CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
El Mundo 9 de diciembre de 2018

Una galería de arte bajo un puente para superar la pobreza

Juliana Machado, de 37 años, enseña su humilde galería de arte debajo de un viaducto. EFE/Sebastião Moreira

por Carlos Meneses Sánchez

Juliana lleva años viviendo en la calle y ha montado una humilde galería de arte debajo del puente en el que vive, en el centro de Sao Paulo, para intentar superar una pobreza que crece de manera preocupante en Brasil.

“Ven a conocer la galería de Ju”, reza un cartel sobre la verja que rodea el terreno donde habitan ella y parte de su familia, bajo el Viaducto de los Bandeirantes, en la zona sur de la mayor ciudad de Latinoamérica.

En unas condiciones más que precarias, a Juliana Machado, de 37 años, le acompañan su marido, uno de sus ocho hijos, que recién acaba de cumplir tres, un amigo y dos gatos.

“Ya viví en la calle antes porque usaba mucha droga, pero ahí paré, encontré un marido, con el que estoy hace once años, vinimos para aquí y nos quedamos”, explica en una entrevista con Efe.

Su infancia fue “medio sufrida”, como ella define. Su madre era alcohólica y a su padre ni le conoció.

EFE/Sebastião Moreira

EFE/Sebastião Moreira

Ahora sobrevive del reciclaje informal de cartón y latas y de lo que consigue con la venta de los cuadros que halla en la basura o le donan. Todo bajo la amenaza de un desahucio por parte la Alcaldía que puede llegar en cualquier momento.

“Gané un montón de cuadros y coloqué todos fuera. Tenía unos cuadros que no me gustaban y comencé a vender todo. Y ahí las personas me hacen donaciones cuando vienen aquí a la avenida”, expresa.

“Ya llegué a tener unos 50 cuadros”, dice. Y sobre las ventas, “depende del valor que pone la persona, no vendo nada por encima de los 50 reales (unos 13 dólares). Ya llegué a vender tres por 40 reales (10 dólares), añade.

Jú es el reflejo de una pobreza que vuelve a alarmar a Brasil. De acuerdo con el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), unos dos millones de brasileños cruzaron el umbral de la pobreza entre 2016 y 2017.

En 2017, el número de personas que ganaban hasta 5,5 dólares por día llegó a 54,8 millones de personas, un cuarto de la población total de la mayor economía de Suramérica.

EFE/Sebastião Moreira

EFE/Sebastião Moreira

Alrededor del viaducto donde están Juliana y su esposo, Edmilson Nascimento, de 52 años, quien era camionero pero fue despedido y acabó en la calle, vive al menos otra veintena de familias en condiciones similares.

“Tenemos que buscar agua, la calentamos al fuego y tomamos baño en el barreño”, comenta.

El matrimonio consiguió montar en el terreno que ocupan unas tiendas con cartones, telas y plásticos para dormir.

Pero la mayor parte del espacio está reservada para otros fines. En la parte de atrás, relucen frente al infernal tráfico de Sao Paulo más de una decena de cuadros, en sus caballetes, con sus marcos, y un sinfín de juguetes para niños, libros, discos de vinilo, entre otros objetos.

Todo perfectamente ordenado y a la venta. Los cuadros juntos en una esquina a modo de exposición, los libros envueltos en plástico “para que no se llenen de polvo” y los juguetes en estanterías.

Juliana muestra la decena de pinturas que aún tiene en exhibición entre paisajes, retratos y su preferida, una en la que aparecen unas flores.

Asimismo, abre las puertas de su “casa” a cualquier niño que viva en la calle y quiera jugar con Pikachu, Spiderman o el ejército de “bebés” que ha acumulado en los últimos años.

En esta época del año, en vísperas de Navidad, consigue reunir hasta a 30 niños.

La Alcaldía solo le ha ofrecido hasta el momento trasladarle a un albergue, así que las fuerzas para seguir adelante las saca de “Dios”, porque “hay días que son tristes”, afirma emocionada.

Por otro lado, recibe 80 reales (21 dólares) por mes del programa “Bolsa Familia”, creado hace más de una década por el Gobierno central para auxiliar a los más pobres. La mitad se lo da a su madre, quien cuida de otro de sus hijos.

También recibe asistencia sanitaria de médicos voluntarios.

Aunque ahora dice estar preocupada con el presidente electo, el ultraderechista Jair Bolsonaro, quien prometió mantener los programas sociales, aunque remarcó que solo recibirán esas ayudas aquellos que las merezcan.

“Creo que los presidentes no nos ayudan. Quien hizo mucho fue (Luiz Inácio) Lula. Aunque haya robado, algo hizo”, reconoce del expresidente, hoy preso y condenado por corrupción.

Juliana no pierde la fe y tiene expectativas de abandonar el viaducto para cumplir su sueño: tener una “casita”, pero sin dejar atrás la galería de arte, a la que ya no piensa renunciar.

EFE.