29 de agosto de 2016
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Nunca se fue

Por Vito Amalfitano

La renuncia de Messi a la Selección no fue tal. No medió ni un solo partido oficial o amistoso del equipo mayor entre su anuncio de salida del equipo en la noche posterior a la derrota por penales ante Chile en New Jersey, en la final de la Copa América Centenario, y el que jugará, si es que está 100% físicamente, el jueves ante Uruguay en el estadio Malvinas Argentinas de Mendoza por las eliminatorias para el Mundial de fútbol Rusia 2018.

Acaso fue una de sus gambetas más brillantes de los últimos tiempos. Invirtió la carga de la prueba. Evitó que el peso de una nueva final perdida recayera sobre él, que sigue sin ser determinante en los partidos decisivos del equipo nacional, y generó un operativo “clamor” que derivó en este “retorno”. ¡Qué va a volver si nunca se fue! El único que pagó los “platos rotos”, al final, fue “el Tata” Martino. No fue culpa de Lío, ni del DT, sino del desorden del fútbol argentino y de una intervención inoportuna e irresponsable del gobierno nacional que derivó en una crisis provocada, una acefalía y en una representación vergonzosa en los Juegos Olímpicos.

Como sea, esa historia quedó atrás y desde el jueves empieza un nuevo desafío para la Selección y para Messi, en un año que por ahora no es el mejor ni mucho menos de Lío, sobre todo en la competencia de astros. Esta vez sí Cristiano Ronaldo y Neymar le sacaron gran ventaja. El portugués fue campeón de Europa de clubes y selección, con Real Madrid y en la Euro, respectivamente. Más allá de su lesión en la final de esta última competencia, fue decisivo para la llegada a ese cotejo. Y cada vez que tuvo que patear un penal clave, además, lo convirtió. Neymar, en tanto, condujo a Brasil a ganar el primer título olímpico de fútbol de su historia y no falló en el penal decisivo ante Alemania. Messi no apareció en su dimensión, una vez más, en una final con la Selección, y también erró en la definición “desde los 12 pasos” ante Chile.

Esos son datos puros y duros de la realidad. No quiere decir que “no cuidemos” a Messi, como más de uno se apresurará en decir. Todo lo contrario. Lo peor que le hizo a Lío en este tiempo fue el “sí Messismo”. Más allá de este año hasta ahora fallido, Messi es un extraordinario jugador, verdad de Perogrullo, el mejor futbolista del mundo hasta esta temporada y el gran goleador del fútbol mundial. Pero en la Selección, desde la salida de Riquelme, desde no valorizar lo que le podía y le pudo aportar Román, a Messi le hicieron presumir de conductor, capitán, líder, sin aptitudes para ello, y sin la libertad para dar rienda suelta a su verdadero potencial. Mientras en Barcelona hizo el camino inicial con un docente como Guardiola y dos conductores, líderes y capitanes naturales en la cancha como Iniesta y Xavi, en la Selección le tiraron todo el peso a él. Resultado: en Barcelona, sin cargas iniciales, hace ya un tiempo que se anima a todo y no necesita casi de aquellos tres (aunque Iniesta sigue siendo el cerebro), mientras que en Argentina la mochila es cada vez más pesada a medida que se suman las frustraciones.

Lo más difícil para Edgardo Bauza no era convencerlo para “volver” a la Selección. Eso era sencillo. Messi ama la camiseta argentina. El verdadero desafío del DT será quitarle mochilas, sacarle peso de encima, rodearlo de un buen funcionamiento y, de ser posible, de otros conductores, para que el rosarino pueda hacer Lio en libertad.

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