Sin Enduro de invierno por falta de fondos, el gol paraguayo con sabor marplatense y la polémica que crece en torno al Estadio
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“No hay plata”. Este año, el Enduro del Invierno no se hará. Después de tres ediciones que lograron instalar el espectáculo en el calendario turístico de Mar del Plata, la carrera quedó guardada en boxes. Y el motivo tiene una sola traducción posible: la plata no alcanza. La cuenta que circuló en los despachos municipales fue determinante. Organizar el evento demandaba unos 1.200 millones de pesos. De ese total, alrededor de 500 millones podían obtenerse a través de sponsors y aportes privados. El problema era el resto: unos 700 millones debían salir de las arcas municipales. Y ahí apareció la pregunta incómoda. ¿Vale la pena destinar semejante cifra a un evento, por exitoso que sea, en medio de un escenario económico complejo y con demandas cada vez mayores sobre el Estado local? La respuesta fue negativa. La explicación oficial se resume en una frase que se repite desde hace semanas en distintos despachos: “hay otras prioridades”. Una definición que nadie se esfuerza demasiado por esconder y que refleja el clima de época. En tiempos de ajuste, cada gasto debe defenderse. Y el Enduro, pese a su convocatoria masiva y su impacto turístico, perdió esa discusión.

No deja de ser una paradoja. El mismo municipio que acompañó y promovió el crecimiento del evento es ahora el que decide bajarse. No porque la carrera haya fracasado. Todo lo contrario. Las convocatorias fueron multitudinarias, los comerciantes celebraron cada edición y el espectáculo consiguió posicionarse rápidamente como uno de los grandes atractivos de la temporada baja. Pero una cosa son los beneficios y otra la factura. En el sector turístico hay quienes todavía hacen números sobre lo que dejará de ingresar la ciudad durante ese fin de semana. Hoteles, restaurantes y comercios recuerdan el movimiento que generaba el Enduro y lamentan la pérdida de una fecha que ayudaba a romper la quietud invernal. Del otro lado, en la comuna, sostienen que esos 700 millones pueden tener destinos más urgentes. Servicios urbanos, mantenimiento, asistencia social, seguridad o salud aparecen en la lista de prioridades.

La discusión, en el fondo, es política antes que deportiva. Se trata de definir qué está dispuesto a financiar el Estado y qué no. Qué gastos pueden sostenerse y cuáles quedan subordinados a una realidad fiscal cada vez más exigente. Por eso, más allá de las motos y los cuatriciclos, la suspensión del Enduro termina siendo una señal de algo más profundo. Muestra el cambio de clima que atraviesa a las administraciones públicas. La época de los grandes eventos financiados con recursos estatales parece haber entrado en revisión. Este invierno no habrá motores rugiendo frente al mar. Pero el mensaje que deja la decisión se escuchará bastante más lejos que el ruido de cualquier carrera. Porque cuando un gobierno decide resignar un evento exitoso para ahorrar 700 millones de pesos, lo que está diciendo es que la prioridad ya no es atraer aplausos, sino cuidar la caja. Y en política, pocas señales son tan elocuentes como esa.

El Mundial de fútbol todo lo atraviesa. Como en todo el país, la ciudad vibra con la “scaloneta”, con el extra de que una de las figuras del equipo, su arquero “Dibu” Martínez, es marplatense. Pero en la ciudad también se festejan con fuerza los goles de otras selecciones, como la de Paraguay. Porque el que anotó Matías Galarza Fonda hizo emocionar hasta las lágrimas a varios familiares del futbolista que viven en Mar del Plata. A los 64 segundos del partido entre Paraguay y Turquía, Matías Galarza Fonda sacó un zurdazo que se clavó junto al palo y escribió una página propia en el Mundial 2026. El volante paraguayo marcó el 1-0 de la Albirroja, un gol que no solo mantuvo con vida a su selección en la pelea por la clasificación, sino que además se convirtió en el más rápido del torneo hasta el momento. La escena tuvo repercusión en Paraguay, en River Plate —club dueño de su pase— y también en Mar del Plata. Acá viven su madre, Romina Fonda —viajó a Estados Unidos para el Mundial— y su abuelo materno “Yeyo”.

