Una apuesta al corazón y la jerarquía individual
Argentina se instaló una vez más entre los cuatro mejores de un Mundial. A diferencia de lo sucedido en Qatar, la entrega y su poder de gol disimularon fisuras desde el juego, desgaste físico y bajones individuales.
por Víctor Molinero
Mientras se hace interminable la espera hasta el miércoles a las 16 para ver el duelo entre Argentina e Inglaterra por un boleto a la final del Mundial 2026, bien vale hacer un repaso de lo que fue el camino de la Selección hasta aquí, los motivos por los que volvió a llegar tan lejos y las dudas que sin embargo genera un andar no tan sólido como ha tenido este equipo prácticamente en todo el ciclo de Lionel Scaloni.
Esta Selección Argentina, más allá de repetir prácticamente a todos los protagonistas de 2022, no ofrece -por ahora- las certezas que entregaba aquella de cuatro años atrás. Aunque paradójicamente tenga mejores números. Porque cabe recordar que la campeona del mundo perdió en el debut ante Arabia Saudita y luego tuvo que recurrir a los penales contra Países Bajos y Francia. Y ésta versión 2026 ganó sus seis partidos en fila sin recurrir al sufrimiento de los penales.
No obstante, desde el juego, la Argentina campeona sometió con la tenencia a todos sus rivales. Salvo un flojo primer tiempo contra México, la Selección tuvo pasajes de altísimo nivel, sobre todo en las instancias claves ante Países Bajos, Croacia y en esos 70′ de ensueño ante Francia, en una final que ganaba 2-0 y nada hacía suponer el sufrimiento que se vendría luego.

Antes de mirar hacia dentro del plantel podría decirse que hay factores externos que influyen. Como que en Qatar no había viajes extenuantes entre un partido y otro, que en estadios con refrigeración la temperatura era la ideal para jugar (en Estados Unidos algunos escenarios dispusieron de esa herramienta) y que al haberse modificado el formato los cuatro semifinalistas jugarán un partido más (8 contra 7 de antes). Lo del tiempo de descanso en las instancias finales no ha cambiado más allá de lo que uno imagina por esto del nuevo formato. En 2022 Argentina jugó en un lapso de 9 días sus partidos ante Países Bajos (9/12), Croacia (13/12) y Francia (18/12) y aquí -de llegar a la final- tendrá 8 días entre el cotejo con Suiza (11/6) y la definición en Nueva Jersey (19/6).
Lo que cambia, aunque duela a todos aquellos que disfrutamos de su magia en estos 20 años, es que Lionel Messi ya no tiene 35 años sino 39. Y con la acumulación de partidos, la humedad y el calor de Estados Unidos y rivales cada vez más exigentes, el mejor futbolista del planeta siente el desgaste. Basta con ver la cara de agotamiento con la que terminó los cotejos ante Egipto y Suiza. Su manera de expresarse.
Messi se liberó tras ser campeón mundial en Qatar 2022. E, inigualable como es, lejos de conformarse con tocar el cielo con las manos eligió ir por más. Ganar otra Copa América, seguir haciendo miles de kilómetros para jugar eliminatorias o amistosos y prepararse de la mejor manera para este Mundial. Que no se malinterprete. Messi sigue siendo Messi. No sólo por su esencia sino por sus cualidades extraordinarias. No es casualidad que sea, de momento, el máximo artillero de este Mundial a la par de una súper estrella como Kylian Mbappé. Por momentos parece inclusive ganarle la batalla al tiempo. Siendo preponderante para definir un juego en los minutos finales, cuando jugadores diez años menores ya no pueden levantar las piernas. Porque aquello que alguna vez marcó Guardiola, del poder que tiene para leer el juego y administrar sus energías, sigue siendo determinante. Pero aún para un extraterrestre como Messi el paso del tiempo juega sus cartas. Entonces no se puede dejar todo en manos del genio.

