qué nos tocaba cantar. Me tocó “La Musetta”, que era la que yo quería, canto primera y no lo podía creer, cuando dicen los premios, soy primer puesto. Ahí informan que el primer puesto era ir a Italia, a defender el primer puesto argentino y no solo eso, sino que había pasado la instancia de competir con otros países de Latinoamérica. Un mes después me entero que había ganado el primer puesto latinoamericano también.

—No solo vas a Alcamo representando a la Argentina, sino a toda Latinoamérica.

—Sí, el festival de Alcamo. Alcamo pertenece a Palermo y me voy a encontrar con otros semifinalistas de Japón, China, Canadá, Estados Unidos, Europa. Ya estoy contenta por haber llegado al lugar. Esta carrera que estoy corriendo, y que el equipo que me acompaña también está corriendo, yo creo que ya está ganada solamente por el desafío y por todo lo que uno va aprendiendo en el camino. Sí, tener el premio es hermoso pero el éxito creo que es todo lo que está atrás, que es ese desafío que tenés cada día de cada ensayo.

—¿Podés viajar con tu equipo o te presentás con músicos del festival?

—Ese es el segundo desafío que tenemos, que tengo, porque no, todo mi equipo queda acá. El único que se podría acercar es mi maestro de Barcelona, pero justo está con muchas clases en Roma, así que todos van a estar en forma virtual a disposición de lo que necesite. Son unos genios. Y el pianista es de allá. Es un desafío en todos los aspectos porque no tenés comodidad en nada, estás fuera de tu país, estás con otras horas de sueño, llegás con pocas horas de sueño que es un montón el ‘jet lag’, te encontrás con otro pianista, te tenés que acoplar ahí en el momento. Y también los nervios de que no es un certamen donde solo está el jurado enfrente, sino que hay público. Entonces, es toda una incomodidad, pero yo creo que es esa incomodidad la que nos hace crecer y por eso la busco también.

Se cantan dos arias en italiano en la semifinal y otras dos en la final. Se van coordinando según la dificultad, qué es lo que vamos mostrando, hay toda una estrategia atrás, que se arma. Son arias algunas complejas, otras de un poco más de disfrute, pero en donde en algunas mostramos esto que es más de la parte corporal y en otras se busca mostrar la agilidad de la voz y todo lo que uno ya trae.

—¿Vos vas preparada con todo el repertorio posible y dentro de ese repertorio te toca lo que te toca?

—Cada concierto es distinto. El argentino fue así: esto es lo que hay, cantá esto y después esto. Para Alcamo nos hicieron poner un orden y el orden no se puede cambiar. Decidimos las arias en enero, y lo que pusimos en planilla y en los programas y es lo que el jurado tiene y es lo que espera.

—¿Cómo es la preparación para llegar a ese día? ¿Seguís ensayando, practicás todos los días para encontrarle matices?

—Es dura, ahí está la parte deportiva. Muchos cantantes, hay días que se relajan. Yo, al contrario, vocalizo todos los días a veces ensayo uno, dos, tres turnos por día porque en el medio me doy descansos. Cada día se ensaya algo distinto. Por ejemplo, un día ensayás específicamente una obra y, va a parecer chistoso, ensayás una frase y la repetís 40 veces hasta que eso que estás diciendo en italiano sea parte tuya, parte de tu cuerpo y que también diga perfectamente todo lo que aclara la partitura, si tiene intensidad, si está a tiempo. El otro día tuve un ensayo de ‘bel canto’ y estuvimos toda una mañana con la ‘régisseur’ y la repertorista y era pasar un pedacito de la obra y construir el personaje. Ellas me hablaban y después volvía y así estuvimos… y me decís, pero ¿no cantaste el aria entera? No, y volvés a tu casa y es repasar partecita por partecita. Por ahí es un tilde lo que te corrigieron, por ahí es que no podés respirar en una parte. Es muy meticulosa la ópera, más en las competencias y atrás hay un jurado excelente a nivel mundial que me va a evaluar, entonces es todo muy a lo obsesivo, te tenés que acostumbrar a eso. Un día ensayaste el ritmo, otro día ensayaste la melodía, otro día ensayaste a capella, otro día te pusiste con el acompañamiento orquestal o del piano, otro día investigás la historia del personaje que te toca interpretar y otro día te toca leer la ópera completa o ver la ópera completa. Y así es, sumergirte y empaparte de eso: es mucho más que abrir la boca y cantar y decir melodías perfectas y encuadrar con un pianista. Todos los días es ese desafío distinto y lo voy organizando en base a lo que el equipo dice. Hay semanas que, por ciclo normal de la mujer, tengo que irme regulando, comer más esto, mejorar la dieta. Son muchos factores de hábitos que se van haciendo mi rutina. Y, por otro lado, te lleva a a organizarte, a que tenés que siempre mantenerte firme, no importa lo que pase, no importa si estás bien, si estás estás mal, si estás cansado. Tomate un descanso, pero seguí, nunca frenes.