Un regreso sin anuncios, un desafío claro y una duda que atraviesa todo
Montenegro volvió con el objetivo de coordinar la seguridad y garantizar refuerzos. En esa línea fueron el llamado a la Gobernación y la incursión en Casa Rosada. Diferencias entre su diagnóstico y el balance de Neme.
Garantizar los refuerzos policiales en Mar del Plata es uno de los objetivos de Montenegro.
Por Ramiro Melucci
Durante los últimos diez meses la política local se entretuvo con dos hobbies: apostar cuándo volvía Guillermo Montenegro y conjeturar sobre con qué anuncio acompañaría su retorno. La primera apuesta la ganaron los que dijeron octubre. La segunda quedó vacante: no hubo por el momento ningún anuncio concreto.
Con el argumento de que no podía “volver sin nada”, a lo largo de su ausencia se hicieron especulaciones de lo más variadas. Que había trabajado en un consenso sobre el complejo de Punta Mogotes. Que renovaba el acuerdo tripartito por el financiamiento de la educación municipal. Que desembarcaba con un refuerzo de las fuerzas federales. Habladurías.
Montenegro no volvió con un anuncio, sino con una convicción: la de que él puede erigirse en garante de la coordinación entre los distintos actores que intervienen en la seguridad. La tregua con el gobernador Axel Kicillof y la reunión con el jefe de Gabinete, Diego Santilli, fueron los primeros pasos en esa dirección.
Le prometió al ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, un trabajo conjunto sin reproches ni discusiones jurisdiccionales. Prohibido recordar que el presidente de su bloque de concejales, Julián Bussetti, fue en este tiempo uno de los principales críticos de la labor del gobierno bonaerense en seguridad: iba por los barrios denunciando el estado de las comisarías móviles.
El gobernador valoró el gesto y lo hizo saber mediante su ministro de Gobierno y mano derecha, Carlos Bianco. “Tabula rasa”, anunció sobre la relación de la Provincia y el Municipio.
Quién lo iba a decir: el duro Montenegro, aquel que en otro tiempo no dejó oportunidad de remarcar la “discriminación” provincial, amigándose con Kicillof después de que Agustín Neme, al que todos le reconocían su propensión al diálogo y el consenso, terminara con una discusión a cara de perro con Bianco.
Montenegro no volvió con un anuncio, sino con una convicción: la de que él puede erigirse en garante de la coordinación entre los distintos actores que intervienen en la seguridad.
Los dos cambiaron de piel. Montenegro por necesidad: la de garantizar recursos policiales en el distrito. En el caso de Neme queda la duda de si fue por convicción o exigencia ajena. Había comenzado su interinato con una reunión de trabajo con el ministro de Infraestructura provincial, Gabriel Katopodis. La versión que corrió entonces fue que cerca de Montenegro no cayó bien. Parece verosímil, porque Neme no volvió a juntarse con el ministro y Bianco le reprochó que no respondía los mensajes.
La paradoja es que los que recomendaban la guerra terminaron firmando la paz. Peculiaridades del amplio margen de maniobra que da la posibilidad de tomar decisiones.
Neme padeció los condicionamientos. En el Concejo Deliberante no lo defendía el PRO ni el radicalismo. Ni antes, ni durante, ni después del interinato hubo una foto de gestión conjunta entre reemplazante y reemplazado. El acto del aniversario de la Base Naval reflejó la tensión: Montenegro asistió y se ubicó en el lugar destinado al jefe comunal cuando todavía no había reasumido; Neme no fue.
Entre el diagnóstico de uno y el balance del otro también hubo diferencias. El intendente dijo que “en estos diez meses” la realidad de la seguridad cambió en Mar del Plata; Neme habló de una coyuntura difícil “en toda la provincia”. Montenegro aseguró que “las luces van a ayudar, pero no van a disuadir al delincuente de que entre a una casa o robe un auto”; Neme destacó hasta el último día el plan “Mar del Plata 100% LED”. Montenegro no mencionó las últimas acciones municipales en seguridad; Neme reivindicó la compra de patrulleros y la creación del cuerpo motorizado. Dos narrativas distintas, como si una gestión tuviese poco que ver con la otra, cuando en realidad es la misma: solo cambió su principal autoridad.
Los que recomendaban la guerra terminaron firmando la paz. Peculiaridades del margen de maniobra que da la posibilidad de tomar decisiones.
Por fuera de la seguridad Montenegro dijo muy poco. Pero sorprendió con el anticipo de que “la semana que viene va a haber obras” en el marco de la concesión del estadio José María Minella. Ante la falta de información oficial que dominaba el asunto, reveló que la transferencia de acciones de Minella Stadium sigue en marcha: el grupo brasileño Revee, aquel que elogió antes de la adjudicación y luego cayó en desgracia, cederá el 87,5% a Perfeta Producciones, de Marcelo Fígoli.
Formuló además un comentario al pasar sobre el complejo de Chapadmalal. Celebró el objetivo que el Estado no siga administrando hoteles y deslizó la posibilidad de que también “se haga un campus universitario”. Habría que subrayar esa última definición. Podría constituir un adelanto. Sobre todo porque cerca del intendente contaron que habló con conocimiento de causa: “Los dos proyectos (la inversión privada y el campus) vienen caminando juntos”. Esperan que el Gobierno nacional los oficialice en los próximos días.
Como era de esperar, la UCR recibió a Montenegro con los brazos abiertos. La concejal Vilma Baragiola se encargó de elogiar su decisión de regresar, que permite retirar un obstáculo (Neme) a la sociedad que el intendente construyó con Maximiliano Abad.
Como también era de esperar, los libertarios no reaccionaron con tanto entusiasmo. Lo primero que hizo Alejandro Carrancio después de que Montenegro le comunicara la vuelta fue exhibir en las redes sociales una foto que tenía guardada hacía unos días con la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, a la que le había planteado la necesidad de reforzar la seguridad de Mar del Plata con fuerzas federales. Carrancio sospechó que Montenegro volvía con ese anuncio y decidió mostrar su intervención en la gestión. Para que no se llevase todos los laureles.
Entre los libertarios y Montenegro hay en el fondo una desconfianza vinculada con las elecciones del año próximo. El intendente jura que si se volviera a permitir la reelección indefinida no pensaría en presentarse para un tercer mandato. El jefe de La Libertad Avanza en la provincia, Sebastián Pareja, planteó la duda: “¿Vos pensás que si tiene la posibilidad de ser reelegido se va a ir a su casa si se lo pide Mauricio Macri?”, preguntó en Agenda Real, el programa de streaming de LA CAPITAL y Canal 8.
El intendente celebró que el Estado no siga administrando hoteles y deslizó la posibilidad de que también “se haga un campus universitario” en Chapadmalal. Habría que subrayar esa última definición. Podría constituir un adelanto.
Para las definiciones electorales todavía falta. Aún quedan por despejarse un par de incógnitas derivadas del reciente regreso. Una es con qué determinación regresará Neme al Concejo, en el que se pidió licencia hasta el jueves después de que trascendiera que rechazó un cargo en el gabinete de Montenegro. Difícil esperar una relación amena con el bloque del PRO, que no lo acompañó cuando era intendente en momentos decisivos.
La segunda es una duda que atraviesa todo el escenario. Con capacidad para repercutir en la gestión y en el terreno electoral. Refiere a cómo –más allá de la decisión de volver, de “hacerse cargo” y de coordinar la seguridad– quedó la relación de Montenegro con los marplatenses. A cuál es, si es que lo hay, el costo de los diez meses de ausencia.
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