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La Ciudad 6 de febrero de 2026

Pesca en el Paseo Dávila: deporte, terapia y pasión detrás de las cañas

La actividad se posiciona como un pasatiempo de todo el año, pero estalla en verano por cuestiones climáticas. Pescadores cuentan sus experiencias.

El azul del mar se une con el horizonte en una combinación de tonalidades que funcionan como un imán para la vista, despejando cualquier preocupación de quienes se dejan estar mientras, de reojo, chequean algún movimiento mínimo de la caña de pescar.

Es que, entre muchas otras actividades lúdicas que ofrece la ciudad, la pesca deportiva regala un escenario ideal para quienes disfrutan del deporte-terapia, ya sea desde la arena misma, alguna de las escolleras o los “points pesqueros” como el del Paseo Dávila, a la altura de los molinos de viento.

Con un clima ideal —promediando los 22°, cielo despejado y viento apenas perceptible del este— Julián coloca la caña en el orificio especial que tienen los bancos de cemento pegados al murallón y disfruta de la vista. “Pesco desde los 6 años por mi papá. Él ya no está, pero yo sigo en su honor. Igual, puedo decir que me contagió la pasión”, le cuenta a LA CAPITAL. Aunque el joven suele recorrer otros lugares de la costa marplatense para despuntar el “vicio” —como la escollera Norte, la de Cabo Corrientes o Luna Azul, cerca de Camet— asegura que ese lugar es uno de los preferidos. “Es cómodo, me queda cerca y hay pesca variada”, describe.

Con la variedad se refiere a bagres, corvinas o incluso pejerrey. “El pejerrey sale más cerca de la escollera”, aclara y señala a la de Punta Iglesias, que se erige metros antes del Muelle de los Pescadores. Aunque asegura que prefiere “venir a la noche”, explica que “de madrugada hay más pique”.

A pocas rocas de distancia, Sergio prepara la carnada para comenzar con la faena “Son camarones, cortados bien chiquitos”, explica. Y, enseguida, agrega: “Hace poco que empecé, hará unos dos años, y me enganché”.
Mientras los molinos multicolores circulan a media velocidad impulsados por el viento, el hombre se aquerenció con ese lugar debido a que le queda cerca. “Puedo venir a cualquier hora cuando tengo un rato. Aunque te podés quedar horas, es como un efecto hipnótico que te genera”, dice.

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A pesar del poco tiempo que lleva en la pesca deportiva, Sergio cuenta: “Acá sale de todo, desde besugo hasta brótolas, también alguna corvina”. Y detalla que las piezas después son cocinadas para comer con amigos. “Si son chiquitas, como por ahí las pescadillas, las devuelvo”, reconoce.

Antigüedad

Jorge elige la escollera de Punta Iglesia o preferentemente las rocas del Paseo Dávila. “Acá tengo que venir los días como hoy, que está tranquilo, porque si la marea está alta te puede tirar”, detalla el hombre que dice pescar “desde siempre”. A pesar de llevar una gorra celeste hasta las orejas, la cercanía con el mar lo deja “marrón caribe todo el año”, se ríe y las marcas blancas se le notan alrededor de los ojos.

“Acá vengo todo el año, generalmente solo, porque a ninguno de mis hijos le gusta la pesca. Y tengo tres. Algunas tardes me acompaña mi mujer, que ceba mate, pero en general la pesca es de hombres”, sentencia.
Marcos ocupa uno de los bancos de cemento del Paseo Dávila y tiene su caña colocada en el orificio del asiento, que permite observar el mar con las manos libres. “Me gusta aunque la descubrí hace poco, menos de un año, por un amigo”, cuenta sobre su nueva “pasión”. “La verdad que te engancha y acá sale de todo. La otra noche vinimos con un amigo y sacamos una corvina como de tres kilos. Después la liquidamos”, se ríe.

En cuanto a la carnada, detalla que compra calamar o anchoa y lo corta y especifica que su caña nueva está fabricada en base a grafito y kevlar. “Es medio pelo, pero para lo que sale acá sirve”, explica. En cuanto al equipamiento, asevera: “Una caña más o menos, como la mía, puede costar entre 140 y 150 mil pesos, pero hay otras que pueden llegar al medio palo. Después tenés las tanzas de distintas variedades y los reeles”.

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Gustavo se describe como un pescador “de todo el año” y, a su entender, “hay mejor pique de noche”. “Pero ahora te fijás en Google el tema de las mareas y vas adaptando los horarios”, dice. En su haber salieron “besugo, brótola, corvina, pesca variada”, aunque aclara que “hay veces que estás cuatro o cinco horas y no sacás nada”. “También tiene que ver la suerte”, explica.

Ya sea como terapia, deporte o pasatiempo, la pesca gana adeptos a todo horario.