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Opinión 3 de febrero de 2026

Una ciudad con un deterioro inocultable

Un slogan de la gestión es "Mar del Plata la ciudad del sí". Lástima que no aclararon que se trataba del sí a la desidia y el abandono.

Por Nino Ramella

Borges solía definir a la Democracia como “el abuso de la estadística”. Para él la opinión pública solía ser manejada por políticos embaucadores, afectando con ello el sentido de verdad y justicia.
Pero….ya lo dijo Winston Churchill: La democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás.
En el mundo de hoy la democracia está en crisis y la realidad muestra sus patologías, aunque hasta ahora no su tratamiento.

Tal panorama se refleja también en los pagos chicos como podría ser el caso de Mar del Plata.
Hay veces que las reacciones por los equívocos masivos se expresan más rápidamente y otras en la que los yerros perduran. En nuestra ciudad Carlos Fernando Arroyo se coronó intendente en 2015 pero en 2019 tuvo un mínimo de votos. En cambio Guillermo Montenegro ganó la reelección. He aquí los dos ejemplos.

En el tiempo de ambas gestiones la ciudad muestra un deterioro inocultable ya que no hay manera de contrarrestar lo que está a simple vista.

Hubo épocas en las que el éxito de las administraciones se medía según las obras que dejaban. En los tiempos que corren no hay obras que aporten punto alguno a favor del gobierno municipal.

¿Quién quiere ser Miami?

El desprecio por el patrimonio identitario de Mar del Plata que ostenta la administración iniciada en 2019 no tiene parangón. Respaldado por una mayoría automática (Borges dixit) en el Concejo Deliberanteel Departamento Ejecutivo se entrega a la voracidad de la especulación inmobiliaria llevándose por delante toda la normativa vigente.
Hay muchísimos ejemplos y tal vez valga uno sólo para dar cuenta de la dimensión del despropósito. En un barrio residencial en el que el código permite tan sólo siete metros los responsables de protegernos autorizaron 35 pisos.
Alguna de las pasadas administraciones cometieron errores contra la armonía urbana, que hoy pagan las generaciones que se sucedieron. Hoy nadie duda de que el embrión de la degradación del micro centro se llama Bristol Center.

La diferencia con aquellas gestiones y la de hoy es la multiplicidad de errores votados a libro cerrado sin que las innumerables víctimas de tales despropósitos encuentren la manera de defenderse de las decisiones que afectan su calidad de vida.

No hay un sólo urbanista que no cuestione lo que la Municipalidad hace con el espacio público. A las críticas las autoridades responden que ellos están a favor de las inversiones y las fuentes de trabajo, ignorando que nadie está en contra de eso. Lo que se busca es una planificación estratégica que permita crecer sin destruir el patrimonio identitario.

Las propias ordenanzas protegen el espacio urbano. La 10.075 establece en su artículo 20 que debe crearse una Comisión Honoraria de Preservación. Muchos años después sigue sin conformarse. Es decir, la Municipalidad incumple sus propias decisiones.

Quienes están involucrados en el negocio suelen mencionar ciudades del exterior en el que los cordones de edificios son telones infranqueables. Suelen mencionar a Miami, Dubai, Panamá o Shanghái. Pues si alguien quiere hacer desaparecer Mar del Plata para convertirla en alguna de esas ciudades lo menos que debería impulsar es una consulta popular para preguntarnos si los marplatenses estamos de acuerdo.

Con el argumento de incorporar el capital privado la gestión entrega el espacio público al mejor postor. Es así que adosado al Museo Municipal de Ciencias Naturales ahora hay una pizzería que nada tiene que ver con el contenido de ese lugar.

Dentro de la estructura municipal no pareciera haber contradicciones. El propio intendente Montenegro al hablar de fiestas programadas sostuvo que Villa Victoria pasó de ser un conjunto de oficinas de empleados del estado a una máquina de vender sushi y carne braseada, con postres regionales y botellas de vino. Así se revive un patrimonio. Si así piensa el jefe…

Una cuestión no menor de este desboque de torres con departamentos que dan la sensación de estar vacíos es la advertencia de la Procuraduría de la Narcocriminalidad, Procunar, que investiga y advierte sobre el lavado del dinero proveniente del narcotráfico, incluyendo su inserción en la industria de la construcción y actividades inmobiliarias.
Es decir, no estaría de más investigar el origen de los fondos de estas “inversiones” que se promueven.

 

Un basural a cada paso

Los microbasurales en todo el ejido urbano se han transformado ya en parte del paisaje. En los espacios más céntricos la acumulación en determinadas esquinas, dada la densidad habitacional y la oferta gastronómica, prácticamente impide la circulación por la vereda.

Concejales de la oposición han denunciado esta realidad señalando que la Municipalidad destina más de 5.000 millones de pesos por mes a la recolección y limpieza urbana… inútilmente.

Y si las zonas céntricas padecen la situación, las periféricas no disfrutan de una mejor condición. Por el contrario suelen ser depositarias de residuos que mucha gente tira en esos lugares, formándose basurales de cientos de metros.
Preocupados por la proliferación de ratas que la situación genera, vecinos de diversos sectores han manifestado su alarma por el peligro para la salud que ello implica.

Los delitos de cada día

La inseguridad en Mar del Plata pasó a ser la principal preocupación de la ciudadanía, generando no sólo perjuicio a las víctimas de los diferentes delitos, sino también un generador de desaliento para posibles turistas que así terminan eligiendo otros destinos.

El gobierno municipal pareciera querer mostrar políticas públicas en esa materia dedicándose al diseño de videos subidos a las redes. Desde aquí les decimos que eso no alcanza.

Algunas estadísticas de fines de 2025 dan cuenta de que Mar del Plata es la cuarta ciudad con mayor crecimiento de casos en la Costa Atlántica, luego de Tucumán, Córdoba y Mendoza.

La retórica oficial pareciera apuntar a una mayoría ya harta de ser víctima de delitos y no repara en barbaridades como la que dijo el intendente Guillermo Montenegro cuando en sus operativos contra los que él llama “fisuras” (“trapitos” y personas en situación de calle) sostuvo que “al que vive por fuera de la ley hay que tratarlo por fuera de la ley”. Linda afirmación de un profesor de Derecho en un país que bien sabe de estos desvíos.

La inseguridad, generada por razones multicausales, no se combate con declamaciones en las redes. Los gobiernos municipales tienen una cuota de responsabilidad en el combate del delito. Controles con cuerpos debidamente entrenados deberían ser parte de la políticas públicas que enfrenten en problema.

Cráteres y abismos

Transitar Mar del Plata en auto, moto o bicicleta se ha transformado en una aventura que sólo ofrece trabajo a los talleres mecánicos.

Ni siquiera en sitios de gran concentración de gente, como lo es la peatonal San Martín escapa a tal descuido. Allí se han reportado roturas graves en los pisos de PVC, generando accidentes y heridos.

En la zona costera los desmoronamientos de paredones en el sector norte han puesto en riesgo la seguridad peatonal.
Las veredas son una amenaza sobre todo para adultos mayores. El Hospital Interzonal General de Agudos recibe entre dos y cuatro ingresos diarios por caídas de este tipo.

Es esta otra consecuencia de la no planificación y la falta de políticas públicas en dirección a mejorar la calidad de vida de residentes y visitantes.

La ciudad del sí

Un slogan de la gestión es “Mar del Plata la ciudad del sí”. Lástima que no aclararon que se trataba del sí a la desidia y el abandono. Si hay un interés queda en el campo de ls suspicacia.