Opinión

Reforma laboral y batalla cultural: variaciones sobre un tema repetido

Por Juan Carlos Schmid

“No había nacido esclavo, pero la esclavitud se le aparecía como un estado natura, por una deformación antropológica creada por el sistema de poder imperante”. Fermín Chávez.

El capital suele nutrirse de los estados de ánimo de la población para hacer política. De este modo, apela al malestar para poder conformar un entramado de concepciones que le permita invertir el sentido de la valoración social sobre la organización de la sociedad.

En Argentina la historia no se repite, es un continuo devenir de un mismo proceso que oscila entre la crisis persistente y escasos momentos de bienestar, efectivamente, esto permite instalar nociones materiales que violentan el horizonte socio-cultural; así la población, hastiada y acorralada por situaciones límites, opte por asumir un rol pasivo adoptando al caos como solución.

La resultante de este proceso es un profundo retroceso que permite deformar tanto el devenir histórico, como vaciar de sentido el presente e invertir la carga de proyección hacia el futuro.

Milei es el síntoma de este deterioro, pero no se puede negar que opera como agente del capital y como tal, su misión es reproducir la lógica que éste ha impuesto en nuestro país desde la conformación del Estado Nación. Por eso, en vísperas del cierre de año, le regaló a los miembros de su Gabinete el libro Defender lo Indefendible, de Walter Block. El texto fue publicado originalmente en 1976, se reditó en 2018. La fecha para nuestro país es altamente significativa. Sin embargo lo más atroz es su contenido y su naturalización.

Entonces, no es casual que las normativas que impulsa del oficialismo, carezcan de sentido Constitucional –como el DNU que reforma la estructura de la SIDE que le permite vulnerar derechos elementales de la vida democrática- carezcan de sentido moral. De allí se desprende la mentada reforma laboral, mal llamada modernización laboral.

La trama de fondo que promueve tiene como sustento el desequilibrio entre capital y trabajo, en detrimento, obviamente, de este último se pretende instalar en el debate público que la normativa no agrede derechos adquiridos. Quedó claro que su contenido opera en el sentido contrario como se evidencia en cada uno de sus postulados. Ninguna reforma laboral puede garantizar los derechos del trabajador, si este no tiene poder para influir en las decisiones que otros toman sobre su vida.

Descomponer las relaciones laborales no generará más empleo. La reducción del trabajo a la servidumbre no ha funcionado en ningún lugar del planeta, lo que aporta es mayor caos y sustenta un engranaje de negocios que permite que la extracción de la riqueza que producen los trabajadores se concentre en lugar de distribuirla mejor.

Tal como ocurrió con Menem, de la Rúa y Macri, el Gobierno decide gobernar dándole la espalda al pueblo, acatando los lineamientos del Fondo Monetario Internacional que busca cobrar la deuda a como dé lugar, el oficialismo acuña el ajuste sobre las jubilaciones y le añade un componente que radicaliza su posición: la represión. De este modo, los jubilados vuelven a cargar en sus espaldas el peso de la irresponsabilidad política que se apropia de algo que no le pertenece para ofrendárselo al poder económico.

Pese a ello los jubilados persisten. Reflejan el país de carne y hueso, el del sudor y las lágrimas, el que trae consigo las correntadas populares cargadas de esperanza renovadas. El eslabón más noble de nuestra sociedad, que enarbola banderas que otros han bajado, con el tiempo a acuestas, sus pasos lentos, sus zapatos gastados de tanto reclamo continúan la marcha sin resignación: no se dejan robar la dignidad.

La violencia no es solo un recurso del régimen, es una parte constitutiva de su “racionalidad”. Su proyecto civilizatorio no se restringe al uso circunstancial de la represión, es parte integral del mismo como sostenimiento del caos más que del disciplinamiento social. En 1995, Víctor Choque fue asesinado por la policía y el sistema político y económico en la Patagonia. El policía que efectuó el disparo en medio de una manifestación obrera contra los despidos fue detenido. Los autores intelectuales del crimen no pagaron.

No es casualidad entonces, que el 12 de marzo de 2025, Pablo Grillo fuera atacado por las fuerzas represivas del gobierno libertario. El fotoperiodista cubría la represión contra la masiva movilización en defensa de los jubilados cuando fue alcanzado por un proyectil que lanzó el gendarme, Pablo Jesús Guerrero. A Grillo lo vimos caer. Con él caímos un poco nosotros también. Todavía pelea por recuperar su vida. Su situación sirve para ilustrar la vida de millones de personas. La violencia nos amenaza al mismo tiempo, que pregona el desaliento.

El signo de la injusticia social es la muerte. Por eso Milei no dudó en ofrendar a los discípulos de la oligarquía, un libro cuyo autor no reconoce la moral, la ética ni la vida.

El Papa Francisco supo desentrañar con elocuente precisión la trama de la condición actual:

“Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que niegan el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas”.

Hay quienes han olvidado, lo que afirmó el Papa de los Pobres: “La política es una de las formas más altas de la caridad, del amor”. La política del descarte, del empobrecimiento, promueve la banca rota de la humanidad.

Se hace necesario pensar la relación democracia-pueblo y como este interviene más allá del voto porque de a poco, sin darnos cuenta, nuestro país se fue convirtiendo en el lugar de las ilusiones perdidas.__IP__

Así como los jubilados nos devuelven el aliento y nos empujan a no dejarnos robar la dignidad, las organizaciones sindicales y sociales, los humildes de la Patria, aún creemos que existe un país que merece ser vivido, donde los sueños no son tirados en el basurero de la historia.

Para eso no hay que perder de vista que la lucha que nos involucra es también cultural. El gobierno ya ha desnudado su naturaleza antiobrera. Resta saber si contará con la complicidad de los legisladores y legisladoras.

(*): Secretario General de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT). Especial para NA.

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