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La Ciudad 27 de octubre de 2026

Tras el triunfo de Lula volvieron las especulaciones sobre la temporada, sin permiso para construir cerca del mar, y los últimos pingüinos vendidos

Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.

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La elección presidencial de Brasil tuvo un desenlace que, más allá de sus consecuencias políticas, ya comenzó a generar repercusiones sobre el turismo argentino y abre un nuevo interrogante de cara a la próxima temporada de verano en Mar del Plata. La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje frente a Flávio Bolsonaro, quien en las últimas horas habría huido a Estados Unidos, provocó una fuerte depreciación del real y modificó el escenario que se había presentado apenas tres semanas atrás, cuando el resultado de la primera vuelta había impulsado una valorización de la moneda brasileña. En aquella oportunidad, los mercados financieros habían reaccionado favorablemente al desempeño electoral del candidato opositor, con una apreciación del real cercana al 4%. Ese movimiento había encendido algunas expectativas entre los operadores turísticos argentinos: un Brasil más caro podía contribuir a mejorar la competitividad de los destinos nacionales, especialmente los de la Costa Atlántica.

 

 

Pero el resultado del domingo cambió los cálculos. Lula —quien justamente estuvo en Mar del Plata en noviembre de 2005 en el marco de la Cumbre de las Américas desarrollada en el Hotel Hermitage— consiguió revertir el escenario electoral y logró su cuarto mandato presidencial. La reacción financiera fue inmediata. El lunes el dólar llegó a cotizar a 5,60 reales, frente a los 4,99 del cierre del viernes. Una depreciación de semejante magnitud, si logra sostenerse, puede traducirse en una reducción importante del costo de las vacaciones para los argentinos que elijan las playas brasileñas. Y ahí es donde aparece Mar del Plata. Porque mientras la ciudad se prepara para una temporada en la que necesitará recuperar turistas, consumo y niveles de ocupación, Brasil vuelve a instalarse como un competidor de peso. No se trata solamente del precio de los hoteles o los paquetes turísticos. Una moneda brasileña más débil también puede abaratar las comidas, los traslados, los alquileres de sombrillas, los servicios y buena parte de los gastos cotidianos de los visitantes. Las primeras señales del mercado turístico ya muestran una demanda significativa. Según un relevamiento publicado por Clarín, las agencias registraron un crecimiento superior al 40% en la demanda para la próxima temporada, mientras que las búsquedas de paquetes turísticos hacia Brasil aumentaron un 43% durante octubre respecto del mismo período de septiembre. Es importante aclarar que parte de ese crecimiento se produjo antes del balotaje, aunque el nuevo escenario cambiario podría reforzar la tendencia.

 

 

Brasil cuenta, además, con otra ventaja: una conectividad aérea que continúa ampliándose. La oferta de vuelos creció un 7%, con especial protagonismo del nordeste brasileño, que se consolida como uno de los destinos preferidos por los argentinos. En los ámbitos vinculados al turismo marplatense saben que el panorama exige atención. Los costos de alojamiento, gastronomía y servicios, junto con la evolución del dólar en la Argentina, serán determinantes para establecer qué tan competitiva llegará la ciudad al verano. También influirán las promociones, las posibilidades de financiación y las propuestas comerciales que puedan ofrecer los operadores locales. Todavía es temprano para saber si la depreciación del real se mantendrá durante los próximos meses. Los mercados pueden recuperar estabilidad y una parte de los paquetes ya comercializados tiene precios fijados en dólares o pesos, por lo que no necesariamente registrará una reducción inmediata. Sin embargo, la señal resulta difícil de ignorar. Una elección presidencial disputada a cientos de kilómetros de Mar del Plata puede terminar influyendo en las decisiones de miles de turistas argentinos. La paradoja es que, mientras el triunfo de Bolsonaro en la primera vuelta había alentado la expectativa de un Brasil más caro, la remontada electoral de Lula volvió a abaratarlo. Y ese cambio de escenario llega justo cuando Mar del Plata necesita que el próximo verano sea una oportunidad de recuperación económica.

