La Capital - Logo

× El País El Mundo Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
Policiales 16 de marzo de 2019

Peritos complicaron a Sasso por la velocidad y el alcohol

Para los peritos, la conducción a alta velocidad de Sasso -y no el estado del asfalto- produjo el siniestro que terminó con la vida de Lucía Bernaola. El defensor calificó esas conclusiones de inconsistentes.

Dos peritos especializados en accidentología y en mecánica del automóvil brindaron testimonios que acentuaron aspectos incriminatorios contra Federico Sasso, en una nueva audiencia que se le sigue por haber atropellado y dado muerte a la adolescente Lucía Bernaola (14).

Además, en la sala del Tribunal Oral N°1 de esta ciudad, una médica de policía encargada de examinar a Sasso en la mañana del 4 de junio de 2017 aseguró que le sintió olor etílico y estimó un nivel de intoxicación de 1,1 alcohol en sangre, retrotraído al momento del siniestro.

Los jueces Facundo Gómez Urso, Pablo Viñas y Juan Manuel Sueyro (en reemplazo de Aldo Carnevale, de licencia) cerraron la primera semana de juicio y se aguarda para el lunes, en el reinicio, la declaración de los últimos testigos antes de dar paso a los alegatos de las partes.

La audiencia tuvo un intenso esfuerzo de los distintos intereses que se enfrentan en el juicio. Por un lado los fiscales Pablo Cistoldi y Rodolfo Moure, conjuntamente con los abogados Maximiliano Orsini (por la madre de Lucía), Marcelo Savioli Coll (por el padre) y Mauricio Varela (por los heridos), buscaron probar que Sasso conducía a alta velocidad, alcoholizado y que el fatal despiste en la zona de Cabo Corrientes fue por su imprudencia y manejo temerario.

En tanto, el defensor Facundo Capparelli luchó por desactivar todas las apreciaciones de los peritos o al menos relativizarlas.

Lo más relevante es que no pudo establecerse la velocidad a la que circulaba el Renault Clío de Sasso en la madrugada del 4 de junio. Ni siquiera pudo usarse el video captado por la cámara de un hotel en el que se observa la embestida contra los jóvenes que caminaban en el paseo costero. Pero el perito accidentológico dijo que el despiste en esa curva no se puede producir a menos de 78 kilómetros por hora.

Para determinar cuál es la máxima velocidad permitida se toma la ley nacional de tránsito, que indica que en toda avenida es de 60 kilómetros por hora, salvo en las intersecciones sin semáforo. Allí desciende la máxima a 30. Esta diferencia es vital porque para que halla un agravante por exceso de velocidad tiene que haber más de 30 kilómetros.

Al respecto, el perito fue consultado sobre si en su opinión se podía producir un despiste por transitar sobre una alcantarilla (argumento usado por Sasso en su declaración), fue determinante y dijo que no.

Para Capparelli estas declaraciones no fueron consistentes y como muestra de ello atacó la aseveración del perito sobre las condiciones “normales” de adherencia al presentar un reporte meteorológico que indicaba que esa madrugada la humedad era del 97%.

Respecto al automóvil, el perito mecánico confirmó que estaba modificado y que la caja de cambios trabada en la quinta marcha tras el impacto solo podía quedar así si el auto iba a alta velocidad.

Para Moure, que el auto estuviera preparado demuestra que Sasso tenía una afición a la velocidad y que modificó la gravedad del auto lo que lo hizo bajar de adelante y dejar la suspensión trasera más alta. “Esto provoca que el auto se vaya de cola, tal como sucedió”, especuló.

Finalmente, la médica de policía que atendió a Sasso a las 9.15 del 4 de junio, es decir a menos de 6 horas del siniestro, dijo que tenía aliento etílico. Aunque ante la pregunta de Capparelli admitió que no podía decir cuál era el grado de intoxicación de Sasso en el momento del choque, dijo que cuando ella lo vio tenía al menos 0.5 de alcohol en sangre.

Si ese índice decrece de a 10 décimas por hora, según estimación científica, se puede inferir que Sasso habría tenido aproximadamente 1,10 a las 3 de la mañana. Este dato es importante porque el defensor ya adelantó que iba a considerar nula la prueba de alcoholemia hecha a Sasso con una pipeta (no con extracción de sangre), la que dio un registro de 1,25.