Un relato fantástico sobre el Asilo Unzué forma parte de la antología “Cuentos de Provincia”
La Provincia de Buenos Aires lanzó una serie de historias (escritas y en formato audiocuentos) basadas en mitos y relatos fantásticos de la región. Una está situada en el antiguo instituto del barrio La Perla, un lugar lleno de leyendas. LA CAPITAL dialogó con su autora, Betina González, sobre su inspiración para la escritura.
El Asilo Unzué, escenario del cuento fantástico de Betina González.
Por Félix Lencinas
“Cuentos de Provincia: relatos para recorrer el territorio bonaerense este verano” es una propuesta del Instituto Cultural de la Provincia y el Ministerio de Comunicación, a través de Radio Provincia, que lleva historias que recuperan mitos e historias fantásticas situadas en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires, pensadas para ser leídas y escuchadas. Los audiocuentos se pueden escuchar a través del Spotify de la radio. Próximamente, también saldrán en formato papel y digital para poder ser leídos.
Los cuentos están ambientados en ciudades, pueblos, ríos, rutas y paisajes bonaerenses, donde el territorio no funciona solo como escenario, sino como protagonista. Se hizo una convocatoria a los municipios para que enviaran una narración fantástica que fuera reconocida por su comunidad. Una vez recibidas todas las propuestas, se realizó una curaduría para seleccionar a las diez historias más representativas de cada región de la Provincia.
Luego, fueron convocados diez escritores reconocidos para que cada uno de ellos escribiera una versión particular para el podcast. Una vez recibidos fueron grabados en los estudios de Radio Provincia por Alejandro Apo y Maribel García.
Uno de esos relatos está situado en Mar del Plata y en particular en el Instituto Saturnino Unzué. “El castigo”, escrito por la reconocida escritora Betina González, cuenta la historia de tres niñas que deben cumplir un castigo y describe lo que implica vivir en aquel lugar silencioso, oscuro y represivo. Los pasillos, las monjas, las celadoras, el jardín y el mar crean un ambiente misterioso e inmersivo.
Betina González es escritora y docente, oriunda de Villa Ballester, ganadora del premio Clarín en 2006 con su novela “Arte menor” y luego fue la primera mujer en ganar el premio Tusquets de Novela con la novela “Las poseídas” en 2013. LA CAPITAL dialogó con la autora sobre su relación con Mar del Plata y la inspiración para escribir el cuento.

González es autora de ensayos, cuentos y novelas como “Arte menor”, “Las poseídas” “América alucinada” y “Olimpia”.
—¿Cuál es tu relación con Mar del Plata y por qué la elegiste como escenario del cuento?
—Mar del Plata es una ciudad que siempre me encantó, desde que pasé mi primer verano ahí de chica con mis viejos y luego de adolescente en Punta Mogotes. Tiene esa mezcla de elegancia con algo salvaje que le dan los acantilados y esas colinas y esa piedra muy única. Además de lo importante que es para la historia cultural argentina, todo lo que significó y significa para la literatura. La elegí por todas esas cosas y porque, al ser una ciudad grande y con tanta historia ligada a la élite cultural, tenía muchas leyendas para ofrecer. Y escenarios que van del art decó a la arquitectura ecléctica, el racionalismo o los chalets señoriales, además del cementerio de la Loma. Está llena de rincones que se prestan al gótico, al fantástico, al policial.

Se cree que entre 1911 y 1998 pasaron unas 8.000 niñas por el Unzué.
—¿Qué te atrajo del asilo Unzué y sus leyendas? ¿Cómo investigaste sobre las mismas?
—Siempre había visto el edificio y me daba curiosidad. Sabía que había sido un orfanato, pero eso era todo. Cuando viajé el año pasado no pude entrar porque estaba clausurado, pero hay mucho material online. Un documental que me sirvió mucho para escribir el cuento y se puede ver en Youtube, es “Asilo Unzué: la performance patricia del Socorro” de Leonardo Maldonado, un joven que investigó el orfanato porque allí se criaron su madre y su tía. Elba y Edelmira, que nacieron en Zárate. Cuando eran niñas, en 1941, fueron internadas en el Asilo Unzué, que estaba dirigido por las Hermanas Franciscanas de María. El documental es muy bueno, muestra cómo en el funcionamiento de este asilo para niñas huérfanas y pobres pueden leerse las tensiones socioculturales y políticas de la Argentina de entonces. Además, hay entrevistas a Susana Delgado, Dora Barrancos, Laura Golbert, Sandra Mansilla. A mí sobre todo me sirvieron los testimonios de Elba, porque cuenta, por ejemplo, lo de la obligación de estar en silencio todo el tiempo –como, entonces, no podías hacerte ni una amiga– y también los castigos, como lo del jabón en la boca. Y las tomas en el interior del asilo fueron cruciales para imaginar el espacio. También encontré fotos históricas en blogs sobre Mar del Plata antigua. Terminé eligiéndolo por todo eso y porque el tema de las monjas y la religión católica me es muy afín, ya lo había trabajado en “Las poseídas”. Claro que la leyenda de la monja violada la tomé un poco lateralmente, pero siempre pasa que una se lanza a escribir y surgen otras cosas.
Ver el documental “Asilo Unzué: la performance patricia del Socorro” de Leonardo Maldonado, sugerido por la autora acá:
—¿Hay algún otro lugar de Mar del Plata que te haya llamado la atención para contar otras historias?
—Muchos, estuve a punto de lanzarme a escribir sobre el fantasma de la mujer que aparece en el hoy Museo Castagnino, que antes era la Villa Ortiz Basualdo. El edificio es impresionante y no descarto utilizarlo en algún cuento… También me debo una historia en el Hotel Provincial, es una joya. Creo que es importante que Mar del Plata encuentre formas de conservar esas villas y casonas que le dieron su espíritu, son parte de su identidad.

