8 de mayo de 2017
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El dictado del gordo

por Odda Schumann

Hamburguesas y helados, cremas de torta con merengue y dos pausas. Una para la Coca y la otra para el tercer postre. Los dos primeros van luego de la segunda entrada.
El coñac calma todo, dice la abuela. Lo bueno es la gastritis: vuelve el chorizo y el queso azul. Nadie se lava los dientes. Tampoco usamos perfumes ni cagamos, tenemos ropa nueva y mucha plata. Eso no se dice. No se dice nada. No se dice que no se está orgulloso de parecer un cubo semi inmóvil. El gordo dicta: no corre, come sin culpa y no tiene novia. Para el resto hay excusas. Es despreciable. Insaciable. No tiene fondo, dice la abuela. El aljibe no tiene fondo y a nadie le importa. Pero el gordo se convence.
Ahora es un aljibe de recuerdos de azúcar. Sobrevive. Así le dijo la vieja: hay que sobreviví, la vida e’dura. Y el gordo no sabe por qué las recetas del panqueque y que dónde queda el maxiquiosco ese que vende las tabletas de… y ahora la cena y esta vez sí son cuatro postres porque duerme once horas por día y raya las zanahorias que le recetó el médico para no volar de hipertensión. La mañana se desploma con la abuela y el gordo que jura que se está cuidando. Tocan timbre y es Paola con las cuatro muñequeras cocidas para que el gordo dispare y dispare el joystick. Dos limonadas para la tarde de juegos y el pote de cacao debajo de la cama. El día perfecto. El gordo se mira por porciones en el vidrio. Hay reflejo porque hace sol. Hace sol, dice la abuela. El gordo ríe (¡qué vieja boluda!). Nadie colecciona galletas en fila sobre el pecho como él. ¡Traeme una toalla! A pesar de todo es pulcro. Bate el cacao, primer dolor. Se manda las galletas y dispara mil setecientas veces, segundo dolor. Insulta a la abuela, cambia de juego y se lame los dedos por el olor a mayonesa; tercer dolor. Sube la abuela a gritarle y le dice algo de Israel. El gordo no puede cerrar la boca. Pero sonríe. Está solo. La vieja también y no es feliz. El gordo saca papas fritas de un cajón y le convida. La vieja
muere dos veces. Primero de emoción. El gordo no puede moverse y se pone a llorar.
Se mea encima y vuelve a agarrar el joystick. El último juego.

(*): www.paramatarlapoesia.com

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