Policiales

“Tengo que ir a la vuelta”: la noche en que Walter Obregón salió de su casa y desapareció para siempre

Tenía 44 años, vendía ropa y estaba inmerso en el mundo del narcomenudeo, arrastraba deudas y decía que quería irse de Mar del Plata. La investigación atravesó amenazas, pistas sobre un posible ajuste y versiones de un crimen. Casi tres años después, el misterio sigue intacto.

Por Germán Ronchi

“Tengo que ir a la vuelta”. La frase quedó suspendida en el aire de aquella noche fría del martes 15 de agosto de 2023. Walter Alberto Obregón se la dijo a su hermano antes de salir de su casa en Playa Serena. Según contaría después la familia, iba apenas hasta una esquina cercana para cobrar una deuda por la venta de ropa. Nada parecía extraordinario. No llevaba bolso, ni ropa para viajar, ni señales de despedida. Salió como quien promete volver en unos minutos. Nunca regresó.

Desde entonces, su nombre quedó atrapado en una historia cargada de sombras, amenazas, drogas y silencios. Una trama oscura que la Justicia todavía no pudo resolver y que convirtió a Walter Obregón en uno de los misterios de Mar del Plata.

Tenía 44 años, cabello blanco con rastas cortas y un tatuaje en la espalda. Aquella noche salió con su teléfono celular y unos 40 mil pesos en efectivo. Eran cerca de las 22.30. Después de eso, la ciudad se lo tragó. La primera llamada que recibió su celular todavía dio tono. Nadie respondió. Horas más tarde, el teléfono se apagó para siempre.

La incertidumbre empezó de madrugada. Cerca de las 4, la novia de Walter publicó en Facebook que estaba desaparecido. Apenas una hora después ocurrió algo que, con el paso del tiempo, quedaría marcado en el expediente: la expareja de la mujer le envió un mensaje por WhatsApp con una frase brutal: “Ojalá aparezca muerto”.

La causa, que hoy sigue en manos de la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N°1, avanzó durante meses entre allanamientos, rastrillajes, relevamientos vecinales y declaraciones cruzadas. Pero nunca aparecieron rastros concretos del hombre.

No hubo movimientos bancarios. No utilizó otra vez el teléfono. Nadie pudo confirmar haberlo visto después de aquella noche.

Con el correr de la investigación comenzaron a aparecer fragmentos de una vida atravesada por el narcomenudeo. Walter Obregón además de hacer “changas” como albañil, vendía ropa y también cocaína. Según distintos testimonios, solía fiar droga únicamente a conocidos, una práctica que le había generado deudas y conflictos cada vez más peligrosos.

Algunos declararon que estaba amenazado por quien le proveía cocaína. Otros aseguraron que había comprado un arma de fuego porque tenía miedo. También surgió otra hipótesis: el conflicto con la expareja de su novia.

La investigación policial reconstruyó además que, en los seis meses previos a su desaparición, Obregón había utilizado servicios de larga distancia de Plata Bus, Ruta Atlántica y Plusmar.

Puerto Iguazú, Brasil y Paraná aparecían mencionados en conversaciones con amigos. Según declaró una persona de extrema confianza, Walter quería irse de Mar del Plata porque sentía que ya no podía quedarse. “Estaba muy asustado”, resumió uno de los testimonios incorporados al expediente.

Las deudas crecían. Uno de los proveedores dejó de suministrarle cocaína por falta de pago. En la causa incluso aparece mencionado un segundo proveedor, un hombre que nunca pudo ser localizado por los investigadores y con quien también habría acumulado problemas económicos.

Pero la pista más inquietante apareció tiempo después, a partir de la declaración de dos jóvenes que tomaban cerveza en la calle aquella noche. Ambos aseguraron haber visto pasar a Obregón caminando y que, unos 50 metros más adelante, un vehículo se le acercó. Dijeron que Walter subió al auto y que, segundos después, escucharon detonaciones. El vehículo escapó a toda velocidad.

A partir de tareas investigativas, la policía llegó hasta la vivienda de quien sería ese “nuevo proveedor”. Allí, según consta en declaraciones incorporadas a la causa, una mujer relató una versión estremecedora: dijo que era cierto que Obregón mantenía deudas, que lo subieron a un auto y que le dispararon en una rodilla para “asustarlo”. Pero que, cuando intentó defenderse, todo se salió de control. “Se les fue de las manos”, habría dicho.

Según esa versión, luego ocultaron el cuerpo en una cisterna y la cubrieron con cal. La policía realizó búsquedas y rastrillajes en el lugar señalado, pero los resultados fueron negativos.

Pese a las sospechas, nunca hubo imputados. Tanto el supuesto primer proveedor como la expareja de la novia de Walter fueron convocados a declarar, aunque la Justicia entendió que no existían elementos suficientes para acusarlos formalmente.

El expediente sigue abierto. Pasaron casi tres años, incluso el Ministerio de Seguridad bonaerense intenta reactivar la causa con una recompensa de entre 2,5 y 5 millones de pesos para quienes aporten información fehaciente que permita saber qué ocurrió con Walter Obregón.

Mientras tanto, la ciudad sigue acumulando preguntas. Y en algún lugar de Mar del Plata, quizá alguien todavía guarda el secreto de aquella noche en la que un hombre salió diciendo “tengo que ir a la vuelta” y nunca más volvió.

Te puede interesar

Cargando...
Cargando...
Cargando...