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Enlace Universitario 14 de enero de 2026

Roller Derby: el deporte que nació para incluir y en Mar Del Plata lucha por existir

Por Priscila Nuñez para el #MediaLab de Portal Universidad

En la ciudad hay una disciplina de contacto que se juega sobre patines, en una pista oval y con cascos llenos de stickers. Tiene Selección Argentina clasificada a mundiales y ligas reconocidas por la federación internacional. Sin embargo, en la localidad del Patinódromo y los campeones de patín carrera, casi nadie sabe que existe.

En la ciudad que vio nacer campeonas mundiales de patín carrera, referentes del artístico, talentos olímpicos del skate y generaciones enteras de deportistas sobre ruedas, hay un deporte que nunca logró obtener un lugar: el Roller Derby.

La paradoja es evidente: con el Patinódromo “Adalberto Lugea” como símbolo nacional y una Confederación Argentina de Patinaje (CAP) que regula patín artístico, carrera, skate y otras disciplinas urbanas, el Roller Derby jamás fue incorporado al mapa institucional del deporte local. Ni aparece en las categorías oficiales de la CAP, ni figura en los programas municipales de deportes alternativos, ni es reconocido como disciplina en los clubes de la ciudad.

En 2022, incluso, el bloque Fuerza Patria presentó el Proyecto de Declaración 18.445-D-22 en el Honorable Concejo Deliberante de General Pueyrredón que buscaba declarar de interés municipal a los “deportes alternativos y no convencionales” con perspectiva de género. Allí se mencionaban parkour, slackline, skate y hasta ultimate frisbee. Pero no el Roller Derby. Algo similar ocurrió con la Ordenanza 8.594, sancionada en 2021 para facilitar el uso de polideportivos a colectivos juveniles y espacios vinculados a la diversidad. Si bien podría aplicarse al Roller Derby, ningún antecedente indica que haya sido utilizado para solicitar o garantizar espacios de entrenamiento. En los registros públicos, el Roller Derby no aparece. Según Noelia Valdéz “Layil”, pionera de éste deporte a nivel local, esa omisión no es casual: “Siempre presentamos propuestas, nunca fuimos a pedir por pedir… pero si no te reconocen como deporte, es difícil que te abran las puertas” comentó. 

Esa exclusión ayuda a explicar por qué, en la ciudad con trayectoria en disciplinas sobre ruedas, un deporte tan reglado, físico y exigente sigue siendo prácticamente desconocido. Pero antes de entender su historia local, vale aclarar de qué se trata.

Qué es el Roller Derby

Pocas personas podrían explicar con claridad cómo funciona el roller derby si solo lo observaran sin conocimientos. De lejos, parece apenas un grupo de patinadoras girando en un óvalo. De cerca, es otra cosa: un deporte de contacto, velocidad y estrategia que exige tanto técnica como lectura táctica. Pero para entenderlo, hay que empezar por la base.

             Infografía – Posiciones de salida en un jam

El juego transcurre en una pista ovalada donde dos equipos compiten en lapsos breves llamados jams (se pronuncia “yams”). Cada partido tiene dos tiempos de treinta minutos, y cada uno se divide en jams de hasta dos minutos. En cada jam ingresan cinco jugadoras por equipo: cuatro bloqueadoras y una jammer, fácilmente reconocible por la estrella en su casco. El jam comienza cuando el head referee (la autoridad principal) toca el silbato, y a partir de allí empieza a correr el tiempo, las jammers patinan hacia adelante queriendo pasar a las bloqueadoras, y éstas resisten.

La lógica para sumar puntos es simple de describir pero difícil de ejecutar a esa velocidad: la jammer anota cada vez que logra superar legalmente al grupo de bloqueadoras rivales. Por cada jugadora que deja atrás, suma un punto. La cantidad de puntos totales que puede hacer dependerá de cuántas vueltas a la pista complete, siempre superando a las bloqueadoras, hasta que se cumplan los dos minutos del jam o la lead jammer (la primera jammer en atravesar el paquete de bloqueadoras contrarias) decida cortar el juego. Esa posibilidad de llamar el final del jam es una herramienta táctica para evitar que la jammer contraria empiece a sumar puntos.

