CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
Arte y Espectáculos 7 de enero de 2026

Suspenso teatral con “El encierro”

Versión libre de A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre, este jueves y viernes, en La Guarida.

El Encierro, la nueva obra dirigida por Ezequiel Sagasti, una versión libre de A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre, protagonizada por Mariel Kiessig, Guadalupe Casado y Franco Peretti, tendrá funciones hoy y mañana, a las 21.30 en el Teatro La Guarida (Entre Ríos 1964).

“En esta versión de A puerta cerrada, el infierno no es el otro, sino el modo que se repite en el otro. Los pesares se arrastran en la mirada. Las aberraciones habitan en nuestros ojos. Al contarlas, viven en el otro. No hay forma de matar la mirada del otro una vez que sabe lo que hicimos. La mirada nos persigue. La respiración carga con nuestro crimen” indicó el director.

Tres cuerpos que respiran juntos, se sienten, se asfixian y se evitan. No hay verdugo, ni condena externa: solo el círculo que forman entre sí, ese mismo cuerpo que se vuelve infierno.

“La obra está viva. Funciona como un organismo: late, se contrae, persigue, expulsa y devora. El espectador no asiste es absorbido. No hay separación entre la pieza y quien se sienta a mirarla. La mirada lo vuelve cómplice, parte del mismo mecanismo que intenta escapar. Si para cada personaje el infierno es el otro, para el espectador el infierno es la propia obra: una experiencia que no lo suelta, que lo obliga a verse reflejado en esa dinámica retorcida, donde el deseo, la culpa y la necesidad de ser mirado se confunden. No hay manera de huir de lo que a uno le pasó; solo queda habitarlo. Y ese habitar -repetido, inevitable es el infierno”, analizó.

En la obra, tres desconocidos son conducidos a una habitación sin ventanas, sin espejos, sin salida.

Lo que al principio parece un simple encuentro se transforma en un juego feroz demiradas, palabras y confesiones.
La obra rompe la cuarta pared y convierte al público en testigo y prisionero de una experiencia que se vuelve también suya: el infierno no está “en escena”, sino en la mirada que lo sostiene.