La Ciudad

Violencia en crecimiento, síntoma de crisis sociales, fragilidad institucional y la pandemia

En las últimas semanas, las calles de Mar del Plata han sido protagonistas de una serie de situaciones que culminan en violentos enfrentamientos. Sin ir más lejos, el pasado 28 de octubre, un hombre rompió el vidrio de una clínica, otro atacó con un hacha un colectivo y un tercero agredió a empleada del correo: las tres situaciones ocurrieron con tan solo unas horas de diferencia. Estos hechos también se notan en la criminalidad, en el tránsito y en muchos contextos de la vida cotidiana. Si bien cada caso y cada sujeto involucrado tiene sus particularidades a analizar, esta baja capacidad de tolerancia se vuelve preocupante en la sociedad.

Portal Universidad dialogó con Vanesa Baur, Magister en Psicoanálisis y Docente de Psicología Clínica en la Universidad Nacional de Mar del Plata, quien aseguró que “estas situaciones suelen verificarse en momentos de crisis sociales y que no todas las personas tenemos la misma reacción de pasar al acto en situaciones de violencia”.

Si bien se trata de un fenómeno complejo que requiere del análisis interdisciplinario, “desde el punto de vista de la psicología podríamos decir que los comportamientos violentos aparecen cuando caen otras mediaciones, por ejemplo, la de la palabra. Algo que se verifica cuando existe una sucesión de estallidos de violencia es un tambaleo de la función de la palabra en el orden social donde quedamos todos más posicionados a una cuestión originaria: vemos al otro en un enfrentamiento, como si fuese el enemigo, donde en esas escenas parece que es yo o el otro”, reveló.

En este sentido, a pesar de que cada caso y cada persona involucrada tiene sus particularidades, “no cualquiera le pega un hachazo a un vidrio de un colectivo, no cualquiera se pone a perseguir a alguien para culminar este ciclo de algo que se vuelve como eliminar al otro. Sin embargo, hay un denominador común desde el punto de vista psicológico que es esta suerte de tambaleo de la palabra sostenida por las instituciones”, aseveró.

Esta fragilidad de las instituciones puede ser vista cuando una buena parte de la sociedad, compuesta por personas de a pie (trabajadores de clase media que no tienen ningún rasgo que los reúna en minorías), “muchas veces tienen la necesidad de hacer justicia por mano propia porque sienten que nadie los protege. Creen que tienen que ser justicieros o hacerse ver porque hay muchas situaciones en las que sino son solo números”, confirmó.

Sin embargo, está claro que no todas las personas tenemos la misma reacción de pasar al acto en situaciones de violencia, la especialista explicó que “lo más habitual es que, ante una situación de estas, muchas personas se inhiban. Pasar al acto supone otras condiciones en el sujeto que no pueden ser calculadas de antemano. A veces, esas personas son sumamente tranquilas en su vida cotidiana, no necesariamente van por la vida haciendo lío”.

Con respecto a las posibles causas en las que suelen verificarse estas situaciones, Baur detalló los momentos de crisis sociales y describió a la pandemia como una de ellas: “Nos puso en una situación inédita, nos dejó un poco más al desnudo y, desde el punto de vista psicológico, tiene un carácter traumático. Esa irrupción repentina nos sacó de nuestra cotidianidad pero, además, no nos afectó a todos de la misma manera por diversas cuestiones socioeconómicas, políticas, familiares y por la subjetividad de cada uno. Hay gente que ha quedado intolerante y con muchos síntomas fóbicos que quizás antes no tenían”.

En cuanto a la situación que atravesaron muchos jóvenes del país, y las consecuencias psicológicas que tendrán, “recién ahora están retomando algo de la vida en sociedad. Sin embargo, esa vida en sociedad no es algo natural, es algo que se construye desde que nacemos. Aprendemos a interactuar con el otro, a tolerar las frustraciones, la diferencia y todo eso se ha visto afectado por el prolongado aislamiento en el que estuvimos”, afirmó.

Estando próximos a unas elecciones legislativas, donde la incertidumbre por el futuro de país está en constante crecimiento entre los ciudadanos, la psicóloga indicó que “cómo se involucra el discurso político en nuestra vida cotidiana habla de nosotros como sociedad. El modo en que nos separamos o nos volvemos intransigentes es objeto de un análisis más profundo de nosotros como sociedad en general, donde muchas veces se instalan esas separaciones tajantes en las que el otro, que no es como yo, es borrado o es desestimado“.

Más allá de ver cómo cada persona se deja afectar por esos discursos políticos, “la situación de pérdida en la que se vieron muchos argentinas y argentinos en el período de la pandemia nos puso en una situación en la que había que cuidarse por el otro pero, a la vez, hubo mucha gente que se quedó muy descuidada de sus cuestiones básicas y cotidianas. Todo eso ha dejado grandes marcas”, concluyó.

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