 

 

Al mismo tiempo, la remontada electoral de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil no solamente alteró el mapa político sudamericano. También abrió un debate entre economistas, politólogos y especialistas en relaciones internacionales argentinos acerca de las consecuencias que puede tener su cuarto mandato para nuestro país. Y las interpretaciones, lejos de ser coincidentes, ofrecen algunas paradojas interesantes: lo que representa un revés político para Javier Milei podría convertirse, en determinados aspectos, en una oportunidad económica y geopolítica para la Argentina. El ingeniero marplatense José María Conte elaboró un análisis en el que identifica tres oportunidades a partir de la continuidad de Lula: un eventual fortalecimiento de la posición argentina frente a Estados Unidos, la posibilidad de atraer inversiones que de otro modo podrían dirigirse a Brasil y una advertencia política para el gobierno libertario. El primer argumento se vincula con la competencia entre Washington y Beijing. La estrecha relación económica de Brasil con China podría impulsar a Estados Unidos a profundizar su acercamiento con la Argentina, consolidando al país como aliado estratégico regional. Conte considera que esa circunstancia podría traducirse en oportunidades comerciales, financieras y diplomáticas, aunque dependerá de la capacidad argentina para aprovecharlas.

 

 

En el terreno de las inversiones, el razonamiento es similar. Si algunos capitales internacionales interpretan la continuidad de Lula como un escenario menos favorable para determinados negocios, podrían considerar alternativas en la Argentina, particularmente en sectores como energía, minería y tecnología. Pero el propio análisis advierte que no se trata de un beneficio automático: estabilidad económica, previsibilidad y seguridad jurídica serán condiciones indispensables para transformar esa posibilidad en inversiones concretas. La mirada de Conte encuentra coincidencias parciales con la de otros especialistas. El analista internacional Adalberto Agozino sostiene que la derrota del candidato apoyado por Milei puede contribuir a mantener a la Argentina como uno de los principales interlocutores políticos de Washington en Sudamérica. Una lectura que introduce una paradoja: la continuidad de Lula podría fortalecer el posicionamiento internacional del Presidente argentino, aun cuando ambos mantienen profundas diferencias ideológicas.

 

Sin embargo, en el campo económico las interpretaciones resultan más controvertidas. Marcelo Elizondo advirtió que la continuidad de una economía brasileña con bajo crecimiento limitaría la demanda de productos argentinos. Y ese no es un detalle menor: Brasil continúa siendo el principal socio comercial del país y un destino fundamental para la producción industrial nacional. Dante Sica también anticipa dificultades para superar las tensiones comerciales y políticas que caracterizaron el vínculo durante los últimos años. Otros economistas observaron una cuestión diferente. Martín Pollera, director ejecutivo del Grupo Atenas, sostiene que ninguno de los dos resultados electorales ofrecía ventajas automáticas para la Argentina. Una victoria de Flávio Bolsonaro habría significado mayor afinidad política con Milei, pero también una competencia más intensa por las inversiones y posibles dificultades para sectores protegidos por el Mercosur. La continuidad de Lula, en cambio, preserva determinadas reglas comerciales, aunque mantiene las asimetrías entre ambas economías.

 

 

También hay una dimensión estrictamente política. Conte interpreta que la remontada de Lula demuestra que los procesos electorales latinoamericanos no siguen necesariamente una tendencia irreversible hacia la derecha. Pero, sobre todo, considera que el resultado deja una advertencia para Milei: las promesas de prosperidad futura necesitan traducirse en mejoras concretas en el presente y las confrontaciones permanentes pueden encontrar límites electorales La lectura es compartida parcialmente por quienes consideran que el triunfo brasileño puede revitalizar las expectativas del peronismo argentino. Sin embargo, Gabriel Puricelli introduce una aclaración relevante: las elecciones se resuelven fundamentalmente por circunstancias nacionales y sería equivocado interpretar el resultado brasileño como un anticipo de lo que sucederá en la Argentina en 2027. En definitiva, el triunfo de Lula abre oportunidades, pero también desafíos. Milei deberá convivir con un presidente ideológicamente distante al frente de la principal economía sudamericana y del mayor socio comercial argentino. Y el Gobierno tendrá que encontrar la manera de preservar una relación económica estratégica sin quedar condicionado por las diferencias personales entre ambos mandatarios.

 

 

Del resultado de las elecciones en Brasil y de un encuentro que mantuvieron concesionarios de balnearios del sur marplatense —interesados en ampliar las posibilidades de construcción en las playas— y de distintos barrios privados con autoridades del gobierno bonaerense, se hablaba en la tarde del lunes en café de la zona de Güemes. Aprovechando que había aparecido el sol, dos reconocidos empresarios del sector turístico compartían mesa en la vereda con dos concejales del oficialismo y un periodista. “¿No se enteraron de nada?”, chicaneó el más informado al colega, en relación al encuentro del cual incluso tomó parte el ministro de Gobierno, Carlos Bianco a propósito del hermetismo de la reunión. No obstante, se pudo determinar que el encuentro sirvió para repasar distintas inquietudes del sector, aunque hubo un planteo que concentró buena parte de la conversación: la necesidad de modificar la normativa vigente para permitir determinadas instalaciones en sectores donde actualmente están prohibidas.

