CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
Cultura 8 de febrero de 2026

Pablo Sirvén presenta ‘Operación Sallustro’: “Quise mirar los años 70 desde otro lugar”

El escritor y periodista reconstruye la historia del poderoso directivo de Fiat asesinado por el ERP en 1972 y, a través de una “novela periodística” narrada a dos voces –la del propio empresario y la de un guerrillero–, propone una mirada más allá de las militancias sobre la violencia política de los años setenta y sus ecos en el presente. Este martes presentará el libro en Villa Victoria.

Pablo Sirvén dirigió la revista Redacción y el Diario de Cuyo (San Juan), fue vicedirector de la revista Noticias, director de la revista Nueva y jefe de Espectáculos de La Nación.

Oberdan Sallustro fue, durante tres semanas de 1972, uno de los nombres más repetidos en las tapas de los diarios. Director general de Fiat en Argentina –una de las multinacionales más poderosas de la región en ese momento–, su secuestro y posterior asesinato a manos del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) mantuvieron en vilo a una sociedad atravesada por una escalada de violencia política. Con el tiempo, su figura quedó cristalizada en ese episodio trágico y reducida a un caso representativo, entre otros, de los años setenta.

En Operación Sallustro (Sudamericana), su décimo libro, el escritor y periodista de vasta trayectoria Pablo Sirvén se propone reconstruir la vida de este personaje que, según sostiene, “parece salido de una ficción”. Sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y partisano contra el fascismo de Mussolini, Sallustro vivió entre Paraguay, Italia y Argentina hasta convertirse en el principal ejecutivo de Fiat durante el auge industrial de mediados del siglo XX. El secuestro que terminó con su vida aparece en este libro como el desenlace de una biografía mucho más extensa y compleja.

Sirvén elige contar esa historia en clave de “novela periodística”, como define su autor, contada a dos voces. Por un lado, la del propio Sallustro, construida a partir de testimonios y un exhaustivo trabajo de archivo; por otro, la de Nahuel Sima, un personaje ficcional que encarna a un joven de clase alta que, casi por azar, deriva hacia la militancia en el ERP. Ese contrapunto permite explorar desde perspectivas antagónicas el clima político, social y cultural de la Argentina de entonces.

Secretario de redacción de La Nación, columnista de política y comunicación y autor de títulos como Perón y los medios de comunicación, El rey de la TV y Breve historia del espectáculo en la Argentina, Pablo Sirvén presentará en Mar del Plata su nuevo libro este martes a las 17 en el microcine del Centro Cultural Villa Victoria (Matheu 1851), en un encuentro que contará con la participación del periodista Carlos Balmaceda y finalizará con la firma de ejemplares. Antes de su visita a la ciudad, el autor dialogó con LA CAPITAL sobre el proceso de investigación, las licencias narrativas y las preguntas que el pasado todavía le formula al presente.

Operacion Sallustro

—¿Cuándo apareció la idea de escribir sobre Oberdan Sallustro y qué te llevó a revisitar esta historia en la actualidad?

—Fue muy azaroso el encuentro. Durante una presentación que hizo Esteban Bullrich, que es el personaje central de mi libro anterior, Guerrero del silencio (2022), en San Nicolás de los Arroyos, se me acercó un señor que resultó ser Carlos Tonelli. En un momento me cuenta que fue asistente directo de Sallustro y yo recordé que en mi adolescencia fue un hecho que, como a todos los argentinos, me conmocionó. Fueron tres semanas de muchísima tensión en las tapas de los diarios, en los noticieros, en las radios, porque se trataba del cautiverio del director general de la empresa más importante en Argentina en ese momento, que era Fiat, y que termina con su asesinato por el Ejército Revolucionario del Pueblo. Yo lo único que sabía era eso, pero cuando este hombre me dijo “¿usted sabe que peleó en la Segunda Guerra Mundial?”, “¿usted sabe que fue partisano, que es como decir guerrillero, contra Mussolini?”, ahí me empezó a picar el bichito. La vida de este hombre, para la mayoría de los argentinos, se reducía solo a esas tres semanas, por lo que me dejó el desafío de contar la vida anterior, que parecía apasionante y tan cercana a la muerte en situaciones muy riesgosas y que viene a morir finalmente a la Argentina de una forma insólita, en medio de lo que fue el baño de sangre de los años 70.

Este encuentro fue el 1 de mayo del 2023 y empecé a sondear a ver si podía conseguir datos, porque todos sus contemporáneos habían muerto. Era complicado, así que hasta 2024 no me decidí, y te diría que empecé a hacer los primeros dos capítulos a fines del 2024, y retomé después en marzo de 2025 hasta octubre que entregué el libro.