    Captura de pantalla de transmisión de Roller Derby, Gotham vs Texas

Pero el roller derby no solo se juega con velocidad: también se arbitra con precisión. Un partido puede tener entre seis y diez referees en pista, diferenciados por camisetas de rayas blancas y negras, cada uno con funciones específicas: controlar líneas, observar bloqueos legales o ilegales, sancionar cortes de pista, vigilar las curvas internas o monitorear los contactos en el paquete de bloqueadoras. Lo que para la vista inexperta es un caos, para el staff arbitral es un sistema de control minucioso que permite que un deporte de contacto se mantenga seguro y justo.

Las penalidades forman parte esencial del juego. Cuando una jugadora comete una infracción, por ejemplo: un bloqueo por detrás, usar brazos o codos de forma ilegal, cortar pista, obstrucciones indebidas, entre otras faltas frecuentes, los referees la sancionan con treinta segundos fuera de la pista. Ese tiempo lo cumple en la penalty box, un área designada fuera del juego donde el equipo queda momentáneamente con una jugadora menos. Como en cualquier deporte dinámico, jugar en inferioridad numérica puede cambiar un jam entero: abrir espacios, desarmar defensas o permitir a la jammer rival sumar puntos con mayor facilidad.

Para competir oficialmente, cada equipo debe contar con al menos ocho jugadoras, aunque lo ideal es tener planteles más amplios para rotar posiciones y compensar el desgaste físico. A diferencia de otros deportes sobre ruedas, el roller derby no impone categorías estrictas por edad, talla o tipo de cuerpo. La técnica, la estrategia y el rol que se ocupa dentro de la pista pesan más que cualquier estereotipo atlético. Esa combinación convierte

al Roller Derby en un deporte profundamente inclusivo, en el que la diversidad no es decorativa sino estructural. Como lo describe Layil “Es un deporte intergeneracional, diverso y atemporal”.

Derbyname y equipamiento: una cuestión de actitud

Dentro de éste deporte hay un detalle que dice mucho más de lo que aparenta: el derby name. Cada jugador/a elige un apodo o alter ego que lo representa en la pista, una identidad deportiva que suele condensar humor, fuerza, ironía o algo de la historia personal que trae consigo. No es una extravagancia: es un código cultural que atraviesa al deporte desde sus inicios contraculturales y que funciona como un modo de nombrarse y plantarse en un espacio exigente.

      Formaciones con Derbynames’s de los equipos marplatenses, Rebeldes de Asfalto y MDQuenns,                                                 enfrentados en un partido el 18 de mayo de 2019

El derby name también tiene una dimensión simbólica. Para muchos jugadores y jugadoras, entrar a la pista con ese nombre es asumir una versión más segura o más valiente de sí mismos. Layil lo resume así: “El derby name te permite ser quien todavía no te animabas a ser afuera. No es una máscara: es una construcción.” En un deporte donde conviven trayectorias distintas, cuerpos distintos y experiencias diversas, esa libertad de nombrarse es parte esencial de su ADN.

Esta identidad se vuelve visible cuando los jugadores entran a la pista con su camiseta oficial. Cada uniforme lleva impreso el derby name y su número de jugador que se utiliza en las planillas, en las transmisiones y en la comunicación arbitral durante un partido. En Roller Derby, la camiseta no es solo indumentaria: es pertenencia.

Y como se trata de un deporte de contacto, cada jugadora debe llevar un equipamiento de protección obligatorio. El kit completo incluye casco, rodilleras, coderas y muñequeras diseñadas específicamente para absorber impactos; protector bucal, indispensable para evitar lesiones en boca y mandíbula; y los característicos quad skates, los patines de cuatro ruedas paralelas que permiten frenar, girar y bloquear con precisión. Sin este equipo no se puede entrar a la pista, y su calidad suele marcar la diferencia en seguridad y rendimiento.

De los años 1930 al 1970: un poco de historia

El Roller Derby nació en Estados Unidos en los años 30 como una carrera de resistencia que luego incorporó espectáculo y contacto. Al principio, era una competencia de varios días y solo participaban varones.

Luego un manager, Leo Selzer, decidió involucrar a mujeres y realizó cambios, introduciendo el rol de pivot (jugador que puede intercambiar posición con el jammer). Los equipos tenían rosters masculinos y femeninos, y ambos competían para el mismo equipo y liga, sumando puntos al mismo partido. Esto fue innovador en un momento en que a las mujeres no se les daba espacio en los deportes. Este manager también le dio una connotación de espectáculo, lo que generó un gran auge y la gente pagaba por ir a verlo.

