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Un campeón del mundo que a veces no parece tal

Ecos de lo que dejó el triunfo de la Selección Argentina ante Paraguay en el Monumental, en otra noche de fútbol de alto vuelo.

por Víctor Molinero

 

 

La Selección Argentina de fútbol volvió a dejar en claro, con su sólida actuación en el triunfo del jueves frente a Paraguay, que está ávida de ir por más.

“Quiero ganar la tercera, quiero ser campeón mundial” cantaron una vez más los hinchas en el Monumental. El “himno mundialista” que se cantó en todo el mundo parece haber quedado desactualizado. Porque Argentina ya fue campeón mundial en Qatar y tiene bordadas las tres estrellas en el pecho de la camiseta. Aunque no se note.

Sí en el juego y en las individualidades que le dan forma a “la scaloneta”. Ver hoy a la Selección es presenciar una obra de arte. Admirar lo mejor que el fútbol de hoy en día ofrece en la góndola.

La Selección fue contra Paraguay, por momentos, un engranaje casi perfecto. Capaz de hilvanar pases precisos a velocidad. De adornarlos con lujos. De lucir una tenencia productiva. Sin Messi, en el primer tiempo, Argentina apabulló a Paraguay. Algunas malas terminaciones de Nicolás González impidieron la goleada. Rodrigo De Paul, Alexis Mac Allister y Enzo Fernández ofrecieron otra función de un mediocampo perfecto. Y Julián Alvarez dejó en claro las razones por las cuales un tal Guardiola se deshace en elogios para con el pibe surgido en River.

Argentina juega como dicen los pergaminos y el ranking: como el mejor equipo del mundo.

Sin embargo, por momentos, al espectador le puede entrar el espacio para dudarlo. ¿Puede un equipo que en dos años ganó todo pelear cada pelota como si fuera la última? La Selección de Lionel Scaloni demostró que si. La asfixiante presión albiceleste hizo que el jueves la pelota durara segundos en los pies de los jugadores paraguayos.

Y la única vez que la visita pudo poner un hombre propio de cara al gol se topó con una respuesta gigante del arquero marplatense Emiliano Martínez. Es que, por si acaso, Argentina tiene además un arquero de equipo grande. De esos a los que le llegan poco pero siempre está listo para sacar de la galera una atajada que será tatuaje.

 

Argentina mostró un “hambre” por recuperar la pelota mas propio de un equipo que va por todo que el de uno que ya ganó todo. Y eso lo transforma en un rival temible para el resto. Juega como un verdadero campeón del mundo y pelea como aquel que no ganó nada y entrega todo por hacerlo.

“Dibu” Martinez ya lo dijo en más de una oportunidad en los últimos meses y habrá que creerle. Esta Selección quiere seguir ganando. Como si la épica final contra Francia en Qatar no hubiese sucedido. Como si el himno que cantan los hinchas argentinos no hubiese quedado desactualizado.

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