—¿Y por qué decidiste contar el secuestro y asesinato de Sallustro a través de una novela, con recursos de la ficción?

—Lo que tiene de ficción es que yo adopto la primera persona para dar voz a Sallustro, que habla desde el lugar del observador omnisciente. Me cautivó esa idea y fue un desafío porque no quería hacerle decir cosas a este hombre que no haya pensado. Por eso, averigué su manera de pensar y cuidé mucho que hablara y reaccionara como lo que era, un ejecutivo de una multinacional como Fiat.

Por otro lado, necesité una segunda voz alternativa, no en el mismo nivel, pero como una voz satelital, una contrafigura, que es un guerrillero, Nahuel Sima, un personaje totalmente ficticio. Ahora, todo lo que se cuenta alrededor del entrenamiento de Sima, las cosas que pasaban con las organizaciones terroristas, las competencias entre ellos, con Montoneros, por ejemplo, el tema del espionaje que había en las plantas automotrices esos días, todo eso fue real.

Y todo lo que cuenta Sallustro son cosas que yo he chequeado con testimonios, con el asesor que estaba cerca, viendo archivos de Fiat en Argentina y en Turín, revisando los diarios de la época, y así lo reconstruí.

Yo diría que es una novela periodística, donde la ficción está puesta en asumir esa primera persona. Es como un relator de época también, porque habla del siglo XX, habla de la industria del automóvil, mientras que el personaje alternativo, el guerrillero, habla más de las violencias en la Argentina. Entonces se fueron complementando como voces alternativas, y también contando Fiat desde un lugar un poco más crítico, como tiene la voz del guerrillero.

—¿Y qué te permitió, como escritor y también como ciudadano argentino, dar voz a estas dos miradas antagónicas, la del empresario y la del guerrillero, habitar estas dos caras de la misma moneda?

—Para mí es muy valioso, porque la escuela periodística, que uno valora, siempre propone no contaminarse con la fuente o con la noticia. De alguna manera, al elegir la primera persona, tanto para el empresario como para el guerrillero, tuve que zambullirme dentro de ellos y dejar un poco de lado al periodista para elucubrar qué dicen y qué sienten. Entonces es un lugar de mayor cercanía que la que tendría en un ensayo. Acá, de alguna manera, al adoptar yo la primera persona, me involucro mucho.


“Por suerte hoy ya no transitamos una violencia de armas, pero sí hay mucha violencia verbal y mucha violencia social y económica”.


—¿Qué Argentina encuentra Sallustro cuando empieza su camino empresarial en Fiat y cómo describirías a la Argentina después de su asesinato, ya que su narración continúa tras su muerte?

Cuando llega Sallustro, estamos hablando del año 47, primer gobierno peronista, a Fiat se le abren muchas posibilidades, porque el gobierno peronista le da a las empresas italianas un lugar preponderante. Y eso lo aprovechan muy bien varios italianos que llegan, los Rocca, por ejemplo, que ahora están tan de moda, Civita, los Di Tella, más adelante los Macri. Eran de esa segunda oleada de inmigración italiana, que eran personas con más cabeza, de hecho, les llamaban los ‘ingegneri’. No eran los primeros italianos del principio del siglo XX, más modestos, laburantes, que iban a La Boca y a Barracas. Estos ya venían con la idea de hacerse la América pero a lo grande. Perón capta eso y le da impulso, y Fiat lo aprovecha mucho. O sea que desde esos años, hasta fines de los 60, es toda una época dorada de crecimiento de Fiat donde Sallustro tiene mucho que ver.

Al entrar en los 70, empiezan las complicaciones desde el punto de vista político-gremial. Sallustro negocia con sindicalistas, también muy aguerridos, especialmente en Córdoba. Viene el Cordobazo, la violencia argentina pisando muy fuerte, y él era un personaje notable. Entonces, no era raro que en algún momento los guerrilleros lo pusieran bajo su lupa.

Y después, como señalás, la narración de Sallustro continúa tras su muerte. Cuando lo decidí, me acordé de que Félix Luna lo había hecho con su libro “Soy Roca”, que había contado la biografía de Julio Argentino Roca en primera persona, pero a la hora de la muerte, interrumpe y pone la necrológica de La Nación, como diciendo, hasta acá llegué. En cambio, Sallustro sigue de largo y habla de todo lo malo que vino para Fiat tras su asesinato y para varios grupos que fueron atacados por la guerrilla, especialmente Bunge & Born, que sufrieron un secuestro y terminaron pagando el rescate más caro de la historia con 60 millones de dólares. Ambos grupos, Fiat y Bunge & Born, se fueron para Brasil, achicaron en Argentina. También ahí se ve que no solamente Sallustro fue víctima, en Fiat hubo varios otros gerentes asesinados, otros que se tuvieron que exiliar, también hubo desaparecidos. Después, con la última dictadura militar, hubo desaparecidos entre los obreros, los delegados en Fiat.

