Arte y Espectáculos

“Vera y el placer de los otros”: Exploración de los vínculos, deseo, tomar riesgos y búsqueda de la identidad

Última película en competencia argentina.

“Vera y el placer de los otros”, la ópera prima de los rosarinos Romina Tamburello y Federico Actis, fue el último estreno en la competencia oficial argentina en el marco del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Con actuaciones de Luciana Grasso, Inés Estévez, Estefanía Nicoló, David Zoela y Carlos Resta, solo se vio antes en el Tallinn Black Nights Film Festival – PÖFF de Estonia, antes de llegar a la ciudad. Se trata de una “coming of age” en la que aborda la exploración del deseo como una de las formas de proceso interior en el que la protagonista intenta conocerse a si misma.

La película lo hace en una historia con un alto nivel de erotismo -y a la vez de suspenso- en la que la música, los sonidos y los planos naturalistas juegan un rol preponderante en el objetivo de intentar que los espectadores y espectadoras tengan la sensación de estar, como Vera, siendo testigos de las situaciones que se atraviesan.

Los directores comenzaron a trabajar la idea de la película en 2006 -a partir del concurso Raymundo Glayzer- y justo antes de declararse el confinamiento por la pandemia de Covid, estaban el la preproducción.

Tras siete años de trabajo -que incluyeron mucha lectura y revisión de guion con el equipo de actrices y actores, mucho ensayo, un mes de rodaje- pudo estrenarse e iniciar su recorrido por festivales, mientras que estaría previsto su estreno comercial en abril de 2024.

Vera, una adolescente de 16 años, alquila por horas un departamento vacío que su madre administra, a parejas adolescentes que buscan un lugar para tener relaciones sexuales. No lo hace por dinero. En la experiencia de los otros, las otras, Vera explora sus propios gustos e intereses, su red de relaciones de amistad.

Vera permanece escondida, pero corre riesgo de ser descubierta y en ese camino, además del placer de los otros, descubre secretos de su propia familia, que la impulsan a dejar de ocultarse, pasar a la acción y, quizás sin buscarlo, crecer.

“Para encontrar eso que le provoca placer, Vera debe animarse a correr riesgos. Sobre todo el riesgo a ser descubierta. Y es esa premisa la que nos hizo trabajar decisiones estéticas cercanas al suspenso. Hay una tensión interna en el personaje que se conjuga en ese sentido. En esa búsqueda de ser invisible, Vera ve cosas que no hubiera elegido ver y eso también acrecienta el drama y le da un impulso para ir detrás de su deseo” señalaron los directores.

Además de la exploración del deseo, hay escenas, diálogos de Vera con su Madre, que logran una gran naturalidad, una química del vínculo muy honesta. Según Grasso (Vera), actriz que estuvo presente en la primera exhibición del filme, se debe “a los ensayos, al gran trabajo previo para construir y entender los vínculos y el trabajo del guión, que respetamos bastante, pero con nuestras palabras”.

Para la actriz, eso se completa con “el lenguaje” de la película, “el tiempo de la cámara, la puesta, el poco uso de maquillaje”.

“La sinceridad era posible porque había confianza para poner sobre la mesa nuestra idea del deseo. El rodaje permitió abrir el guion al equipo y empezar a plantarnos como un dúo en la toma de decisiones, siempre con mucha charla previa y mucho consenso. Creemos que las singularidades de cada une son la clave para que el resultado sea una película que acompaña y no juzga y que pone a la amistad como vehículo para encontrar lo que nos hace felices” analizaron los realizadores.

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