Un grupo de actores y actrices vive la clausura del teatro en el que trabajan. Ese hecho despierta el conflicto de la obra, que publicó Tato Pavlovsky hace varias décadas, sin embargo "parece escrita hoy", dijo el actor. Se presenta este martes y miércoles en la sala Payró.
El universo de Eduardo “Tato” Pavlovsky retoma nueva fuerza en la versión de “Rojos globos rojos”, el espectáculo teatral que se presentará este martes y miércoles en la sala Roberto Payró del Teatro Auditorium, a partir de las 21.
El actor Raúl Rizzo y las actrices Gabriela Perera y Marta Igarza cuentan la historia de un grupo de artistas que vive la clausura del teatro en el que trabajan. Con dirección de Christian Forteza, la pieza también supone “una sumatoria” de otros emblemáticos textos de Pavlovsky, un dramaturgo que, en su obra, supo exponer ciertas claves del presente argentino.
Las actrices de la obra: Gabriela Perera y Marta Igarza.
“Rojos globos rojos” incluye “materiales de obras como ‘La muerte de Marguerite Duras’, ‘Potestad’ y ‘Desde la lona’, un poco de cada cosa. De alguna manera confirma lo que se dice, que los autores escriben siempre sobre la misma cosa pero desde distintos lugares”, observó el actor Raúl Rizzo, quien interpreta El Cardenal, el personaje masculino de la obra.
En una entrevista con LA CAPITAL, el experimentado actor observó que eso que da vueltas en torno a las obsesiones de Pavlovsky es nada menos que la cuestión existencial. “Tato, es evidente, tenía una riqueza enorme en todas sus miradas. Esto queda demostrado en Rojos globos rojos, en donde indaga a partir del disparador, que son los actores y actrices de un pequeño teatrito que vienen a clausurar. Eso dispara todas las miradas en el personaje del Cardenal, que de alguna manera me parece a mí es el alter ego de Pavlovsky”, explicó.
Con momentos de humor y cinismo, la obra desparrama temas vinculados al existir en un mundo cada vez más complejo. “Indaga sobre la vida, la existencia, la política, la muerte, el amor, el dolor, la decrepitud, la vejez, el sueño de encontrar un mundo feliz para cada uno de los que habitan este planeta”. Esos dilemas aparecen “con mucha altura y mucha poética”, detalló.
La historia de Rizzo con este texto se remonta a hace varias décadas, cuando fue espectador del espectáculo que, entonces, llevaba adelante el mismo Tato. “Cuando salí del teatro dijo ‘cómo me encantaría hacer este personaje…’. Bueno, pasó el tiempo y se dio. Acá estoy, una vez más en Mar del Plata.”
Desde hace dos años es parte de este elenco. Funciones en el Centro Cultural de la Cooperación, en Capital Federal, y giras organizadas por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires en diversas salas bonaereneses comprueban la vigencia de la obra.
“Es un placer tratar de vincular al público (con el texto del autor), porque se van a encontrar con un material que parece escrito hoy y sin embargo fue escrito hace 40 años”, expresó.
-Tal como plantea la obra, hace 40 años también la cultura parecía estar en crisis: un teatro cierra sus puertas y de ese hecho deviene el conflicto de la obra.
-Sí, estaba en crisis, sin ninguna duda. Yo creo que el teatro y la cultura estuvieron siempre en crisis en países como el nuestro. Nunca hubo una cosa de bonanza para este sector. Siempre fue un sector que resistió, que duraba. La obra se pregunta ¿por qué? y deja interrogantes. De alguna manera una de las funciones del arte es indagar. Hoy en día tenemos un embate muy grande de parte del Estado contra la cultura, en lo audiovisual, atacan la Ley Nacional de Teatro, atacan al Incaa. Hoy más que nunca estamos en una batalla cultural, estamos librando una batalla cultural y qué mejor que Tato. Uno es un intermediario entre el público y lo que Tato escribió. Estoy enormemente satisfecho.