Por último, termina hablando de la actualidad de los autos eléctricos, de cómo el auto ya no es tan llamativo para las nuevas generaciones como lo fue para los que éramos jóvenes hace 40, 50 años. Ahora son más ecológicos o prefieren la bici, el scooter, caminar. Y se pregunta también, ¿qué hubiera hecho yo con este panorama? Y eso es lo que permite que el libro tenga actualidad. En realidad, no sabemos cómo pensaría, pero uso como recurso la verosimilitud, y él habla desde un lugar, te diría que podría ser su voz, que la gente que lo conoció escucha cuando lee, dice que podría ser él. Es la licencia de la literatura para ver hoy en día cómo afrontar los desafíos de este mundo tan complejo.

Pablo Sirvén fue distinguido con premios como el Konex de Platino y el Santa Clara de Asís.

Pablo Sirvén fue distinguido con premios como el Konex de Platino y el Santa Clara de Asís.

—Pareciera que tanto en la mirada de Sallustro sobre el siglo XXI como en la de Sima hacia el final hay un profundo desencanto. ¿Podría pensarse tu libro como un duelo por los ideales perdidos, por las ilusiones del siglo XX que han fracasado en el mundo y en Argentina?

—Sí, dejame decir que así como Sallustro rompe la barrera de su propia vida, Sima está encapsulado en su época, en el año 78. Ahora bien, hay cierta tristeza, desencanto, desilusión, de decir qué mal todo, lo que le pasó a Sallustro, pero también qué mal la cantidad de desaparecidos, sin justificar una cosa con la otra. Se van las inversiones a otro país, asesinan gente de todos lados. Y cuando vos ves los años 60, a pesar de la inestabilidad democrática, había un país bastante de pie, que empieza a caerse con la violencia en los 70, con el Rodrigazo a mitad de los 70 y para rematar después la llegada de la dictadura en el 76. Entonces, es una historia triste por momentos, pero por otros momentos no. Cuando está en pleno fragor industrial, vos ves esa impronta del hacedor, del tipo paternalista, de cómo pelean los subsidios con el Estado. También hay un cuento de eso, no es que nos quedamos con la tragedia.

Por eso, yo creo que no es un libro estrictamente de los 70. Justamente, cuando empiezo a investigar, me pregunté, ¿pero no hay un libro sobre Sallustro? La verdad es que el caso Sallustro siempre era un capítulo o un par de páginas en otros libros de los 70, y hay muchos libros de los 70; Larraquy, “Tata” Yofre, Ceferino Reato, Martín Caparrós, (Eduardo) Anguita, María O’Donnell, María Seoane, en fin, hay cantidad de gente que ha escrito sobre los 70 pero Sallustro era unas páginas. Y yo pensé que se merecía un libro pero que tenía que trascender a su secuestro y muerte. De hecho, no hay suspenso porque ya en la primera línea dice: “Me mataron de la forma más artera que se puedan imaginar: un balazo en el pecho y otro en la nuca”. Como diciendo, damos por hecho que me va a pasar esto, pero déjenme que les cuente toda mi historia. El secuestro y la muerte aparecen recién en capítulos 9, 10 y 11, con muchos datos que no se contaron en los otros capítulos pero tampoco tuve la obsesión de ir milimétricamente sobre el secuestro y la muerte, porque tampoco quería que tuvieran más importancia del resto del cuerpo del libro, es decir, que no se comiera el secuestro y el asesinato todo el libro.

—Sí, el libro va más allá del secuestro porque a través de la vida de ambos se puede reconstruir gran parte de la historia argentina del siglo XX y, en especial, la historia de la violencia, que se presenta como una sombra persistente.

—Sí, hay un acercamiento a la idea de que la guerrilla y la represión siempre fueron analizados desde miradas totalmente unilaterales, ásperamente unilaterales, sin ningún tipo de fuente, sin ningún tipo de intención de tratar de entender al otro lado. No entender la violencia, sino tratar de comprender por qué pasó lo que pasó. Y yo creo que en Operación Sallustro hay un poco de eso, que incluso cuando se habla de la guerrilla, se habla desde otro lugar la guerrilla. Se habla, por ejemplo, de lo desprolijo que planificaron el secuestro, de la competencia que tenían con Montoneros, y después está también todo el análisis del impacto de la guerrilla a nivel periodístico con el diario El Mundo, Noticias, el semanario El Descamisado. Bueno, tiene un montón de cosas aleatorias que no son tan comunes en las lecturas lineales muy interesadas tanto en los jóvenes idealistas entre comillas y los asesinos genocidas, adjetivando de la manera más extrema que tienen los dos sectores de calificarse.

