El jueves se presenta el presupuesto, ni la fiesta de otros años ni una catástrofe y el rico debate sobre el turismo joven
Todos los entretelones de lo que es noticia en Mar del Plata.
Después de varias prórrogas, el Ejecutivo de General Pueyrredon finalmente elevará este jueves el presupuesto municipal. La demora no fue técnica ni contable, sino política. Y de las que se negocian en voz baja, con planillas abiertas y teléfonos que no paran de sonar. El foco del conflicto está claro desde el primer borrador: aumento de tasas y tasa vial. Dos palabras que, en este contexto, funcionan como fósforos en una habitación con olor a nafta. Ahí es donde empieza a tensarse la convivencia dentro del oficialismo local, ese armado de geometría variable donde conviven el PRO, la UCR y La Libertad Avanza. En el Palacio Municipal saben que sin una actualización de ingresos el presupuesto queda descalzado. Servicios, mantenimiento, obras mínimas y una ciudad que en verano duplica su población no se financian con buenas intenciones. Pero también saben que La Libertad Avanza juega con otra lógica, más alineada con la bajada nacional que con las urgencias del territorio.

Y en las últimas horas se intensificaron las conversaciones, charlas y roscas entre las líneas oficialistas que pugnan por lograr los 14 votos del Concejo. El mensaje que llegó desde La Libertad Avanza, directo de Sebastián Pareja, principal armador libertario en la provincia, fue explícito: nada de presupuestos deficitarios y nada de aumentos de tasas o impuestos desproporcionados. El mensaje no fue solo para la Legislatura bonaerense. También fue una señal hacia los concejos deliberantes del interior, incluidos los que integran gobiernos de coalición. Traducido al idioma de Mar del Plata: acompañar un aumento de tasas puede ser leído como una herejía libertaria. Ahí aparece la pregunta que circula con insistencia por los pasillos del Concejo: ¿qué harán los libertarios locales cuando el presupuesto llegue al recinto? ¿Votarán en línea con la conducción provincial y nacional, aun cuando eso complique la gobernabilidad municipal? ¿O buscarán una salida más pragmática, con algún gesto técnico que les permita no quedar pegados a un “no” rotundo?

En el entorno más cercano al intendente, repiten que el Presupuesto 2026 no es expansivo ni electoral, sino un intento de sostener el equilibrio fiscal sin resignar servicios básicos. “La prioridad es que el municipio siga funcionando”, dicen, y enumeran limpieza urbana y el sistema educativo municipal –el más grande del país– como líneas rojas, en sintonía, aclaran, con el rumbo que marca el Gobierno nacional. La explicación oficial incluye un combo que busca dialogar con el clima libertario: baja de tasas, mejora en la recaudación y una promesa de mayor equidad fiscal. Según esa lectura, la idea es que “no paguen siempre los mismos”, mientras se avanza en un esquema más eficiente. En ese marco, la gestión ya eliminó 260 tasas y sellados y tiene identificados otros 15 que irán por el mismo camino, con el argumento de simplificar trámites y descomprimir la relación del vecino con el Estado.

Otro punto que el Ejecutivo subraya puertas adentro es la creación de un RIGI local, alineado con la política nacional, como señal al sector privado: atraer inversiones, promover la radicación de empresas y generar empleo. “Mar del Plata tiene que ser competitiva”, repiten. Pero el corazón del presupuesto –y también su principal tensión estructural– está en otro lado. El municipio de General Pueyrredon sostiene al 100 % el sistema educativo municipal, algo único en el país por su escala: 86 establecimientos, más de un tercio de los alumnos que asisten a escuelas públicas del partido. Ese esfuerzo, remarcan, no está reconocido en el Coeficiente Único de Distribución de la coparticipación provincial, que sí contempla hospitales municipales, pero excluye a las escuelas. La asimetría no es menor: el costo anual del sistema educativo ronda los 35 mil millones de pesos, lo que equivale a tres años completos de recaudación de la Tasa Vial.

A eso se suma una deuda del IPS por jubilaciones del sistema educativo que, según números oficiales, asciende a 6 mil millones, un agujero que el Municipio cubre con recursos propios. “Con todo eso arriba de la mesa, igual se decide sostener la educación”, dicen cerca del intendente. El mensaje es claro: orden fiscal, menos tasas y más incentivos a la inversión, sin resignar servicios esenciales, aunque el equilibrio sea cada vez más fino y la discusión política esté lejos de cerrarse. “Es un presupuesto serio y trabajado y estamos convencidos de que será aprobado”, sostienen cerca del intendente Agustín Neme.