 

 

El reclamo apunta directamente al Código de Aguas de la provincia de Buenos Aires, que establece restricciones para construir dentro de los 150 metros de la línea de ribera. Los empresarios pretenden que se habilite una excepción para la franja comprendida entre los 100 y los 150 metros, siempre bajo determinadas condiciones. No se trata, al menos en el planteo presentado, de autorizar edificaciones tradicionales de cemento, sino estructuras no permanentes, como cabañas de madera, puestos desmontables y otras instalaciones que puedan retirarse sin dejar construcciones definitivas sobre la arena. La propuesta no es nueva. El propio gobierno bonaerense había incluido el año pasado una modificación normativa en el proyecto de presupuesto que contemplaba precisamente esa posibilidad. Sin embargo, durante el tratamiento legislativo, el artículo fue eliminado y la iniciativa quedó en la nada. Lo llamativo es que, incluso dentro de la administración provincial, nunca terminaron de comprender las razones por las cuales se decidió retirar una disposición que, según sostienen, buscaba establecer reglas claras para una situación que en algunos sectores de la costa ya existe de hecho.

 

 

En la reunión, los responsables de los balnearios manifestaron su conformidad con aquella propuesta y pidieron que vuelva a impulsarse. Del lado provincial encontraron una respuesta favorable a retomar la discusión, aunque también una aclaración: cualquier modificación de las restricciones actuales deberá contar necesariamente con el aval de la Legislatura bonaerense. El tema, por supuesto, tiene varias aristas. Por un lado, aparece el interés de los concesionarios por incorporar nuevos servicios, mejorar sus instalaciones y ampliar las posibilidades de explotación comercial. Por el otro, está la necesidad de preservar el frente costero, evitar construcciones que terminen consolidándose sobre la arena y garantizar que las playas mantengan su carácter de espacio público. “Hay, además, una cuestión que seguramente alimentará la discusión: cómo establecer controles efectivos para que aquello que se autorice como instalación desmontable no termine transformándose, con el paso del tiempo, en una  construcción permanente”, se preguntó uno de los concejales.

 

 

Por ahora no hay una reforma aprobada ni una autorización general para avanzar con las obras. Pero el reclamo volvió a instalarse en los despachos provinciales y existe la intención de llevar nuevamente la propuesta a la Legislatura. Una discusión que interesa especialmente a los concesionarios de balnearios de Mar del Plata y otros destinos de la costa atlántica, y que seguramente no pasará inadvertida entre quienes defienden la preservación del ambiente costero. La temporada de verano se acerca y, mientras se preparan las playas para recibir a los turistas, también empieza a tomar temperatura un debate que va bastante más allá de la instalación de unas simples cabañas de madera.

 

 

Más distendidos, en la segunda vuelta de café, se escucharon detalles sobre la venta de los últimos pingüinos que permanecían en el predio donde supo funcionar el Aquarium Mar del Plata. Los últimos cuatro pingüinos saltarines del establecimiento fueron vendidos por 40.000 dólares a un acuario de Puerto Vallarta, México. Diez mil dólares por ejemplar. La operación se concretó el 7 de octubre y puso punto final a la presencia de animales en el predio de Punta Mogotes. Antes habían partido diez delfines hacia Egipto, vendidos por 800.000 dólares, mientras que otros ejemplares fueron trasladados a distintos establecimientos del país. Pero el proceso también dejó situaciones inquietantes: ocho pingüinos murieron y otros dos desaparecieron, en un episodio que motivó una denuncia policial y pedidos de explicaciones de la Justicia.

 

 

Ahora la sindicatura de la quiebra pretende prescindir de 11 de los 12 trabajadores que todavía permanecen en el lugar. Y el próximo 2 de noviembre está prevista la devolución de las nueve hectáreas frente al mar a la sociedad propietaria. ¿Qué sucederá con uno de los terrenos costeros más atractivos de Mar del Plata? Ya circularon versiones sobre posibles negocios inmobiliarios por cifras cercanas a los 20 millones de dólares, aunque no existe ninguna operación confirmada. El Aquarium cerró, los animales fueron repartidos por distintos destinos y los trabajadores enfrentan un futuro incierto. Lo único que permanece en el mismo lugar es la tierra. Y, por su ubicación privilegiada, seguramente no faltarán interesados en saber qué destino tendrá. Los pingüinos ya tienen nuevo hogar. La gran incógnita es quién terminará haciendo negocios con las nueve hectáreas que dejaron atrás.