Lavandería del Asilo Unzué cerca de 1912, fecha próxima a la llegada de las primeras pupilas.
***
El relato de Betina González es oscuro: las protagonistas describen sus vidas dentro del Asilo. Las figuras de las celadoras y las monjas crean un clima de silencio que reprime, cuya ruptura es una de las infracciones más graves. Mientras cumplen su castigo, el amanecer y el sonido del mar de fondo crean una escena opresiva, con el jabón en sus bocas y los pensamientos que se escapan con la espuma. A medida que avanza el relato, lo sobrenatural y las leyendas toman protagonismo, dando una atmósfera aún más oscura pero liberadora en el final.
Los otros relatos de la colección toman otros puntos de la provincia. “La leyenda del jinete sin cabeza” de Sergio Olguín que propone un viaje a Punta Alta, en Coronel Rosales. Un triángulo entre un oficial, un cabo y la hija de un médico termina en una ejecución con bayoneta. Es el origen de un mito: un hombre que perdió la cabeza y que todavía hoy, cada 10 de mayo, vuelve a los caminos para cobrarse una vida.
Raquel Robles escribió “Piecitos fríos” que presenta a Luisa, una niña de Chivilcoy que aprende demasiado pronto a convivir con lo que otros prefieren no ver. Un relato donde las sombras hablan y la infancia escucha.
Leila Sucari en “El caballero inglés” convoca a un fantasma de Carlos Keen empeñado en recuperar aquello que perdió: su cuerpo, su nombre y su lugar en el mundo.
Luciano Lamberti con “La mujer del agua” nos lleva a Saladillo para recuperar una leyenda que un abuelo le contó a su nieto en un bote quieto al atardecer. Años después, ese mismo recuerdo vuelve a abrirse cuando el narrador regresa a la laguna, donde la línea entre la historia y lo que todavía habita el agua se vuelve inquietantemente delgada.
Pablo Ramos con “Victoria y la pupila Victoria” nos lleva a Avellaneda para recuperar una leyenda nacida entre fábricas, viejas curtiembres y calles que guardan secretos.
Desde Pergamino, Tomás Downey relata en “Verdes, piel rugosa, un solo ojo” la desaparición de un joven y el pacto desesperado de tres amigos que esconde una mentira absurda que, de tanto repetirse, empieza a hacerse realidad.
“El árbol que llora” de Jorge Consiglio sitúa su relato en La Plata, una ciudad de tránsito, hoteles y encuentros aparentemente casuales. Allí, una antigua leyenda ligada al Paseo del Bosque vuelve a circular, insinuando que algunas presencias no desaparecen del todo.
En “Caribea”, Alejandra Kamiya construye una historia que circula entre Quequén y Necochea, ligada a un barco que llega durante una tormenta y a un hombre al que todos llaman El Loco, pero que es el único capaz de ver. Mientras las autoridades no encuentran nada fuera de lo normal, el relato avanza entre rumores, silencios y gestos mínimos que desafían la lógica.
Fernanda García Lao con “Carmelito se desvanece” nos traslada a Carmen de Areco donde la búsqueda de una criatura legendaria se transforma en una experiencia mística y perturbadora. Lo que comienza como una misión científica para captar a “Carmelito” termina por revelar una verdad más profunda.
Escuchar el relato “El castigo” de Betina González disponible en el Spotify de “Cuentos de Provincia” en la voz de Maribel García:
Lo más visto hoy
- 1Polémica por los bungalows junto al mar, Milei se suma a la temporada, el mago Rottemberg y el truco de “Chiqui” Tapia « Diario La Capital de Mar del Plata
- 2Una mujer denunció a su hijo y pidió que allanaran su propia casa « Diario La Capital de Mar del Plata
- 3El emporio de la droga: así operaba la banda que vendía todo lo que le pidieran « Diario La Capital de Mar del Plata
- 4Baja la temperatura: cómo estará el clima este miércoles en Mar del Plata « Diario La Capital de Mar del Plata
- 5Un menor estaba en una plaza con un arma de fuego « Diario La Capital de Mar del Plata