    Collage de imágenes públicas por Revista LIFE en 1948

En los 70, en pleno auge televisivo, se convirtió en un deporte donde convivíeron diversidad corporal, velocidad y choque, algo disruptivo para la época.

En los 2000, grupos feministas de Texas recuperaron el deporte y lo transformaron en lo que hoy conocemos: una disciplina inclusiva, autogestiva y urbana, con reglas claras, arbitraje especializado y presencia en más de 40 países.

De Hollywood a Parque Chacabuco: así llegó el Roller Derby a Argentina

El roller Derby desembarcó en Argentina alrededor de 2010, impulsado en parte por el impacto cultural de Whip It (2009), la película dirigida por Drew Barrymore que, aunque mostraba una versión romantizada y bastante distinta del deporte real, despertó curiosidad en miles de personas. Ese estreno entre otros eventos aislados, funcionó como puerta de entrada y motivó los primeros encuentros informales en la Ciudad de Buenos Aires.

A partir de allí surgieron grupos incipientes organizados: Psyco Rollers 2×4 Roller Derby (equipo actualmente vigente), que dieron forma a una escena emergente mezclada con contracultura, estética DIY (Do It Yourself, hacelo vos mismo) y una fuerte impronta feminista. Desde ese núcleo inicial el deporte comenzó a expandirse hacia otras provincias, generando equipos autogestivos que se multiplicaron sin estructura federativa pero con la claridad de que estaban construyendo algo nuevo.

Este año la Selección Argentina participó de la Roller Derby World Cup en Innsbruck, Austria, donde avanzó del octavo al sexto puesto del ranking mundial. Fué un logro impactante para un deporte sin federación nacional, financiado por sus propias jugadoras y sostenido por voluntad colectiva.

     Roller Derby World Cup, final del partido Argentina VS Inglaterra, en junio 2025

A nivel interno, ArgenChamps busca ordenar competencias, recategorizar equipos y dar cohesión a un mapa que crece, aunque lentamente, en Neuquén, Córdoba, Río Negro, Santa Fe y Buenos Aires. Maia Brunori “Chucky”, jammer marplatense y jugadora del único equipo de la ciudad tuvo la posibilidad de participar en este campeonato sumándose al equipo Huiñas Roller Derby de Bariloche “Fueron unos partidos super peleados, jugadoras de un montón de lugares distintos que la verdad que la rompieron, equipos que súper crecieron, fue una experiencia increíble. Ahí vimos lo que es jugar en una categoría un poco más avanzada, un nivel más alto y fue todo un desafío, la verdad, pero fue hermoso”.

 Maia Brunori “Chucky” disputando un jam para el equipo Huiñas de Bariloche,                                                      Argenchamps 2025

Sin embargo, el Roller Derby argentino tiene un problema que lo atraviesa desde hace años: sus mejores jugadoras suelen emigrar. Varias referentes, incluso una marplatense, hoy compiten en ligas de Texas o Nueva York, donde el deporte cuenta con infraestructura, entrenamiento profesional y reconocimiento. En Argentina, esas jugadoras brillan, pero el país no logra retenerlas. “Nunca terminamos de subir la vara acá porque exportamos a las mejores”, resume Layil.

La necesidad de federalización es evidente, pero faltan estructura, tiempos, recursos y un marco oficial que acompañe ese crecimiento. En consecuencia de esto, el deporte en Argentina solo se “regula” por la Women’s Flat Track Derby Association (WFTDA), una asociación amateur, autogestiva con sede en EEUU y por la Men’s Roller Derby Association (MRDA). Layil critica que la WFTDA hace y deshace reglas, y que estas reglas son impuestas por estadounidenses que siempre buscan la forma de “seguir siendo los primeros”, sin considerar el “esfuerzo sobrehumano” que hacen otros equipos para competir y adaptarse al reglamento.

Mar del Plata: donde el roller derby encontró impulso, resistencia… y un techo

Al mirar la historia del roller derby en Mar del Plata, la primera sensación es una mezcla de energía, impulso y obstinación. Todo empezó con una carpeta de presentación, un patinódromo gigante y una ciudad que, sin saberlo, estaba frente a un deporte que podía encajar perfectamente en su ADN deportivo. Pero nada fue tan lineal ni tan sencillo como parecía.