Mar del Plata tuvo este fin de semana su mejor foto de enero. Hoteles entre el 80 y el 90 por ciento de ocupación, playas llenas, restaurantes con espera y una agenda de espectáculos que, esta vez sí, empujó fuerte. No fue un fin de semana más: fue el fin de semana. La ciudad se apoyó en los shows grandes para traccionar público. Ciro y Los Persas, Luciano Pereyra, Diego Torres, nombres que garantizan volumen, público transversal y algo clave este verano: excusa para viajar. A eso se sumó el circuito nocturno, con Playa Grande y el sur explotados, fiestas electrónicas, recitales y pequeños escenarios que también tuvieron su cuota de lleno. Los balnearios trabajaron mejor que nunca, en especial Punta Mogotes, que volvió a mostrar postales de otras temporadas: carpas ocupadas, consumo sostenido y movimiento constante durante todo el día. El clima ayudó, claro, pero no explica todo. La ciudad logró, al menos por un fin de semana, alinear oferta, agenda y gente.

Ahora viene el asterisco, que en Radio Pasillo nunca se esconde debajo de la alfombra. Este fue el mejor fin de semana de la temporada, pero no superó al del año pasado. Ni en cantidad de gente ni, sobre todo, en nivel de gasto. La comparación aparece en todas las charlas del sector: hubo movimiento, sí, pero más cuidadoso, más racional, más medido. Restaurantes llenos, pero con mesas que comparten platos. Boliches a tope, pero con menos barras abiertas. Playa completa, pero con vianda y conservadora. “Zafamos. Podría haber sido peor”, resumió sin vueltas un empresario gastronómico en Bendu Arena, luego de “cholulearla” al pedirle una foto a “Caruso” Lombardi en el VIP mientras una multitud disfrutaba del show de Ciro y los Persas. La frase condensa el ánimo general del fin de semana: alivio, no euforia. El contexto pesa. La cantidad de argentinos que optó por el exterior fue mayor a la esperada y eso se siente. Brasil, Uruguay y hasta Chile aparecen en las conversaciones como la comparación inevitable. El dólar planchado ayuda a salir, pero le complica el partido a los destinos internos. Mar del Plata resiste, pero ya no gana por default.

Por eso el balance es agridulce. La ciudad mostró que tiene con qué: infraestructura, agenda cultural, noche, playa y volumen. Pero también quedó claro que sin eventos fuertes, el consumo no despega solo. La temporada se sostiene más por programación y clima que por billeteras sueltas. Mar del Plata pasó la prueba del fin de semana largo, evitó el golpe y se permitió respirar. No fue la fiesta de otros años, pero tampoco el escenario de catástrofe que algunos anticipaban. En criollo, zafamos. Y en este verano, zafar ya es una forma de éxito. Lo que suceda en febrero, salvo el fin de semana largo de Carnaval, el primero del año (lunes 16 y martes 17) lejos estará de asemejarse a lo que se vivió en enero. “La gente ya está pensando en comprar los útiles para los pibes porque las clases empiezan temprano. Será muy bueno el fin de semana de Carnaval, porque para muchos se convertirá en la última escapada de la temporada. y después habrá que esperar a Semana Santa”, reflexionaba propietario de boliche de Playa Grande que no tiene agendados aún shows para los fines de semana del segundo mes del año, salvo justamente para el de Carnaval.

De hecho, el feriado largo de Carnaval vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer en la Argentina: mover gente, plata y rutas. Del 14 al 17 de febrero, con calor, chicos sin clases y pocas excusas para quedarse en casa, los argentinos ya decidieron: Mar del Plata vuelve a ganar la pulseada. Según datos de Booking.com, es el destino más buscado del país para el fin de semana largo. No es novedad, pero sí confirmación: cada vez que el bolsillo aprieta, la Costa Atlántica aparece como refugio conocido, relativamente accesible y con oferta para todos los gustos… y bolsillos. Detrás de Mar del Plata, aparecen Bariloche, la Ciudad de Buenos Aires, Villa Carlos Paz y Villa Gesell. Un mix clásico: playa, sierra, ciudad y nostalgia noventosa. Nada muy disruptivo, pero muy revelador del humor social. En el plano internacional, Brasil arrasa. Cuatro de los cinco destinos más buscados están del otro lado de la frontera: Florianópolis, Río de Janeiro, Buzios y Bombinhas. Sol, real competitivo y la sensación –real o imaginaria– de que afuera todo rinde un poco más. Madrid aparece como la única ciudad europea del ranking, casi como recordatorio aspiracional. Desde Booking lo dicen sin vueltas: el Carnaval ya no es solo espuma y desfile. “Es uno de los grandes motores del turismo”, explican.