Y a esta Selección le está faltando una segunda guitarra de la talla de Angel Di María, uno de los cinco mejores futbolistas argentinos de todos los tiempos. Es fácil de imaginar que con tamaña envergadura no brotan jugadores así todos los días. Ni siquiera en una tierra de talentos como la de Argentina. Scaloni proyectó para ese lugar a Thiago Almada, que había tenido actuaciones determinantes en eliminatorias, pero el futuro jugador de River no estuvo por el momento a la altura. Nicolás González aporta otra cosa. Es potencia, velocidad y juego aéreo pero no ese gambeta tan argentina que se está necesitando cuando los rivales se cierran.
Adelante, Lautaro Martínez y Julián Alvarez se repartieron minutos y fueron de menos a más. El de Inter anotó dos goles y Julián se sacó la mufa con uno extraordinario para destrabar el partido ante Suiza. Los dos fueron importantísimos en su rol de convertirse en el primer defensor del equipo. Pero vienen calentando motores en la otra parte del libreto. La de ser claves frente al arco rival. Afortunadamente llegan en alza.
En Qatar 2022 el mediocampo argentino fue una de las llaves por su dinamismo. Hoy, con los mismos protagonistas, Argentina se ha mostrado como un equipo más presivible, lento por momentos, cediendo (no por estrategia claro) la pelota al rival. El ingreso de Leandro Paredes le dio mayor orden y una salida más limpia. Pero todavía no se terminaron de ensamblar las piezas. Rodrigo De Paul está lejos de su mejor versión, y Alexis MacAllister y Enzo Fernández, más allá de sus goles claves ante Suiza y Egipto, todavía tienen más para aportarle al juego de la Selección.

Del medio hacia atrás Argentina llegó tocada por lesiones. “Dibu” Martínez, que podría discutirle a Guillermo Vilas el mote del deportista marplatense más trascendente de todos los tiempos, atajó con una mano lesionada (tuvo una fractura un par de semanas antes del arranque del Mundial) y no brilló hasta aquí. Contra Suiza fue su mejor partido con un par de atajadas claves. Pero él mismo, tras el partido contra Egipto, sintió que podía dar más y lo expresó ante la prensa.
También llegó con una lesión “Cuti” Romero, que más allá de no estar al 100% desde lo físico y tener que ser reemplazado en más de una oportunidad, es una de las figuras de la Selección en este Mundial. Lisandro Martínez, su compañero de zaga, tuvo un mal partido ante Egipto pero antes y después siempre estuvo a la altura. Del medio hacia atrás, la zaga central fue en líneas generales lo mejor de Argentina en este Mundial.
En el lateral izquierdo tanto Facundo Medina como Nicolás Tagliafico cumplieron su papel y en el derecho Nahuel Molina y Gonzalo Montiel ratificaron las dudas que había para ese puesto desde la previa. Ninguno de los dos termina de meterse en el equipo.
Ahora bien, con todos estos altibajos marcados, Argentina ya está en semifinales. Y con la luz propia de algunos brillando más o menos, nadie niega la jerarquía individual de todos los mencionados. Pero además, este plantel tiene como plus el corazón y la entrega. Nunca se da por vencido. Ni perdiendo 0-2 a falta de 11 minutos como contra Egipto. Ese fuego es el que enamora a millones de argentinos que salen a festejar cada triunfo aunque enfrente haya estado Cabo Verde y no Brasil. Esta Selección enamora por su entrega siempre, aunque a veces no aparezca el juego. Y eso lo hace un rival de temer para cualquiera.

De los cuatro semifinalistas, Inglaterra parece ser el que está más parejo al nivel actual de Argentina. Tiene enormes individualidades pero un funcionamiento que dista del ideal. Tiene gol (por primera vez una selección reune a dos jugadores que llegan a los seis en el mismo torneo con Harry Kane y el estelar Jude Bellingham) extremos picantes como Anthony Gordon o Bukayo Saka y una dupla de mediocampistas en gran nivel como Elliot Anderson y Declan Rice. Pero los ingleses también sufrieron en el juego durante algunos pasajes de este Mundial.
Inglaterra tiene además una mochila pesada desde lo anímico. Sus hinchas reclaman un título importante, algo que la selección de los inventores del fútbol no consigue hace 60 años, cuando ganaron el Mundial de 1966 disputado en su país. Nunca ganaron una Eurocopa (perdieron las dos últimas finales) ni volvieron a disputar una final mundialista (cayeron en las semifinales de 1990 y 2018). Hay más presión del otro lado del Atlántico.
Está claro que por estos pagos no habrá reclamos para este grupo de futbolistas si los resultados no acompañan de aquí en más. Porque se vive algo similar a lo del Mundial 1990, cuando la entrega enamoró más allá del juego y la gente salió a la calle a recibir al subcampeón. En todo caso, el tema es hacerles entender a estos propios futbolistas argentinos que no hay nada por reprochar. Porque ellos son los que nunca parecen conformarse y siempre quieren más. Y si Messi y compañía tienen un sueño y creen poder cumplirlo cómo no subirse a ese colectivo más allá de las cuestiones futbolísticas.