                                      Escudos de equipos marplatense de Roller Derby 2012 – 2025

La historia local comenzó en 2012, cuando MDQueens (el primer equipo marplatense) se formó con “lo que había”, Layil recuerda esa escena con tanta claridad que podría reconstruirla paso a paso. Una amiga de La Plata, Elisa, la invitó a probar “un deporte nuevo y re loco” que estaba creciendo allá y que en Mar del Plata estaban reclutando para formar un equipo. Le prestó los patines, la llevó tomada de la mano a la pista y ahí, junto a chicas que venían de otras disciplinas sobre ruedas, comenzó todo.

Ese primer equipo “Roller Derby Mar del Plata”, se transformó en MDQueens. La forma en que consiguieron el espacio parece sacada de una crónica de autogestión marplatense. Layil se acercó al patinódromo con una carpeta de presentación que había armado ella misma, sin saber bien a quién debía entregársela. Se cruzó con un técnico que tenía un pequeño box de mantenimiento de patines, le contó lo que querían hacer y escuchó la frase que les abrió la puerta: “Yo conozco a la presidenta, si querés te consigo una reunión”. No sabía que estaba hablándole al yerno de Claudia Rodríguez, referente principal de patín carrera. Así de accidental y así de directa fue la entrada del Roller Derby al templo del patín marplatense.

“Fui a la reunión con la intención de tener un diálogo ameno” recuerda Layil, “Fué todo muy orgánico, sin protocolo. Pero llevé la carpeta, llevé el proyecto y les mostré que era algo serio”. Al poco tiempo MDQueens ya entrenaba martes y jueves en el Patinódromo y los viernes alquilaba la cancha del Club Mar del Plata. Era, en sus palabras, “la época en que todo se hacía a pulmón, pero todo funcionaba”.

MDQueens junto a Claudia Alejandra Rodríguez, campeona de patín de carrera y entonces presidenta de la Asociación    Marplantese de Patín, 2013

La escena creció rápido y también se fragmentó con la misma rapidez. Hubo conflictos internos, desacuerdos en la conducción y decisiones que derivaron en nuevas formaciones: Por un lado,Cobra Quads y por el otro, MDQueens.

Sin embargo, en 2016 nació Rebeldes del Asfalto, equipo liderado por Layil y Camila, ex’s MDQueens, y en 2018 floreció la idea de una Liga Atlántica que uniera a Miramar, Necochea y Bahía Blanca para sostener planteles que, por momentos, no llegaban a completar las ocho jugadoras mínimas para competir. Se organizaron partidos masivos, clínicas, eventos y hasta un encuentro con la Selección Argentina en el patinódromo, que dejó a la propia Comisión Directiva sorprendida por el nivel de organización de un deporte que entonces casi nadie conocía.

 Primero DEMO de rRoller Derby en Mar Del Plata en el                 Patinódromo Municipal Adalerto Lugea en el año 2012

La ciudad, sin embargo, nunca abrazó la disciplina. Incluso cuando el Roller Derby crecía, las ordenanzas municipales declaron de interés a eventos de patín artístico, skate o carreras, pero nunca a un torneo o clínica de esta disciplina. Mar del Plata siguió siendo la “ciudad del patín”, pero el Roller Derby no estuvo contemplado dentro de lo que la ciudad considera patín. Pero el problema no es sólo normativo. También es deportivo. Y ahí el testimonio de Layil desnuda una verdad incómoda: “un entrenador de hockey que nos vió me dijo ‘Ustedes no tienen técnica’. Y tenía razón. No existe técnica específica de Roller Derby. Nos formamos copiando algo de patín artístico, carrera y hockey.”

La falta de entrenadores formados, de una escuela técnica y de una estructura que permita sostener progreso a largo plazo impacta en la calidad, en la continuidad y, sobre todo, en la seguridad: lesiones frecuentes, diferencias marcadas entre jugadoras e imposibilidad de consolidar equipos que crezcan temporada tras temporada. En este sentido, Maia Brunoni “Chucky”, jugadora del único equipo activo en la ciudad, nos compartió lo siguiente “No tenemos entrenador, somos nosotros mismos, hay algunos compañeros que quizás se ponen la camiseta de entrenadores y preparan entrenamientos y se ponen todo eso al hombro, pero la realidad es que no hay entrenador de Roller Derby y somos nosotros mismos organizándonos con todo.” y agregó “ahora por suerte tenemos el apoyo de un jugador profesional que estaba como en un receso hace bastante y está viniendo martes a entrenarnos y los jueves a entrenar con nosotros, eso nos sirve un montón”.

