El Kremlin intensificó los bloqueos y las restricciones a la red. Crece el uso de VPN entre los ciudadanos y aumentan las críticas internas al modelo de “internet soberano”.
MOSCU, Rusia.- El presidente ruso, Vladímir Putin, llega 20 años más tarde que la China comunista a la hora de censurar internet, por lo que se ve obligado a tomar medidas más radicales para garantizar el control absoluto de la red por medio de un nuevo telón de acero digital.
Mientras en el cortafuegos chino la introducción de palabras clave -Tiananmen, Tibet, Falun Gong o Taiwán- bloquea el sistema, en el GULAG que el Kremlin intenta construir en Rusia la táctica es de acoso y derribo, lo que ha provocado un brusco desplome de los índices de popularidad del líder ruso hasta los niveles previos a la guerra.
Paradójicamente, ni la campaña militar en Ucrania ni la subida de los precios habían causado tanto descontento como la ralentización de internet y el bloqueo de las redes sociales, que afecta desde hace meses a la práctica totalidad de los rusos, desde el campo a la ciudad, desde los nostálgicos de la URSS a los más jóvenes, de los más belicistas a los más pacifistas.
Esta guerra busca consumar la desconexión informativa, intelectual y tecnológica del mundo occidental, en lo que rusos y chinos llaman ‘el internet soberano’.
El GULAG digital
Putin, un hombre analógico sin teléfono móvil, ha colocado en unos pocos meses a Rusia en la cola de la lista de países por su libertad digital. Al mismo nivel que China, Irán o Pakistán, y sólo por delante de Corea del Norte, donde hay nulo acceso a la red.
Rusia suma actualmente cuatro puntos de cien posibles, en gran medida por los continuos cortes -una nueva ley permite interrumpir el internet móvil sin justificación-, no sólo en las regiones fronterizas con Ucrania, sino en las grandes ciudades. El último aviso tuvo lugar el viernes y afectó a varios barrios céntricos de la urbe de 13 millones de habitantes por presuntos motivos de seguridad.
Según el proyecto OONI, el bloqueo de Telegram, el principal medio de información y comunicación en Rusia, alcanzó a finales de esta semana el 95 %, más aún que en el caso de las redes de mensajería Signal o WhatsApp.
Los combates en Ucrania no llegan a todos los hogares, pero esta guerra alcanza los teléfonos y los ordenadores de todos los rusos. Según The New York Times, la mitad de las 50 webs más populares se quedarán fuera de las ‘listas blancas’ propuestas por el regulador ruso y filtradas por las fuerzas de seguridad.
Aunque es criticado tanto por los expertos como por militares, gobernadores y diputados, la alternativa oficial, MAX, alcanzó los 77,5 millones de usuarios en febrero, cada vez más cerca de los 95,7 millones de Telegram y los 80,3 millones de WhatsApp.
Con todo, para el ideólogo del imperialismo ruso, Alexandr Duguin, esto no es suficiente. Es necesario bloquear completamente la red hasta después del verano para que los rusos aprendan a disfrutar de una “vida auténtica”.
Dúrov llama a la resistencia
“¿Qué hacer?”, se preguntó Lenin. Ahora, el nuevo revolucionario es Pável Dúrov, el fundador de Telegram. Y, en respuesta a esa pregunta, llamó a los rusos a la resistencia digital.
“Bienvenidos de nuevo a la Resistencia Digital, hermanos y hermanas rusos. Toda la nación está movilizada para sortear estas absurdas restricciones. Miles de personas están creando VPN y proxies. Por nuestra parte, seguiremos adaptándonos para que el tráfico de Telegram sea más difícil de detectar y bloquear”, proclamó en su cuenta de la red de mensajería.
Los rusos no se han quedado de brazos cruzados. Las barricadas ahora son las redes VPN (Virtual Private Network), una excepcionalidad hace unos meses que ya emplean más de 50 millones de rusos, al igual que ocurre en Irán.
El Ministerio de Información Digital admitió abiertamente que está intentando ralentizar las VPN y, de hecho, ya restringido ya el acceso a cerca de medio millar de esos servicios y también ha eliminado del App Store en Rusia varias aplicaciones VPN que podrían permitir el acceso a recursos censurados.
Pese a que el Estado ha invertido cientos de millones de dólares en la censura digital, algunos populares servicios como PAPER consideran que el regulador ruso de las telecomunicaciones, Roskomnadzor, no ha logrado bloquear ni una sola red VPN que haya contrarrestado dichos bloqueos.
El propio Dúrov anunció el sábado la renovación de los protocolos de Telegram “para la lucha contra la censura” y llamó a los rusos a “hacer acopio de varias VPN”.
Además, según la prensa local, la realidad es que los especialistas en ciberseguridad han detectado más de 200 vulnerabilidades en MAX, por lo que los altos funcionarios y los directivos empresariales siguen sin confiar en el GULAG digital que propone Putin.
EFE.