Opinión

Qué nos dicen los números de la temporada sobre el futuro de Mar del Plata

Por Juan Manuel Cheppi

Mar del Plata atraviesa una temporada turística preocupante. No se trata de una percepción ni de una lectura aislada: los datos disponibles confirman un escenario que merece ser analizado con responsabilidad. Sin dramatismos, pero también con sinceridad.

Según cifras oficiales del INDEC, la ciudad registró en 2025 la peor estadía promedio desde que se mide este indicador, con apenas 3,5 noches por turista. La caída de pernoctaciones y de ocupación hotelera no es un fenómeno exclusivo de nuestra ciudad, pero impacta de lleno en una economía local que depende, en gran parte, del turismo y del comercio asociado a esa actividad. En la primera quincena de enero, la ocupación hotelera estuvo entre el 60 % y el 65 %, lejos de los niveles históricos esperados.

Otros indicadores ayudan a dimensionar el momento que atraviesa la temporada: durante la primera quincena, el alquiler de carpas en Punta Mogotes estuvo un 20 % por debajo de lo registrado el año pasado, y según cifras —aún provisorias— del EMTURYC, entre el 1 de diciembre de 2025 y el 15 de enero de 2026 Mar del Plata recibió 1.399.007 visitantes, un 4,6 % menos que en el mismo período de la temporada 2024/2025.

Estos números exponen una realidad que no puede ni debe ser ocultada. Cuando señalamos que la temporada no es buena y ponemos los datos sobre la mesa, no lo hacemos para atacar a nadie ni para hablar mal de la ciudad. Muy por el contrario, entendemos que el silencio, la negación o la minimización del problema solo contribuyen a profundizarlo. Llama la atención que, frente a indicadores tan claros, sean tan pocas las voces dispuestas a dar este debate con honestidad.

El contexto económico nacional explica buena parte de esta situación. La política económica vigente impacta de lleno en el turismo interno: menos ingresos disponibles implican menos días de descanso, menos consumo y estadías más cortas. Mar del Plata no es la causa de este escenario: es una de sus principales víctimas. Los datos de operaciones con Cuenta DNI, que muestran una fuerte retracción del gasto turístico, refuerzan esta realidad.

Hablar de turismo en Mar del Plata implica hablar de una ciudad que cuenta con más de 300.000 camas turísticas, cuya ocupación o desocupación tiene un impacto directo en todos los sectores: hotelería, gastronomía, comercio, transporte, servicios y empleo. Ninguna estrategia puede pensarse sin dimensionar correctamente esa escala ni sin comprender que el problema trasciende a un solo rubro.

A este contexto se suma un escenario de competitividad regional desfavorable. Mientras Argentina carece de políticas nacionales activas de estímulo al turismo interno y enfrenta restricciones cambiarias, países vecinos como Brasil muestran un crecimiento sostenido en la llegada de visitantes. En este marco, el Fondo de Promoción Turística debe ser un eje central de la discusión. Es un fondo sostenido por todos los sectores y que requiere una revisión profunda, con criterios claros y absoluta transparencia en su uso, para que esté verdaderamente al servicio de una estrategia que permita a Mar del Plata competir en igualdad de condiciones con otros destinos.

Mar del Plata tiene fortalezas indiscutibles: una oferta gastronómica que hoy se ubica entre las mejores del país, servicios de calidad y una diversidad de actividades que otros destinos no poseen. Sin embargo, el turismo juvenil, aunque valioso y dinámico, no alcanza por sí solo para sostener la estructura turística de la ciudad. Necesitamos volver a pensar a Mar del Plata como un destino para toda la familia, con propuestas accesibles y sostenidas en el tiempo.

Frente a este escenario, la respuesta no puede ser individual ni fragmentada. Es un problema colectivo que debemos abordar con responsabilidad, incorporando a los trabajadores, a los prestadores turísticos, al comercio y al sector público.

Mar del Plata tiene potencial por el talento y la creatividad de sus comerciantes y empresarios, y por su historia y capacidad para reinventarse. Pero para que eso ocurra necesitamos acuerdos, miradas compartidas y una agenda común que ponga a la ciudad en el centro. Pensar la temporada no es solo analizar cifras: es pensar el trabajo, el desarrollo y el futuro de quienes vivimos todo el año en nuestra ciudad.

Cuando los desafíos son grandes, las soluciones también tienen que serlo. Y esas soluciones, necesariamente, se construyen entre todos.

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