Unos manguitos extras… Mientras la política discute jubilaciones que no alcanzan y reformas que nunca llegan, hay un dato que circula por los pasillos –no del Congreso, sino de Airbnb– y dice bastante más de lo que parece. En Argentina, casi el 20 % de los anfitriones de Airbnb ya tiene más de 60 años. Sí, uno de cada cinco. Y no es nostalgia ni hobby. En los últimos cinco años, este segmento creció más de un 80 %. Traducido: donde el sistema previsional afloja, la economía colaborativa ajusta. En un país donde casi el 12 % de la población supera los 65 años, muchos adultos mayores encontraron una salida concreta, que es abrir la puerta de su casa para alquilar una habitación. No para charlar de fútbol ni de recetas, sino para generar ingresos. Casi el 40 % de los alojamientos gestionados por mayores de 60 tiene calificación superior a 4.9, y uno de cada cinco es superanfitrión. Excelencia, constancia y paciencia, virtudes que no cotizan en campaña, pero sí en las plataformas.

La tendencia, además, tiene rostro femenino. El 60 % de los anfitriones senior son mujeres. Muchas viudas, muchas solas, muchas con casas grandes y jubilaciones chicas. Airbnb como política pública informal, sin boletín oficial pero con impacto real. Del otro lado del mostrador, los viajeros también envejecen –aunque con ganas intactas– y visitan Mar del Plata, Pinamar, La Plata, Córdoba, Rosario, Salta, Iguazú, Bariloche, Neuquén, Ushuaia. Y afuera, las clásica Madrid, Roma, Barcelona, París. Pero el dato que se comenta bajito es que Río de Janeiro sufrió un salto del 140 % en reservas de mayores de 60. Playa, caipirinha y tercera edad activa. Como para que no digan que no hay vitalidad. Mientras algunos discuten si los adultos mayores son un “costo”, ellos alquilan, viajan, califican y facturan. No hacen ruido, pero hacen números. Y en la Argentina que viene, eso suele ser más decisivo que cualquier discurso.

Muchos jóvenes, poca temporada. El artículo publicado por el concejal Juan Manuel Cheppi tuvo una virtud poco frecuente en enero: poner números sobre la mesa cuando todavía suenan los parlantes. Estadía promedio de 3,5 noches –la más baja desde que se mide–, ocupación hotelera lejos de lo esperado y menos consumo. Datos, no sensaciones. A ese diagnóstico se suma un dato que Carlos Rottemberg fue el primero en advertir y que hoy nadie discute en privado: la caída del consumo ronda el 15 por ciento o más en prácticamente todos los rubros. Teatro, gastronomía, comercio, servicios. Temporada con gente, pero sin plata. Y ahí aparece el eje que atraviesa toda la discusión, aunque muchos prefieran esquivarlo: el peso del turismo joven. Mar del Plata sigue siendo la capital simbólica del viaje de grupos de jóvenes, la previa eterna y la noche larga. Playa llena, ciudad encendida, mucho movimiento. El problema es que ese modelo explica bastante bien los números que describe Cheppi: estadías cortas, gasto bajo y derrame limitado. Mucho volumen, poca permanencia.

El turismo joven suma clima y energía, nadie lo discute. Pero no alcanza para sostener una ciudad con más de 300 mil camas y una economía que depende del verano para sobrevivir el resto del año. Funciona como complemento; como columna vertebral, muestra límites cada vez más claros. Mientras tanto, la cuenta no cierra para otros sectores: comerciantes que venden menos, restaurantes que sienten el ajuste, teatros con caída de público y vecinos que pagan los costos de la convivencia. Todo junto, en una ciudad que no puede vivir solo de la foto nocturna. Cheppi lo dice sin estridencias, pero el mensaje es claro: negar los datos no mejora la temporada. Al contrario, la profundiza. El debate no es jóvenes sí o no. El debate es qué modelo turístico quiere Mar del Plata. Porque cuando hay muchos jóvenes, mucho ruido y 15 por ciento menos de consumo, el problema no es la edad del turista. Claramente…
Lo más visto hoy
- 1Voraz incendio arrasa con taller de autos y una ferretería: evacúan a vecinos de la cuadra « Diario La Capital de Mar del Plata
- 2Voraz incendio arrasa con una concesionaria de autos y una ferretería: evacúan a vecinos de la cuadra « Diario La Capital de Mar del Plata
- 3El dolor del dueño del local incendiado: “Perdimos 45 años de trabajo en un ratito” « Diario La Capital de Mar del Plata
- 4“Fue un Torres y Liva un poco más chico” « Diario La Capital de Mar del Plata
- 5Cómo fue el choque entre el auto y el tren por el que murió un joven turista « Diario La Capital de Mar del Plata
