Deportes

Una final, otra historia

Por Vito Amalfitano

Desde Kazan, Rusia

Todo está escrito. Lo que pasó no se borra. Lo que vendrá tampoco cambiará el pasado reciente. Esta Selección, efectivamente, es la hija del 38-38. También de la intervención de la AFA irresponsable que fogoneó el gobierno nacional para provocar una crisis, también en el fútbol. De los tres técnicos en los dos años, De la desorganización similar a la previa al Mundial 74, antes de la Selección de la era moderna creada por César Luis Menotti.

Esta es la Selección que tenía un amistoso programado en un “polvorín de guerra” a una semana del Mundial,-también por intervenciones gubernamentales irresponsables- y que lo suspendió a dos días de su disputa. Este es el plantel que empezó la preparación en Argentina, la continuó en Barcelona, parecía que viajaba a Israel y no lo hizo, reprogramó más entrenamientos en tierras catalanas, pidió una audiencia con el Papa y después la suspendió.

Esta es la Selección Argentina de fútbol de un entrenador sin antecedentes suficientes para el lugar que ocupa, que llegó para contribuir a la confusión general.

Es la Argentina de un Messi al que le hicieron creer, y se lo creyó, que era conductor, líder, capitán, cuando se debieron haber aprovechado sus mejores años dejándolo volar en libertad. La Selección en el que los “si Messistas” le hicieron cargar todas las mochilas, sin reparar en que el Lío de Barcelona brilló sin ningún peso, porque todo lo asimilaron Iniesta y Xavi.

Esta es la Selección en que no se sabe quién manda, más allá de las exageraciones extremas de algunos colegas que desde un atril dicen cualquier cosa.

Esta es la Selección Argentina que llegó al Mundial sin ser un equipo y que continuó igual hasta que quedó al borde del abismo. Esta es la Selección que, consecuencia de esto y aquello, sufrió una de las peores derrotas de su historia, el 21 de junio en Niznhy, ante Croacia, 0-3.

Esta es esa Selección Argentina. No otra. Y todo está escrito y se refrescó desde aquí en los últimos días. Y queda.

Pero esta es la Selección Argentina. Nada menos. Y seguramente los franceses, por los antecedentes, por la camiseta, por Messi, pero también por Banega, Higuaín o Armani, estarán tan preocupados como los argentinos.

Porque esta es la Selección que en 35/40 minutos del primer tiempo ante Nigeria se sacó el respirador artificial y empezó a reaccionar como equipo. Encontró un atisbo de formato en la urgencia, por fín se recurrió a un abastecedor de Lío que además fue estratega y “dueño de los espacios”, para cerrarlos y crearlos.

Fue un rato, poca cosa. En el segundo tiempo reapareció la confusión, a la que volvió a contribuir el técnico, por ejemplo sin recurrir a un Paulo Dybala, más preparado ya para afrontar partidos de peso internacional y al poner en cambio a Maximiliano Meza, a quien enseguida se le notaron los nervios y que la pelota le quemaba.

La Selección necesita, para empezar, al mejor Banega, al mejor Messi, y probablemente al mejor Armani y al mejor Higuaín, para tratar de equiparar el poderío de Francia, que tiene a Griezmann, a quien el DT Deschamps piensa en la sociedad con Giroud; que tiene a a Mbapé y Dembele, probablemente a Matuidi Pero también en Francia se habla de la falta de coexión como equipo, pese a que los galos consiguieron la clasificación con más holgura y fundamentos que Argentina.

En tierra tártara, en otra Rusia entre las tantas de esta imponente Federación, llega el primer gran choque entre campeones del mundo en este 2018. En Kazan, la primera gran final. Con la Selección Argentina como protagonista, con todas sus cargas a cuestas, con todo lo que está escrito, con todo lo que no se borra, pero también con todo lo que todavía le es posible escribir.

@vitomundial

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