Policiales

Secta yogui: el trauma de los hijos de Nicosia con un puma y un pony

Testimonios de víctimas ventilados en el Tribunal Federal dieron cuenta de horrores que vivieron al haber estado toda su vida en la secta liderada por el fallecido Eduardo Nicosia y la imputada Silvia Cristina Capossiello.

El Tribunal Oral Federal de Mar del Plata parece transformarse en una sala de exposición de horrores durante los testimonios de cada una de las víctimas de la secta yogui liderada por el fallecido Eduardo Nicosia, una organización que desde la década del setenta captó y acogió a personas en situación de vulnerabilidad con el fin de reducirlas a la servidumbre y explotarlas.

Los hijos de Nicosia que se reconocen como víctimas en la causa han relatado torturas, golpizas, y abusos que sufrieron durante toda su vida al estar en la secta liderada por su padre y por Silvia Cristina Capossiello.

Estos relatos mostraron a los jueces Roberto Falcone, Fernando Machado Pelloni y Nicolás Toselli el horror en primera persona: una de las hijas contaba cómo era abusada por Nicosia, uno de los hijos cómo fue torturado por su padre o alguno de sus seguidores y otro testimonio dio cuenta de la manera en que Capossiello les comunicaba a los niños cada vez que Nicosia embarazaba a una joven tras un nuevo abuso.

Si bien los testimonios fueron diferentes, pero complementarios, los hijos de Nicosia, una joven sentada en la sala del Tribunal y otro desde la embajada Argentina de Venezuela, coincidieron en destacar el trauma que les generó una situación que vivieron con un puma, un poni y su padre desnudo mientras tomaba vino.

El relato de las víctimas se remonta a finales de los ochenta, cuando la secta de Nicosia se había instalada en una casa quinta en Francisco Álvarez, del partido de Moreno.

El lugar se encontraba “en el medio de la nada” y Nicosia había mando a construir un muro perimetral de unos dos metros de altura. Allí, aislados, el líder de la secta tenía unos 30 perros que había amaestrado para defenderlo.

Las víctimas recordaron esos días con dolor y, a pesar de que fueron episodios que pasaron cuando eran niños, no se olvidaron de que en el patio había un puma atado, al que le tenían terror, y que su padre los obligaba a pasar por al lado para poder ir al baño. Cada vez que iban al baño, las víctimas dijeron que tenían terror de ser devorados por el puma.

En esa casa quinta, los niños tenían un poni con el que podían jugar. El animal hacia siempre una “gracia” corría por el pasto y saltaba al puma, que estaba echado y no llegaba a morderlo. Hasta que un día, el poni no logró saltar al peligroso felino y este lo atacó, lo mordió y lo dejó gravemente herido.

Siempre según el relato ventilado en el Tribunal, Nicosia se hizo presente junto a su fiel seguidor, el imputado Jesus Coronado Acurero, y al encontrar al poni agonizando le pegaron un disparo en la cabeza para matarlo.

Las víctimas mencionaron que Nicosia mandó a llamar a todos sus hijos. Se sacó la ropa y, desnudo, les dijo que la vida del poni ya no existía, que solo existía su alma y le entregó a su hijo mayor un cuchillo para que abriera al animal. Luego, ordenó a todos los niños, de entre 2 y 12 años, que metieran sus manos en el interior del caballo para extraer las balas.

Las víctimas dijeron que aún recuerdan la sensación, la sangre, los órganos del animal con el que jugaban y la mirada de satisfacción de su padre, de Nicosia, quien los observaba desnudo a unos metros.

“Es realmente terrible lo que exponen, un horror sin precedentes”, dijo una fuente judicial presente en cada una de las audiencias.

Ya han declarado todos los testigos presentados por el fiscal Juan Manuel Pettigiani y ahora resta que el lunes 28 declaren miembros de la secta que no se consideran víctimas y que, para la defensa, son vitales para su estrategia.

De no haber otros contratiempos, el lunes 4 de abril las partes estarán en condiciones de comenzar los alegatos.

Cabe recordar que tras la muerte del líder de la secta Eduardo Nicosia, quien falleció en enero del 2021 en el Penal de Ezeiza, y el psicólogo Fernando Ezequiel Velázquez, que murió a principios de marzo de este año también en el penal de Ezeiza, solo quedan tres imputados en el debate: Silvia Cristina Capossiello, quien era la esposa de Nicosia, Sinecio de Jesús Coronado Acurero y Luis Antonio Fanesi.

 

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