Nacido en Asunción el 11 de febrero de 2002, Galarza Fonda se formó en Olimpia, dio el salto muy joven al Vasco da Gama de Brasil y luego desarrolló una carrera que lo llevó a consolidarse en la selección paraguaya. En 2025 fue incorporado por River Plate. Frente a Turquía apareció cuando apenas se acomodaban los equipos. Recibió fuera del área y sacó un remate de zurda que sorprendió al arquero turco. Algunas crónicas lo describieron como un gol con reminiscencias del que Lionel Messi le marcó a México en Qatar 2022. La conquista tuvo un valor doble: le dio el triunfo a Paraguay y eliminó a Turquía del Mundial. El equipo de Gustavo Alfaro resistió durante casi todo el segundo tiempo con diez jugadores y terminó abrazado a ese gol tempranero de Galarza. Para los marplatenses vinculados a la familia, el festejo fue inevitable. No todos los días un futbolista con raíces familiares en la ciudad se convierte en protagonista de un Mundial. Mucho menos con un gol histórico, anotado antes de que el reloj cumpliera el primer minuto de juego.

En una ciudad acostumbrada a celebrar a sus deportistas, la madrugada dejó una postal singular: mientras Paraguay festejaba una victoria clave, en una casa de Mar del Plata un abuelo celebraba algo más íntimo. El momento en que Matías Galarza Fonda, el chico nacido en Asunción pero con parte de su historia familiar en la costa atlántica argentina, se metía en la historia de esta Copa del Mundo. En Paraguay todos hablan de Galarza Fonda en estas horas, y de un hecho en particular: en un vendaje en su mano derecha, se leía O.D.C. escrito con un fibrón. ¿El significado? Orden, disciplina y concentración, las tres palabras que le machaca constantemente su abuelo Yeyo desde Mar del Plata, a quien vio por última vez este verano cuando, como todos los años, eligió a la ciudad para recargar pilas. Matías y sus dos hermanos, también futbolistas, veranearon desde chicos en Mar del Plata, siempre junto a su madre Romina, una extenista enamorada de la ciudad. La carpa de La Perla siempre fue el refugio veraniego de la familia del hoy héroe paraguayo quien seguramente en aquellos años de pases y picaditos en la orilla del mar, jamás imaginó un presente como el que vive en estas horas.

Tras el espectacular triplete de Messi ante Argelia, y la victoria ante Austria, con otros dos tantos del capitán que le dieron el pase a la selección a la próxima instancia, volvió a encenderse la llama de la ilusión. En horas se dispararon las ventas de camisetas con el 10 en la espalda, mientras el mundo vuelve a marcar a la selección de Scaloni como una de las candidatas al título. Cábalas que renacen, y el ritual de encontrarse con familiares o amigos para ver a la albiceleste, lo que se reiterará el sábado a partir de las 23. En estas horas, se conoció el resultado de una encuesta realizada por Naranja X a propósito del Mundial y las reuniones para ver los partidos. A primera vista habla de picadas, delivery, promociones y transferencias entre amigos. En realidad, cuenta bastante sobre la relación que los argentinos mantienen con el dinero en tiempos de ajuste. El dato más llamativo es que el 57% vive el Mundial como una instancia comparable a las vacaciones o las fiestas. Es decir, como una excepción. Un período breve en el que las reglas habituales del presupuesto se flexibilizan. No porque sobren los recursos, sino porque hay consumos que la gente considera parte de una experiencia que vale la pena sostener. La encuesta muestra que el 62% admite tener un control de gastos flexible y que está dispuesto a correrse del plan original si aparece algo que considera importante. Dicho de otra manera: la racionalidad económica existe, pero convive con espacios donde prevalece la emoción.

Y ahí aparece otro fenómeno interesante. El gasto deja de ser individual para convertirse en colectivo. Más de la mitad de los consultados planea ver los partidos con familiares o amigos. La preocupación no pasa tanto por cuánto aporta cada uno, sino porque haya comida, bebida y pantalla lista cuando empieza el encuentro. Los números son reveladores. Más de la mitad compra primero y arregla después quién pone cuánto. Casi un tercio ni siquiera arma un presupuesto previo. Y cuando llega el momento de saldar cuentas, la transferencia posterior se convirtió en el gran ordenador social de las juntadas. La postal también habla de una Argentina que sigue buscando precios. El 68% considera importantes las promociones y beneficios, especialmente en supermercados y aplicaciones de delivery. No se trata de gastar sin mirar. Se trata de encontrar la manera de gastar menos para poder seguir participando. La política haría bien en prestar atención a estos comportamientos. Porque detrás de una picada para ver un partido aparece una realidad más profunda: aun en contextos de incertidumbre económica, las personas siguen reservando un espacio para aquello que consideran indispensable para su calidad de vida. A veces no es un electrodoméstico ni una inversión. A veces es simplemente una mesa rodeada de amigos, una pantalla encendida y noventa minutos para olvidarse de todo lo demás.

