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Opinión 22 de enero de 2019

Transporte público 2030

Por el arquitecto Marcelo Artime Ex funcionario durante el gobierno del ex intendente Gustavo Pulti

Entre muchos conflictos y algún anuncio, hoy se presenta una oportunidad muy importante para avanzar en nuestra ciudad. En el mes de mayo se vence el contrato de concesión del servicio de colectivos vigente y el Pliego de Licitación está en el Concejo Deliberante para su análisis.

Un sistema de transporte no es una licitación del servicio de colectivos, sino esto último es solo una herramienta de una planificación más integral. Es, ni más ni menos, que la oportunidad de entender que un sistema de transporte público no es solo movilidad, sino que bien pensado y planificado puede convertirse en una potente herramienta de inclusión, de mejora del ambiente y de desarrollo económico.La discusión de una nuevo sistema de transporte no puede limitarse a tratar de garantizar higiene, frecuencias y accesibilidad, tres condiciones que si bien hoy no se cumplen parecen mínimas e indispensables, sino que debe pensar , dado el tiempo previsto de concesión, cuál es el sistema de transporte público con el cual queremos llegar al año 2030.

Para empezar, el año 2030 es el previsto por acuerdos internacionales como el último Acuerdo de París que suscribió Argentina para dejar de lado el uso de combustibles fósiles. Ya que estos próximos años se ven como definitivos y última oportunidad para la baja de emisiones si no queremos convertir nuestro planeta en un lugar no habitable. Por lo cual es evidente que la inclusión gradual de buses eléctricos resulta un ítem que no se puede soslayar.

En Latinoamérica, todos los especialistas coinciden en la oportunidad que tiene nuestra región para este cambio. La flota de autobuses eléctricos de Santiago de Chile será una de las más grandes fuerzas de China, unos 200 fueron adquiridos y puestos en funcionamiento en forma gradual por el sistema Transantiago. La ciudad colombiana de Medellín comprará 55 unidades este 2019, y otras ciudades como Buenos Aires, San Pablo, Cali, Montevideo y San José están en este camino.

Por otra parte, los estudios de costos ya garantizan que para fin de este año un bus eléctrico con baterías equipara su valor con uno convencional, además de su menor costo de mantenimiento. Creo que resulta atractivo considerar si una forma de parar los constantes aumentos del boleto que inevitablemente van dejando cada vez a mayor parte de vecinos fuera del sistema es acaso cambiar la matriz energética de nuestro transporte. La energía solar, la eólica y hasta a lo mejor la mareomotriz pueden ser aliados estratégicos en la reconversión a un sistema eléctrico de transporte público.

Plan Maestro de Trnansporte

Dejando de lado este ítem fundamental, resulta estratégico pensar en el rescate de algunos puntos del Plan Maestro de Transporte realizado en conjunto con la UBA y el Instituto de Planificación de Curitiba durante los años 2012 y 2013, mientras tuve la responsabilidad de tener a cargo la Secretaría de Gobierno, y cuyos resultados dejamos a disposición de la comunidad y de las actuales autoridades municipales.
Asociarnos para este Plan con Curitiba no fue al azar. Es la ciudad que planificó su crecimiento en forma sustentable y a partir de un nuevo sistema de transporte en la época del arquitecto Jaime Lerner como alcalde.

El desarrollo de un circuito de bicisendas y la reutilización de la vía férrea existente, que atraviesa la ciudad en forma transversal desde los barrios de la ruta 2 hasta Batán, y también potencialmente hasta el puerto. constituye un patrimonio que resulta útil a través de un tranvía eléctrico o metro liviano como lo han hecho en las últimas décadas muchas ciudades de nuestro país, como Mendoza, Rosario, Santa Fe, Resistencia, etc.

Las experiencias de Medellín, Río de Janeiro y últimamente La Paz nos enseñan que las inversiones del Estado en acortar y facilitar el desplazamiento de los sectores de la población alojados en los lugares más alejados de la ciudad al centro o lugares de atracción generan bienestar social y económico a esas poblaciones, y si bien Mar del Plata no tiene morros ni cerros, un sistema de transporte que garantice desplazamientos rápidos y económicos de los vecinos de la zona oeste al resto de la ciudad resulta fundamental.

¿Qué nos impide pensar en una línea circular que una algunas salitas municipales con los dos hospitales provinciales, o una línea de verano que facilite el acceso de familias de los barrios más alejados a las playas?
No todo debe estar supeditado a la ecuación del costo del boleto. Los laberintos se evitan saltando por arriba y en un laberinto estamos frente a una oportunidad histórica y frente al mismo tiempo a un nuevo pedido de aumento de boleto.

La accesibilidad al transporte público mejora la calidad de las ciudades y de sus habitantes. Aumenta los valores del suelo en zonas degradadas. Genera desarrollos comerciales en sus paradas y recorridos. Brinda seguridad y equidad.  Tenemos una oportunidad en las manos . No la malgastemos por una visión limitada, y sin mirar el contexto de nuestra continente y hacia donde va el mundo. Las ciudades pretenden ser cada vez más de los peatones y menos de los autos.

Garanticemos que el transporte público sea una alternativa cómoda, segura, eficiente y rentable. Hay organismos internacionales apoyando estas iniciativas. Y la próxima oportunidad la tendremos cuando ya sea tarde.