CERRAR

La Capital - Logo

× El País El Mundo La Zona Cultura Tecnología Gastronomía Salud Interés General La Ciudad Deportes Arte y Espectáculos Policiales Cartelera Fotos de Familia Clasificados Fúnebres
La Ciudad 22 de febrero de 2026

Osvaldo Soriano y su novela marplatense

Osvaldo Soriano nació en 1943 en Mar del Plata. Tuvo una infancia itinerante por el empleo de su padre. Forjó su carrera de periodista y escritor lejos de la ciudad, a la que regresó en 1994 para escribir su última novela, que transita por escenarios marplatenses.

Osvaldo Soriano durante la entrevista que mantuvo con LA CAPITAL en octubre de 1994. Narró el proceso creativo de su última novela.

El domingo 8 de octubre de 1994, LA CAPITAL publicó una entrevista al escritor Osvaldo Soriano, que se había instalado en una casa de Punta Mogotes. Alternando con París, allí escribió parte de la que sería su última novela. La entrevista, que transcribimos, refleja el exigente proceso creativo de su última obra:

La nueva novela de Soriano, “La hora sin sombra” (título tomado de El Aleph, de Borges) se publicará -con viento a favor y si no hay inconvenientes con la tapa del libro, “que nunca te gusta y hay que hacerla otra vez en una semana”- el jueves 26 de este mes. La mayor parte de su acción transcurre en Mar del Plata.

-Los personajes van y vienen de Mar del Plata. Les quemé un bosque entero…

-¿El de Peralta Ramos?

-No, ahí vive mucha gente. Es un bosquecito inexistente, aunque espero que no tanto como para haberle errado muy feo. También está la Barranca de los Lobos, hay un momento muy fuerte que transcurre en el Puerto pero no arriba sino bajo tierra, con personajes que hace muchísimo que están allí. Y, naturalmente, el Casino.

-¿De qué trata?

-Yo no sé contar la historia, pero trata de un escritor cuyo padre está moribundo en un hospital de Buenos Aires, y como no quiere presenciar su muerte, se ha ido por las rutas en un viejo Torino. Pero el padre se escapa del hospital vestido con la ropa de un rockero que internan porque se cayó del escenario. A partir de ahí el narrador, que estaba en las rutas haciendo una suerte de “Guía de pasiones argentinas”, cambia de tema y entra a escribir una novela sobre el pasado de su padre y su madre. La novela va saltando desde el año ’43, cuando éstos se conocen en un accidente a la salida del Casino, hasta el día del hoy, en que el escritor a veces escribe y a veces deja de escribir, con lo cual ni yo mismo supe en qué tramo la novela es una u otra. Es un juego de cajas que van haciendo pinceladas muy cortitas de momentos emblemáticos -para mí- de la historia argentina, no grandes momentos sino pequeños, más bien poéticos. El narrador ha trabajado en el Archivo General de la Nación bajo el camporismo, por lo cual hay idas hacia la época de la guerrilla y la represión. Está el exilio del padre y al mismo tiempo esto ocurre en la Argentina de hoy, en las rutas entre Mar del Plata y lugares a veces imaginarios y a veces reales de la provincia. Es la novela que más trabajo me dio. La tengo todavía muy caliente, no la he releído más que corrigiendo pruebas, así que no hice una lectura de lector. La siento demasiado presente y al mismo tiempo no sé en qué capítulo va cada cosa. Me acuerdo muy bien del comienzo, y el final sin duda es el mejor que he escrito. Como siempre, tenía apuntes. Incluso acá en Mar del Plata tengo pegado en la pared el final que creí que iba a ser. Había pegado esos papelitos adhesivos por todo el altillo y ahora me encontré con que es otra novela. He comprobado otra vez que no soy de los que pueden prever lo que va a pasar mañana con la escritura.
El rigor carcelario

-¿Cuándo empezaste y en qué ciudades la escribiste?

-Está escrita sólo en Mar del Plata y en París, en dos momentos de encierro muy grandes. Estoy aprendiendo a manejar mi vagancia y trabajo solamente bajo el rigor físico de una prisión, me meto preso y no salgo a comer ni me contacto con el mundo. Sí puedo decir que me baño todos los días. La trabajé muy fuerte sobre todo el verano pasado acá y en el verano de París, que fue atroz.

-¿Por qué?

-Yo me decía: “Si en Mar del Plata hiciera este calor…”. 35 grados, un calor de esos que a las tres de la mañana abrís todas las ventanas y no sopla ni una brisa. Escribía desnudo sobre toallas y yendo todo el tiempo a ducharme. La empecé acá a comienzos del 94. Trabajé en un par de viajes más que hice en invierno, muerto de frío y con mucha estufa. Y luego el verano fue algo muy fuerte, lo que para mí quiere decir todos los días sin excepción y prohibiéndome la playa -que me queda al lado- salvo cuatro o cinco veces, acompañado por mi hijo. Después, ya en Francia, fue atroz: trabajar, dormir con el colchón al lado y cada tanto subir la Coca-Cola y las provisiones. Bajé siete kilos, estaba hecho una miseria, pero me había impuesto terminar porque sabía que iba a llegar el verano acá y la menor distracción me saca.

-¿Qué Mar del Plata imaginaste para escribirla?

-Ninguna, porque no hay descripciones. Solamente nombres de calles, el ómnibus que entra por Luro o menciones tipo “baja del colectivo en la tienda Los Gallegos”, bah, lo que ahora es un shopping… Me gusta mucho Mar del Plata porque es, salvo en los dos meses de verano, una ciudad a la medida de la gente pero sobredimensionada. Entonces tenés todo al lado, hacés dos manzanas y te podés comprar desde mandarinas hasta una computadora. También tiene una cantidad de cines y librerías inaudita para la cantidad de habitantes. Y le queda algo de noche. Tal vez de viejo me agregue a la colonia de los que vienen a morirse y me quedo ahí, a la orilla del mar, con la boca abierta…

NdR: Osvaldo Soriano no llegó a cumplir ese esbozo de sueño. Falleció en Buenos Aires el 29 de enero de 1997, a los 54 años.