Y a propósito de fútbol, cuando parecía que el expediente del Minella había superado todas las estaciones, apareció una nueva curva en el recorrido administrativo. Y no fue una observación menor. El contador general del municipio, Guillermo Constanzo, dejó por escrito que antes de la firma del contrato de concesión debía acreditarse que los USD 40 millones comprometidos por el accionista mayoritario de Minella Stadium S.A. estuvieran efectivamente integrados al patrimonio de la empresa. No fue una sugerencia. Citó expresamente el pliego y recordó que los aportes irrevocables debían estar integrados antes de la suscripción del contrato. La observación cayó como una piedra en medio de un trámite que el Ejecutivo pretendía encaminar hacia la adjudicación definitiva. La respuesta llegó desde Legal y Técnica. Pero lejos de discutir el número o la existencia del aporte, el organismo eligió otro camino: sostuvo que la empresa había demostrado capacidad financiera suficiente por distintas vías y que, aun sin contabilizar esos USD 40 millones, dispondría de recursos para afrontar las obras comprometidas. Hoy la historia demuestra lo errado de esa aseveración.

La diferencia parece técnica, pero encierra una cuestión política de fondo. Mientras Contaduría puso la lupa sobre una condición específica del pliego, Legal y Técnica eligió mirar el cuadro general. Una dependencia pidió acreditar el ingreso efectivo de los fondos. La otra entendió que el proyecto podía seguir adelante aun sin esa verificación. El contexto tampoco ayuda a disipar las dudas. Desde la presentación inicial de la oferta hasta la actualidad, el esquema empresario sufrió modificaciones relevantes. En el camino aparecieron señales de dificultades financieras vinculadas a los socios brasileños del proyecto y terminará incorporándose el empresario Marcelo Figoli —estará en los próximos días en Mar del Plata—, uno de los principales jugadores de la industria del entretenimiento del país. Su desembarco es leído en distintos ámbitos como un fortalecimiento necesario de la estructura económica y comercial de la concesión.

Precisamente por eso la observación de Contaduría adquiere otra dimensión. Si la composición empresaria cambia y es necesario incorporar nuevos actores para reforzar el proyecto, la discusión sobre cuándo y cómo deben acreditarse los fondos comprometidos deja de ser una cuestión burocrática para convertirse en un aspecto central de la viabilidad del negocio. No es la única promesa del expediente que merece una segunda lectura. Entre los compromisos asumidos por los futuros concesionarios aparece la realización de 30 recitales anuales en el estadio. Traducido al calendario, implica un espectáculo masivo cada 15 días durante todo el año. La comparación con algunos de los escenarios más importantes del país ayuda a ponerla en perspectiva. River, convertido en los últimos años en la principal plaza para recitales multitudinarios de la Argentina, realizó alrededor de doce shows durante el último año. Vélez, otro de los estadios elegidos por las grandes productoras, rondó los quince. La comparación no busca descalificar el proyecto, pero sí aportar una referencia concreta. Si los estadios más demandados del país no alcanzan esa frecuencia, surge una pregunta inevitable: ¿sobre qué estudios de mercado y proyecciones de demanda se construyó la expectativa de 30 recitales anuales en Mar del Plata?

Quizás allí aparezca el verdadero punto de contacto entre los recitales y los USD 40 millones. En ambos casos, la discusión no gira alrededor de la voluntad de hacer. Gira alrededor de algo más simple: la necesidad de distinguir entre lo posible y lo probable. Porque los expedientes administrativos pueden sostenerse con dictámenes. Pero los números, tarde o temprano, terminan enfrentándose con la realidad. Y cuando una dependencia municipal advierte que deben acreditarse previamente USD 40 millones antes de firmar un contrato, mientras otra considera que esa exigencia puede relativizarse por la existencia de otras fuentes de financiamiento, la discusión deja de ser meramente técnica. Pasa a ser una cuestión de confianza. La misma confianza que exigen las proyecciones que prometen convertir al Mundialista en una de las plazas de espectáculos más activas del país. En definitiva, el desafío ya no es imaginar el futuro del Minella. Es demostrar que los números que lo sostienen son tan sólidos como las obras que se prometen construir. El concejal Horacio Taccone, una de las voces más críticas sobre este delicado tema fue también irónico al señalar que “desde el Ejecutivo se han visto deslumbrados por los renders (de las obras a realizar) y no se pusieron a analizar esto porque si no, no pasa”. También reveló que el contrato incluye un artículo que establece que el municipio no va a poder autorizar ni la construcción de un estadio más chico a tres kilómetros a la redonda del Minella. “¿Cómo es? ¿En la ciudad del sí estamos impidiendo que se haga un estadio más chico, en 40 años?”, cuestionó.
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