Arte y Espectáculos

“Quinta terapia”, un filme que se gestó bajo el impulso de Facebook

Un camino de expiación, un testimonio verídico sobre lo que significa ser adicto en Odessa, contado por Stas Dombrovski, el protagonista, aparece en “Quinta terapia“, de la directora de cine ucraniana Alisa Pavlovskaya. La producción independiente se proyectó ayer en la competencia internacional y generó buenas repercusiones, a pesar del relato profundamente duro de sus personajes.

Ejemplo de la retroalimentación entre el cine y las redes sociales, “Quinta terapia” -segunda película de esta cineasta- se financió a través de los aportes económicos que hicieron los contactos de Facebook de la directora. Y su puntapié inicial también estuvo vinculado a esa red social: los posteos biográficos de Stas inspiraron sobremanera a Pavlovskaya.

Es que Stas es un escritor con tintes existencialistas, y es también un sobreviviente de los ácidos, de la calle, de la cárcel, del VIH, de los demonios y de él mismo. Y esa carga de experiencias que están al borde de la vida y muy cerca de la muerte las vuelca en su propio muro.

“Esta historia no es sobre drogas, es una película sobre la recomendación de la importancia de amarse a sí mismo y de desparramar ese amor en todas partes”, dijo Stas a los marplatenses a través de Facebook, un mensaje que la cineasta leyó antes de que comenzara la proyección en la sala Astor Piazzolla del Auditorium.

“Fuerza interior”, destacó Pavlovskaya de la personalidad de Stas. Una pulsión que permitió que no engrosara la lista de personas jóvenes muertas por sobredosis o por causas asociadas: VIH, hepatitis, alcoholismo u otras enfermedades.

“El talento como escritor y la fuerza interior de Stas le permitieron no rendirse frente a la situación que lo rodeaba”, comentó la cineasta y recordó que demoró un año el rodaje del filme porque sabía que al momento de conocer a Stas todavía permanecía bajo la influencia de los ácidos.

“Quiero ser un ser humano” es el grito desesperado del protagonista, que recorre las vías del tren de su ciudad buscando no sentirse una víctima. Ni la cárcel, ni la celda de aislamiento, ni el pabellón de moribundos en el que lo depositan, ni los fantasmas que se le presentan le sacan las ganas de escribir. Y lo hace en libretas, cuadernos y hasta en papel higiénico.

“Quinta terapia”, título del libro que escribe, es el modo en que llaman al sector de la cárcel de Odessa destinado a los sidosos moribundos. Acaso un lugar parecido al infierno, acaso el sitio necesario que debe conocer Stas para limpiar sus culpas y reinventarse, un paso que sólo ocurrirá a partir de que el protagonista haga un pacto con sí mismo.

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