     Chucky como jammer invitada en el equipo “Huiñas”,                                                                  Argenchamps 2025

Otro detalle que explica por qué proyectos enteros se desarmaron en la ciudad. MDQueens, Cobra Quads y Rebeldes del Asfalto tuvieron momentos de esplendor y momentos caóticos: tensiones internas, falta de recambio y vínculos personales que complicaron la gestión como en todo grupo humano. A esto se le sumó la imposibilidad de sostener toda una estructura de forma autogestiva a través de rifas, colectas, eventos, “cuotas” de los propios miembros del equipo y sobre todo, ahorros. Cuando llegó la pandemia, todo quedó congelado.

Hoy, el único equipo local activo es Tormento Roller Derby. La frase “dónde hubo fuego, cenizas quedan” describe a la perfección cómo nació este equipo en 2025, así lo contó Chucky: “Después de la pandemia el último equipo que quedaba era Cobra Quads y se disolvió del todo. Así que una chica que era de MDQueens, empezó a subir historias a sus redes sociales, juntó personas, hizo completar formularios, etcétera, para ver quién se sumaba para armar un equipo nuevo”. Y continuó “Con un grupo de amigos quedamos ahí medio a la deriva sin equipo hacía ya rato así que decidimos unirnos. Creamos el equipo en marzo de éste año”.

El presente del roller derby en Mar del Plata también se explica en su escala: Tormento Roller Derby, funciona además como una especie de taller de iniciación. Chucky lo cuenta con crudeza y claridad: “El desafío actual es la falta de jugadoras, principalmente. Nosotras somos cinco o seis personas que por ahí ya hacemos derby y venimos de otros equipos, pero el resto son todas chicas nuevas. Algunas vienen de artístico, algunas no saben patinar y aprenden de cero”.

Ese recambio constante, sumado a la falta de difusión y apoyo institucional sostenido, vuelve muy difícil construir un plantel competitivo. La Asociación Marplatense de Patín (AMP) incorporó al Roller Derby dentro del área de deportes urbanos, pero la diferencia de visibilidad es abismal. En palabras de Chucky: “La verdad es que lo que más tiene visualización siempre es el patín artístico y el patín carrera. Yo creo que sí, un poco de falta de apoyo institucional y poca difusión son nuestros desafíos principales”.

             Integrantes de Tormento RD

Tormento, aun así, insiste. Recluta, forma, nivela y vuelve a empezar. Más allá de la falta de estructura y de las dificultades para sostener un equipo, lo que mantiene vivo al Roller Derby en Mar del Plata es su costado humano. Chucky lo explica con una sinceridad que le da dimensión a todo lo anterior: “Yo creo que sobre todo es la pasión por este deporte. Es un deporte súper exigente, que te tiene que gustar.” Para ella, y para muchas jugadoras, el derby no es solo una disciplina física sino un entorno. Un lugar donde se cuida la convivencia, donde se combate la violencia y donde cada persona encuentra un espacio: “Se generan ambientes super lindos, super amigables. Cada vez se está poniendo más estricta la cuestión del respeto: no se acepta nada de violencia, ni agresiones, ni maltrato. Es un ambiente cada vez más lindo y más amigable, y además de todo eso, la inclusión.”

Ese lugar seguro, es también una puerta de salida. Un punto de apoyo en momentos difíciles. Chucky lo dice de forma directa, sin dramatismo, pero con verdad: “Cada historia que escuchás es de personas que estaban pasando por una situación difícil. Encontrar el deporte fue como un cable a tierra. Me incluyo.” En un deporte que vive de la autogestión y de la persistencia, esa dimensión íntima es, probablemente, lo que lo mantiene en pie.

El del Roller Derby local es un presente que resiste, pero que también expone la precariedad con la que el deporte sobrevive en la ciudad. Y sin embargo (o justamente por eso) la historia de éste deporte en Mar del Plata es relevante. Porque muestra cómo puede crecer, apagarse y volver a encenderse una y otra vez, incluso sin apoyo oficial.

Y denota algo más profundo todavía: que la ciudad nunca rechazó al Roller Derby… simplemente nunca lo vió.

* Estudiantes del MediaLab, primer Laboratorio de Redacción para Medios Digitales. Se trata de un sistema experimental que consiste en el trabajo periodístico, de producción propia, que desarrollan alumnos del Seminario de Practicas Profesionales, correspondiente a la Tecnicatura de Periodismo Digital que se dicta en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.