20 de marzo de 2017
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Entre el callejón y el pantano

por Vito Amalfitano

Boca no tiene alternativas. Este Boca está en un callejón y solo le queda una salida. En fútbol es nocivo hablar de la “obligación” de ganar. Pero las circunstancias pusieron en este sendero al equipo de Guillermo.

Tras dos aperturas de mercado de pases en las que su club invirtió millones, antes y después de la eliminación del año pasado de la Copa Libertadores y al quedarse sin poder jugar este certamen en 2017, Boca “tiene” que ganar el torneo más desprolijo de la historia del fútbol argentino. No se sabe cuando termina, cuando se disputará cada partido, cada club puede elegir cuando juega…

El problema es que Boca gastó mal, en esos mercados, y en los anteriores con Arruabarrena, y que ahora el actual entrenador, Guillermo Barros Schelotto, es parte de la confusión general. Tiene todo para ganar, a pesar de esas malas elecciones, porque igual le sobra plantel. Y porque el resto de los equipos está muy bajo o preocupado por la Copa de la Boca no se puede ocupar porque no la juega. Sin embargo, no logra asentarse como equipo y el lío se sigue viendo en la cancha. Como si se empecinara en demostrar que un campeonato tan enmarañado lo tiene que liderar un equipo caótico.

En Boca sobra el vértigo, falta el juego. Y abunda el desorden en el retroceso. Nada fuera de la común. Así son la mayoría de los equipos en el fútbol argentino de hoy. La cuestión es que para Boca, naturalmente, las exigencias son mayores. Y el domingo, por lo que se vio en TV, y a lo largo de lo que observamos en el verano en Mar del Plata en la cancha, quedó claro que Boca está en el mismo barro de la mediocridad de un fútbol que perdió identidad y en el que, de acuerdo a lo visto también en los seleccionados juveniles sub 20 y sub 17, habrá que volver a empezar bien desde abajo. El camino que hicieron a largo plazo Alemania y España, con la técnica y con un plan y una idea de juego, y hasta con el Estado detrás de las escuelas de fútbol. El sendero que nosotros ya teníamos transitado por idiosincrasia futbolera pero que ensuciamos con mensajes que cambiaron nuestra concepción del juego.

Así es como Boca busca jerarquía desde que dejó ir a Riquelme, y no la encuentra. Y es increíble que termine extrañando un jugador como Centurión. Simplemente porque al menos puede hacer una gambeta de más o algo distinto. Pero aun así, con su confusión y sus carencias, Boca puede quedarse, como se imagina en la lógica, con este campeonato para el olvido.

Y así es como también casi todos caen en el pantano de esa mediocridad. Lanús era el que mejor jugaba hasta “hace dos días”, pero desde que perdió un par de futbolistas de jerarquía dejó de ser el mismo. San Lorenzo y Racing son el prototipo de la irregularidad. Independiente empieza de vuelta cada día. Y River “solo” muestra la virtud de ser copero (que no es poco en este tiempo, de todos modos). Pero nadie impone autoridad futbolera manifiesta y cualquiera le gana a cualquiera. Se iguala para abajo. Pero no precisamente por un virtud competitiva, sino por el nivel bajísimo de la mayoría.  

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