—De hecho, ambos personajes presentan fisuras, contradicciones, dudas respecto de la ideología a la que cada cual adscribe.

—Y vos viste que en el último capítulo, tampoco para espoilear mucho, pero justamente se da un careo de ambas partes donde ninguno gana, para mi gusto. Además, el guerrillero tiene fobia a los sonidos extremos cuando un guerrillero tenía que poner bombas y tirar balazos. Es un guerrillero más de escritorio, que nunca se sintió muy cómodo en su familia de origen, de clase alta, pero tampoco del todo cómodo en la causa que abraza, que no la abraza del todo.

—El estudio en profundidad de los años 70, ¿te hizo pensar en las formas de la violencia de la actualidad? ¿Dónde ves la violencia en la Argentina de hoy?

—A ver, por suerte hoy ya no transitamos una violencia de armas, de asesinatos, pero sí hay mucha violencia verbal y mucha violencia social y económica. Estamos en un mundo realmente fragilizado por este tipo de ofensiva de inflación verbal donde tenés líderes que tienen el mundo en sus manos que de alguna manera pareciera que te estás asomando a precipicios todo el tiempo, esa es la sensación.
A nivel país, me parece que por lo menos lo que era resolver todo a balazos obviamente se terminó, pero cada tanto tenés algunas situaciones de violencia. A veces no nuestras, sino importadas, como fue la Embajada de Israel o la AMIA, los carapintadas o La Tablada, que fue como una especie de remezón de último momento de la guerrilla. Pero tenemos otro tipo de problemas, no por suerte, tocamos madera, de la supresión física-política de las personas como era entonces.

PABLO SIRVÉN 03

—Al comienzo comentaste que el secuestro sucedió cuando eras adolescente, ¿cuánto crees que influyó este episodio o el convulsionado contexto de los 70 para tomar la decisión de dedicarte al periodismo?

—Mirá, no lo hice consciente pero después, ya ahora publicado, recordé que justamente en el año 72, yo tenía 14 años, iba al segundo año del Colegio Nacional Sarmiento en Buenos Aires y fue ese año cuando decidí ser periodista. No lo puedo unir a lo de Sallustro, pero probablemente todos esos hechos muy conmocionantes me llamaron mucho la atención. También era el regreso de Perón después de casi 18 años de exilio, todo estaba muy efervescente. De hecho, tenía un grabador de cinta abierta, chiquito, y yo grababa en la televisión discursos, noticieros. Estaba muy enganchado con lo que estaba sucediendo, con lo cual, por eso, cuando este hombre se me acercó y me habló de Sallustro, yo automáticamente me acordé de cómo en ese momento me conmocionó el secuestro y el día del asesinato más. Porque coincidió ese día con que también habían asesinado a Rosario al comandante del segundo cuerpo de ejército, el general Juan Carlos Sánchez. El mismo día sucedieron ambas muertes y bueno, estábamos bajo gobierno militar de Alejandro Agustín Lanusse y era una tensión irrespirable.

Estaba la ilusión de que se iba a democratizar el país, pero fue una ilusión que duró poco tiempo porque Cámpora duró 45 días, después Perón fue presidente pero nada más que nueve meses porque murió en el poder y después ya con Isabel Perón empezaron los grupos parapoliciales a reprimir a la guerrilla de izquierda. Perón, y en el libro lo hago decir, usa las palabras exterminio, que yo creo que de alguna manera también inspiró, después estuvieron los decretos de Isabel Perón, Luder en el 75, de aniquilar a la subversión y bueno después llegó la dictadura militar e hizo lo que hizo.

—¿Qué te gustaría que quede resonando en el lector cuando termine “Operación Sallustro”?

—Yo lo que quise aportar es ponerle una vida a este hombre y mostrar de alguna manera las paradojas del destino. Él habla mucho en el primer capítulo del azar y se pregunta por qué a él le juega en contra. Un poco para que el lector piense que la vida es así. Somos como cascaritas de nueces navegando y hay que procurar ir por aguas tranquilas, pero de pronto están las tempestades y hay que saber navegar. Entonces, quise revisar la vida de una persona, la época, la cultura, cómo era el país y mirar los años 70, que sigue siendo un trauma para los argentinos, desde otro lugar. No desde un lugar militante de ninguna de las dos partes, ni de la guerrilla ni de las Fuerzas Armadas. Y el libro llega hasta ahora, porque quise mostrar la mirada que tiene Sallustro desde el pasado hacia este presente de incógnitas.