Arte y Espectáculos

“Yo prefiero toda la vida ser popular a ser de culto”

Vivir del humor, fue algo que Yayo Guridi deseó toda la vida, aun cuando estudiaba Economía. El humorista en un mano a mano con LA CAPITAL.

Licenciado en Economía por la Universidad Nacional de Córdoba, Yayo Guridi ejerció su profesión durante casi diez años, antes de largarse con todo a la pileta del humor. Su carrera se afirmó en los noventa, cuando lo eligió Marcelo Tinelli -al que llama cariñosamente “el cabezón”- y desde el ’95 reside en Buenos Aires, lugar al que siempre soñó en llegar y quedarse.

En el escenario es uno de esos tipos serios que largan barbaridades cada vez que abren la boca, sin que se les mueva un músculo, una característica que hace aún más efectivos sus chistes. En la vida, también es un tipo serio. Pero mucho más correcto.

Vivir del humor, fue algo que Yayo Guridi deseó toda la vida, aun cuando estudiaba Economía en la facultad, donde todavía algunos profesores lo recuerdan.

Tanto lo deseaba, que mientras hacía espectáculos en pequeños locales en Córdoba, pensaba en Buenos Aires…

– Estás haciendo humor desde los noventa…

– Desde mucho antes, en los circuitos de pubs en Córdoba, circuitos muy chiquitos que daban para el sánguche y la gaseosa. Después en los noventa llegué a Buenos Aires y me instalé en el 95. Estuve casi un año y medio viajando.

– Y haciendo circuitos off, ¿cómo es que te descubren?

– En esa época le habían dado muchas horas en Telefé a lo que era la productora del “cabezón” (Tinelli). Le habían dado dos horas los domingos y una hora todos los días de la semana, y necesitaban llenar ese espacio como sea. Así que empezaron a tirar líneas en el interior hasta que nos “embocaron” a nosotros, nos llamaron a una prueba en Buenos Aires y quedamos.

– ¿Cómo fue ese primer tiempo en Buenos Aires?

– Y, fue lindo por el lado de que uno siempre se quiso ir a vivir a Buenos Aires. Buenos Aires tiene una movida artística que debe ser una de las más interesantes a nivel mundial. Y fue duro por el lado laboral porque era como estar jugando en un club de barrio y de golpe jugar en uno de los principales clubes de la Argentina. Nosotros veníamos con otro ritmo, televisión cero, y adaptarse fue duro, llevó un tiempo largo. Pero nos tuvieron la paciencia necesaria y quedamos, estuvimos once años.

– ¿Fue un contrato que justificó mudarse?

– No, el contrato no lo justificaba, justificaba que uno estaba haciendo lo que tenía ganas. Eso fue lo motivante. Fuimos a “quemar las naves”, que sea lo que Dios quiera y bueno, si nos iba bien, íbamos a tener una gran continuidad laboral, que fue lo que se dio. Y si nos iba mal íbamos a dormir tranquilos, sabiendo que lo habíamos intentado.

– ¿Por qué te quedaste solo?

– Eso se va dando, lo vertiginoso del laburo hace que llegue un momento que sin darte cuenta te quedas solo y te transformás en tu productor, en tu guionista, en tu editor, en tu postproductor. Lo que pasa es que con los que yo me vine, que eran los “Gauchos”, los locos tenían una gran capacidad como productores, hicieron carrera por ese lado.

– Y ahí es que decidís largar del todo la economía?

– La economía la largo en el 95 cuando renuncia Angeloz, yo estaba ahí como asesor en el ministerio de Economía.

– Desde esa experiencia, ¿cuál es tu lectura de la economía hoy?

– Y, es muy pronto hacer una lectura y más que yo estoy ahora prácticamente en una isla, no le estoy dando bola a nada. Me guío nada más por el rebote de la gente.

