Opinión

¿Por qué preocupa el trigo tolerante a la sequía?

Por Federico Weyland

Hace pocas semanas se anunció la aprobación en Argentina de un trigo transgénico tolerante a la sequía y resistente al herbicida glufosinato de amonio, denominado HB4. Este desarrollo fue liderado por la Dra. Raquel Chan, de la Universidad Nacional del Litoral, en asociación con la empresa Bioceres. Llevó varios años y fue celebrado por gobiernos de distinta orientación política basándose en varios argumentos.

El primero es que permitiría hacer frente a eventos producidos por el cambio climático global, que reducen la productividad de los cultivos. Además, contribuye a aumentar la producción de alimentos para una población mundial creciente. Argentina ha asumido históricamente este rol y actualmente planea llevar su producción de granos a 200 millones de toneladas anuales para el 2030. Como resultado, se generarían las necesarias divisas para nuestro país. Finalmente, y no menos importante, el desarrollo fue conducido por investigadores nacionales, siendo motivo de orgullo para nuestro sistema científico nacional.

A pesar de estos argumentos a favor, la noticia de la aprobación del trigo transgénico trajo preocupación a muchos integrantes de la comunidad científica y de organizaciones civiles. Incluso se ha presentado un recurso de amparo para prohibir su cultivo en la provincia de Buenos Aires. Existen numerosas razones para esta preocupación, de carácter racional y científico, asi como éticas y políticas, que desarrollaré muy brevemente a continuación.

¿Qué consecuencias ambientales tiene un trigo tolerante a sequía? No hay motivos para creer que el trigo HB4 será cultivado solamente en zonas húmedas para hacer frente a eventos extraordinarios de sequía. La consecuencia previsible es un avance de la frontera agrícola hacia regiones sub húmedas, con consecuencias socio-ambientales mayormente negativas. El Chaco Americano es una región de altísimo valor ecológico y cultural y viene sufriendo una gran transformación por el avance de la agricultura. Como consecuencia, se pierde biodiversidad y se erosionan los suelos. Actualmente, el único freno al desmonte y la expansión de la frontera agrícola. Este evento romperá esa frontera y la extenderá hacia zonas donde hasta hoy sería poco viable.

El trigo HB4 tiene resistencia también al herbicida glufosinato de amonio. Este agroquímico es cien veces más tóxico que el glifosato. Hay sobrada evidencia sobre los impactos negativos del uso del glifosato en términos ambientales y sociales, generando pérdida de biodiversidad, contaminación de cuerpos de agua y, en el mediano plazo, aparición de resistencia en las malezas. El glufosinato de amonio seguirá el mismo camino pero con consecuencias seguramente mucho mayores, debido a que se aplicará sobre un cultivo que se destina al consumo directo de los humanos.

¿Necesitamos producir más alimentos? Se insiste en que la principal vía de satisfacer una demanda creciente de alimentos es la de aumentar su producción. Sin embargo, aspectos de tipo político y cultural como distribución, precios y especulación financiera son también una parte significativa del problema y, por lo tanto, de la solución.

Argentina produce alimentos para diez veces su población, y aun así mantiene preocupantes niveles de subnutrición.

La pérdida de alimentos llega al 14% en promedio global según datos de la FAO. A eso se suma el desperdicio por parte de los consumidores debido a una incorrecto almacenamiento y conservación o, incluso, a descartar alimentos por cuestiones estéticas. Esta cifra completa lleva hasta un 30% los alimentos que que se producen pero no se consumen. La reducción de pérdidas y desperdicios de alimentos es unos de los Objetivos del Desarrollo Sustentable que tal vez no estemos abordando con suficiente énfasis.

Entonces, ¿por qué se sigue insistiendo en la necesidad de producir más alimentos? Una de las razones es que actualmente son un commodity y su producción está sujeta a los vaivenes de la especulación financiera e inmobiliaria. El énfasis puesto en el rendimiento como indicador principal de éxito económico es fogoneado por empresas semilleras, de servicios y algunos científicos, quienes enfocan su esfuerzo en desarrollar tecnologías comercializables. Por eso, las empresas de biotecnología agrícola juegan fuerte para imponer un sistema productivo basado en insumos externos que favorece sus intereses. No es misterio para nadie su lobby para orientar las políticas públicas en su favor, tal como vimos con la presión que ejercieron para modificar la ley de semillas en Argentina hace pocos años.

¿Qué rol para la Argentina y sus investigadores? No podemos negar la necesidad de producir divisas para un país con una economía con recurrentes crisis. Pero esa necesidad no puede justificar la profundización de modelos con consecuencias ambientales y sociales negativas ampliamente demostradas.

Se celebra el evento del trigo HB4 por ser un patentamiento nacional. Entonces surge la pregunta: ¿Frente al capitalismo de empresas multinacionales extranjeras es una solución oponer un capitalismo nacionalista? ¿Las empresas argentinas son intrínsecamente más sensibles socialmente? ¿En qué posición nos pone como país y como desarrolladores de tecnología frente a sus usuarios? Es decir, ¿incidiremos sobre las políticas públicas de otros paises en favor nuestro perjudicando a sus agricultures? ¿Qué responsabilidad tendremos sobre los efectos ambientales?

Por eso, no nos puede poner orgullosos el desarrollo del trigo HB4 solo por ser hecho en nuestro país. Tenemos la capacidad intelectual de hacer desarrollos científicos y tecnológicos sobresalientes. Nuestra historia así lo demuestra. Lo que debemos mejorar es nuestra capacidad como sociedad y comunidad científica de discutir y decidir qué desarrollos queremos, para quién los queremos.

¿Hay alternativas? Tenemos la posibilidad de ser creativos e innovadores nutriéndonos de conocimientos y experiencias de diversos actores sociales. La intensificación de la biotecnología agrícola no es de ningún modo la única opción que tenemos para producir nuestros alimentos.

Las propuestas de la agroecología, por ejemplo, combinan un manejo con reducción de insumos externos, aprovechamiento de procesos ecológicos y el objetivo de asegurar la soberanía alimentaria de los pueblos. Las prácticas agroecológicas están siendo adoptadas por un creciente número de productores. A sus considerables beneficios ambientales y sociales se suman los económicos, ya que una agricultura basada en un menor uso de insumos redunda en mayores márgenes de ganancia. Por supuesto, los modelos basados en tecnologías de procesos tienen numerosos desafíos aun no resueltos. El esfuerzo de investigadores en conjunto con la experiencia de los agricultores podrá ayudar a resolverlos.

Para poder pensar en soluciones al hambre en el mundo, la economía de nuestro país y los problemas ambientales es necesario reorientar el debate. Es hora de dejar de enfatizar sobre la necesidad de producir más y enfocar el esfuerzo en producir mejor: social, ambiental y económicamente. En este sentido, la solución surgirá de un diálogo entre todos los actores sociales involucrados: productores de distinto tipo, pobladores rurales, consumidores y científicos de distintas disciplinas. El trigo HB4 no parece orientarse en tal sentido.

 

El autor es investigador CONICET – UNMdP.

 

Te puede interesar

Cargando...
Cargando...
Cargando...