28 de agosto de 2016
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“¿Ya compró el Token, doctor?”

por Pablo Andrés Horiansky

– Y… ya compró el Token, doctor, no?

– El….que?

Me repitió el nombre del artefacto desconocido y enseguida entendí que estaba ante la presencia de una especie de enemigo nuevo en la selva enmarañada en la que se estaba convirtiendo mi profesión.

Llamé enseguida a un colega amigo.

– A partir del mes que viene, no te van a recibir más escritos en papel en las mesas de entradas de los Juzgados en Provincia. Se van a presentar en forma electrónica. Se utiliza la firma digital por medio de un “Token” que tenes que Comprarle al Colegio de Abogados.

Mas allá que esta forma informal en que me suelo enterar, siempre tarde por cierto, de las novedades que afectan mi ejercicio profesional me tiene harto, me repongo. Con la angustia de pensar que ya no podré llevar orgulloso, el producto de mi trabajo a su destino final en la mesa de entradas del Juzgado, voy al Colegio de Abogados y le pregunto a la señora que me atiende por el Token:

– Número de Matrícula Profesional?

Le doy mi matrícula sin entender el motivo.

– Aquí tiene Dr. son $ 800.-

Me tendió un cosito que se parecía a un Pendrive. Se lo dije:

– No Dr! Es un Token! – me refutó como si yo hubiera cuestionado una verdad sagrada.

Una mañana entera…

No tenía dinero y la conversación se había vuelto críptica. Volví mas tarde y lo compré. Me dieron un papelito de instruciones de instalación y volví cabizbajo al estudio.

Una mañana entera comunicándome con un 0-800 de la Suprema Corte de Justicia me insumió validar e instalar el dichoso dispositivo en mi computadora. Me llamó la atención que el sistema funcionara bajo el navegador “Explorer”. Este navegador de internet es como un Ford-T en materia de programas de internet. Ya nadie lo usa, es arcaico, esta lleno de parches y lo peor de todo: está discontinuado. No tiene repuestos. Desde hace más de dos años que no se actualiza y eso en informática significa: le van a entrar todos los virus. Mala ahí.

– Todavía no es obligatorio -me dice otro colega- y con un guiño pícaro me revela su estrategia – yo voy a esperar, no pienso comprarlo. Seguro que todo esto se vuelve para atrás y termina por no aplicarse…

Y es que a los abogados no nos gusta nada la idea de que los expedientes se vuelvan virtuales. Necesitamos sentir el papel y la tinta impresa a la vista. Le tomamos cariño a esas apolilladas y enmohecidas carpetas amarillentas, cosidas con hilo de encomiendas y con olor a tiempos pasados. Años en general, por mas simple que sea el reclamo. Cuantos mas años, mas moho y cantidad de cuerpos de expedientes, más cariño le tomamos.

Hubo entonces una postergación para la presentación obligatoria de escritos mediantes este nuevo sistema. Me olvidé un poco del token. Como esos juguetes que cuando niño, dejaba que juntaran polvo en los rincones luego que pasaba la novedad.

Un día vuelve la amenaza.

– Ahora sí, en abril se aplica seguro.

Vuelta al estudio ingreso el token en la computadora y cuando inicio el sistema….Maldición. No entra la clave que creí que era. Después de un rato de probar, un contador de intentos, me indica que tengo cinco intentos mas y despues..

Voy al Colegio de vuelta y la encargada de la sección técnica con mirada censora me recomienda:

– Deje que se terminen los intentos. Se bloquea y reinicia el token. Tiene que volver a autorizarlo.

Me siento un tonto pero hago todo el procedimiento de vuelta y regreso al mundo de los vivos. Pasa Abril y se posterga la aplicacion para agosto. Llega agosto, primer día despues de la feria judicial Como si nada, un ejercito de abogados y empleados de estudio se dirige a tribunales con sus anticuados documentos de papel. Se estrellan contra la modernización del Estado. Nadie les recibe el escrito. SOLO CON TOKEN. Escritos virtuales o nada.

Gritos, llantos, furibundas protestas con abundantes citas legales. Los abogados se sienten mancillados por este abuso informático. Resultado: nota del Colegio de Abogados (el que te vende el cosito) pidiendo la suspensión del sistema y resolución de la Suprema Corte ordenando la convivencia por ahora de los dos sistemas.

Resistencia al cambio

La pregunta es lógica. ¿Por que nos resistimos al cambio?

El sistema tiene enormes beneficios: se elimina la mayor parte de actividad de procuración, no hay riesgo de pérdida del expediente, no se gasta casi nada en insumos de papel y tinta, se limita sl máximo el roce producido por el contacto entre profesionales y empleados de mesas de entradas, la documentación se envia escaneda y se reservan los originales en los estudios jurídicos, se ahorra el tiempo traslado a los tribunales, es un sistema amigable con el medio ambiente.

Los motivos de la oposicion a este cambio son variados y a veces pueriles: costo del token, incapacidad de manejo de nuevas tecnologías por parte de algunos profesionales, desconfianza de los colegas ecpresada en curiosas teorías conspirativas. Yo por mi lado, ya pasé el “período de adaptación”. Ya no le tengo miedo a este extraño adminículo y encuentro cada día nuevas virtudes al sistema de tramitación electrónica de procesos judiciales en Provincia de Buenos Aires.
(*): Abogado

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