– Pero seguramente tendrás una lectura económica y política de la actualidad…

– Si, pero no le doy mucha bola. Y en Buenos Aires yo tengo un ritmo de laburo muy similar al que tenía en Video Match, no tenés tiempo como para sentarte a ver qué pasa, estás metido en la diaria…

– ¿No notás en la gente si va más o menos al teatro?…por ejemplo lo que está sucediendo esta temporada en Mar del Plata…

– Y, es una temporada muy atípica, si. Pasa que nosotros hacía seis años que no veníamos a Mar del Plata -donde hice ocho temporadas-, entonces es como que somos medio la novedad y la novedad tiene ese plus de que sabes que te puede llegar a ir bien. A nosotros nos va bien, escucho comentarios a la noche cuando vamos a comer y nos juntamos con gente del palo que dice que está jodido. Pero yo no soy de fijarme mucho en cómo le va a los otros y no me alegra que a uno le vaya bien y a los otros no. Yo soy de la idea de que uno viene a compartir una temporada, no vengo a competir con nadie ni si te va mal salir a despotricar y si te va bien enrostrárselo a los otros. Pero sé que es una temporada jodida, donde por estas cuestiones económicas a la gente le ha convenido irse afuera del país y en una de las plazas más fuertes como Mar del Plata es donde más se siente.

– ¿No tendrá relación también con el temor a lo que vendrá?

– Sí, puede ser también, no creo que haya un solo motivo que explique totalmente esto. En principio yo creo que es gente que se fue a veranear con un dolar de diez pesos, que hace que te convenga cualquier parte del mundo antes de quedarte acá, o por lo menos a costos iguales ir a conocer afuera. Después puede ser también gente que se ha quedado agazapada a ver que pasaba con este cambio de gobierno después de casi doce años que yo creo que en democracia ha sido el período más largo que ha tardado en renovarse un gobierno.

– ¿Esto no le cambia el humor a la gente?

– Yo en lo mío no lo noto, la gente que nos va a ver ya entra con un código sabiendo medianamente qué es lo que va a ver. Si le cambia e humor no te lo va a demostrar a vos dentro del teatro. O a lo mejor por lo contrario, potencia lo nuestro, entre el malhumor general la gente busca como descargarse. Por ejemplo en grandes épocas de crisis nosotros hemos laburado muy bien. No hay una relación de cómo está el país, que si el país está bien a vos te va a ir bien. A nosotros cuanto más mal ha estado el país mejor nos ha ido…

– Quizá sea una característica del humor…

– Y, sí, qué sé yo, son cosas que uno va descubriendo. Año tras año, todas las temporadas tienen algo nuevo…

– ¿Siempre hiciste el mismo tipo de humor?

– No, en Córdoba era totalmente diferente. Esto fue un boom que se dio en el 2001 de la mano del “cabezón” y hasta hoy en día sigue vivo y no sé por qué sigue vivo. La cuestión es que a nosotros seguimos adelante con esto porque nos sigue yendo gente a ver, así de fácil.

– Igual, en teatro no hacés exactamente el mismo humor…

– Es que el teatro te permite eso, estar sin filtro, hacer lo que vos quieras y por ahí es lo que la gente también va a ver. Y en la tele no, hay otros códigos, estamos los domingos al mediodía, está la familia sentada y teníamos que atraer a la familia a esa hora, por suerte se dio, con “Sin Codificar”, que ya tiene ocho años en el aire…

– ¿Se puede decir que “Sin Codificar” es un programa de culto?

– Yo creo que desde que pasó a Telefé dejó de ser de culto. Se hizo masivo. De culto yo creo que fue cuando estábamos en América. Ya en Telefé pasamos a ser casi popular, te diría.

– ¿Te gustó ese cambio?

– A mí sí. Yo prefiero toda la vida ser popular a ser de culto.

No sólo porque siendo de culto tenés un público más chico, sino porque tampoco tenés tantos recursos como para crecer. Yo creo que siendo de culto, lo que te pasa es que te morís en ese nicho.

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