Arte y Espectáculos

Skay regresa a Mar del Plata con “En el corazón del laberinto”

Buenas noticias para los ricoteros de Mar del Plata y la zona: el guitarrista, cantante y compositor Skay Beilinson, acompañado por su banda Los Fakires, regresa a la ciudad para ofrecer un recital el 7 de diciembre en GAP a partir de las 20, donde presentará las canciones de “En el corazón del laberinto” -su séptimo disco solista y sucesor de “El engranaje de cristal”-, hará un repaso de sus anteriores trabajos y, claro, no faltarán algunos temas de su etapa en Los Redondos.

El costo de las entradas en Mar del Plata es de 900 pesos y se pueden comprar en la boletería de GAP, de 9.30 a 12.30, y en otros tres puntos de la ciudad. Otra opción de ver el show de Skay Beilinson y Los Fakires es participar del sorteo de LA CAPITAL por dos entradas.

El primer disco de Skay luego de Los Redondos fue “A través del Mar de los Sargazos” (2002) donde estuvo acompañado por Daniel Colombres en batería y Claudio Quartero en bajo, dos años más tarde llega su segunda placa solista “Talismán”.

En 2007 lanzó “La Marca de Caín”, con la banda rebautizada como Skay y los Seguidores de la Diosa Kali, con la integración de Mauricio “Topo” Espíndola como baterista; quien también estuvo en 2010 en su cuarto álbum “¿Dónde vas?”.

En 2012 la banda pasa a llamarse Skay y Los Fakires y está integrada, además de Skay, por Oscar Reyna en guitarra, Claudio Quartero en bajo, Javier Lecumberry en teclados y Espíndola en batería, con quienes graba “La Luna Hueca” y “El engranaje de cristal”.

“En el corazón del laberinto”, el artista platense sorprende con composiciones que, si bien podían remitir de manera directa a diversas piezas registradas por Los Redondos, plantean nuevos horizontes musicales, ya sea por su estilo como por sus sonoridades.

El mejor ejemplo de esto aparece en el tema que abre y da nombre al disco, coescrito con el trompetista Hugo Lobo, en donde los aires de swing que se sugieren desde un inicio toman fuerza con la entrada de una sección de vientos comandada por el líder de Dancing Mood.

También resulta innovador en tal sentido el sonido de tambor en “Tam Tam”, que dota a la composición de un carácter rioplatense, que se sostiene a lo largo de todo el corte, a pesar de quedar oculto con el ingreso de las características bases de guitarra de Skay.

El ex Redondos se rodeó en esa ocasión de su ya legendario bajista Claudio Quartero, el baterista Leandro Sánchez, ambos integrantes de La Saga de Sayweke, y el tecladista Javier Lecumberry.

Las guitarras quedaron a cargo exclusivamente de Skay, quien ya no cuenta en sus filas con Oscar Reyna, desde finales del año pasado, y cuyo lugar ocupa actualmente en vivo nada menos que Richard Coleman.

La onmipresencia de Carmen “La Negra Poly” Castro y el aporte creativo de Rocambole, como es costumbre, suman mayores elementos para mantener viva la llama ricotera en este trabajo, que en su portada presenta un dibujo de un primer plano de un ojo.

A pesar de no contar con tempos excesivamente altos, el clima rockero persiste a lo largo de toda la placa, con la intensidad y la furia, muchas veces contenida, que transmiten la guitarra y la voz de Skay.

En este clima, desfilan canciones punzantes y efectivas que sumergen al oyente en un viaje sonoro que nunca pierde el rumbo, aunque deja en claro la riqueza del universo que lo rodea.

El arranque acústico de la excelente “Plumas de cóndor al viento”, la cruda balada “Las flores del tiempo” o la línea de guitarra cuyo sonido recuerda a la de Robert Fripp en “Heroes”, de David Bowie, son algunos de los pantallazos que recalan en otros puertos musicales.

Curiosamente, “Heroes” contó con una recordada versión en nuestro idioma a cargo de Los Siete Delfines, la recordada banda liderada por Richard Coleman, recurrente invitado actual de Skay, y Ricky Sáenz Paz, actual bajista y stickista de Atlanticus, grupo encabezado por Oscar Reyna, ex guitarrista de Los Fakires.

En medio de estas sonoridades diferentes, “En la cueva de San Andrés”, “El ojo testigo” y “Late” son algunas de las canciones que recuerdan el origen y la esencia del rock del ex Redonditos de Ricota.

Del mismo modo, algunos sonidos y formatos resultan una invitación irresistible a hallar semejanzas con clásicos ricoteros, más allá de que el guitarrista evite caer en repeticiones y obviedades.

En tal sentido, tanto por el hecho de cerrar el disco como por su introducción de guitarra, que es utilizada también para separar las estrofas de la canción, “Esdrújulas en órbita” hace un guiño a “Todo preso es político”, el gran final del recordado disco “Un baión para el ojo idiota”, de 1988.

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