Literatura y memoria: debatieron cómo narrar la dictadura a 50 años del golpe
Una charla reunió a escritores e investigadores para reflexionar sobre los límites del lenguaje, el valor de los testimonios y los desafíos de transmitir la memoria a nuevas generaciones.
Un momento de charla "Literatura y memoria".
Por Eduardo Balestena
Hace pocos días se cumplió medio siglo del golpe militar del 24 de marzo de 1976, lo que fue recordado de distintas maneras; a 50 años de sucedido nos plantea diversas cuestiones, una de ellas es si existen palabras capaces de registrarlo acabadamente y otra es el deber de contarlo a las nuevas generaciones y, en ese caso, la pregunta que surge es cómo hacerlo.
Cuando el horror es demasiado grande, resulta imposible llegar a su centro y solo nos cabe rodearlo, acercarnos a un núcleo al cual es imposible llegar.
Bajo la idea central de trabajar sobre el modo en que la literatura abordó y da cuenta hoy de aquellos acontecimientos, la Biblioteca Revolución de Mayo y la Delegación Ricardo Piglia de la Biblioteca Nacional organizaron la charla “Literatura y Memoria” que, presentada por Jorge Gabriel García y coordinada por el escritor y editor Javier Chiabrando dio lugar a una extensa e intensa exposición que tuvo como ponentes a la escritora y geógrafa Lina Lucchetta y la historiadora Viviana Talavera, grupo del cual tuve el honor de formar parte.
Los ejes
De la exposición inicial de Lina Lucchetta quedó totalmente claro que no hay un solo registro capaz de narrar, ni una sola voz. El relato viene del intercambio y de las experiencias de numerosas personas que atravesaron y sobrevivieron a esa época que dejó huellas indelebles. El segundo es que, como señaló Viviana Talavera, a esta altura no solo hay una generación que no vivió la dictadura, sino también otra que no vivió la crisis de 2001. El restante eje es que gran parte de la narrativa proviene de los datos duros y las fuentes directas, que lo dicen todo pero que no siempre son conocidas.
El Informe Final de la CONADEP Mar del Plata refleja la parte que pudo ser registrada del impacto y la magnitud de la represión en la ciudad y en la zona. La Comisión inició sus tareas el 9 de abril de 1984 y entregó su informe el 15 de septiembre de ese mismo año, informe que no estuvo disponible en nuestra ciudad sino hasta 2024, gracias al invalorable aporte del rabino Guillermo Bronstein, que formó parte de ella.
Luces que se apagan y caballos en una rampa
A nuestras espaldas está la vieja facultad de Humanidades. Ya ver el edificio nos lleva a aquella época. “En la escuela piloto de apagaron las luces”, rememora Lina Lucchetta, “y cuando se encendieron faltaban alumnos”. El terror provenía de la pregunta acerca de si estarían todos cuando las luces se encendieran de nuevo, y recuerda haber visto caballos de la caballería policial en la rampa. Luego leyó un cuento de breve de su libro “Punta de Lanza”. Ello dio lugar a la intervención de mayor intensidad que hubo en la charla, cuando una mujer del público también rememoró esa escena y, con toda su resignada calma, contó que ella había sido detenida –aunque no en Mar del Plata– y relató aquella experiencia.
A partir de las reflexiones de Viviana Talavera, se toma conciencia no solo de la enormidad de tiempo transcurrido desde entonces, sino también de la imposibilidad de pensar, desde la era digital, desde lo sobreabundante, superficial y breve de la indetenible corriente de información e imágenes, lo que realmente fue aquella época para quienes la vivimos. No solamente se trata de la dictadura, sino de todos sus efectos y ramificaciones que la hacen algo imposible de representar.
El horror es indecible y solo puede ser mostrado en sus manifestaciones. Sin embargo, agrega, hay muchos jóvenes que trabajan sus tesis a partir de agrupaciones y hechos de la década de 1970 y es importante la posibilidad de acceder a documentos de la época, no siempre disponibles.
“Era un mundo gris”, señaló Lina Lucchetta y nos percatamos de ello cuando al vivir en libertad y avanzar en la vida comenzamos a percibir los colores que la vida nos ofrece. Habíamos naturalizado la opresión, el control y el miedo y un día pudimos despertar a otro mundo.
Hay expresiones como “treinta mil” o “24 de marzo” o “1976” o “Nunca más” que tienen un significado con el solo hecho de pronunciarlas. No hace falta decir más.
Perspectivas
En los años 70 quienes presentaban recursos de hábeas corpus no solo vagaban en un indecible limbo sino que –tal como lo menciona el informe de la CONADEP Mar del Plata– eran maltratados. En 1986 las mismas actuaciones rechazadas entonces volvieron al Juzgado Federal como denuncias de la CONADEP Buenos Aires y esta vez sí fueron investigados aquellos hechos.
Sin embargo, durante estos días escuchamos expresiones que nos llevan de nuevo a 1984, cuando fue publicado el informe final bajo el título de Nunca Más, oportunidad en que hubo quienes sostuvieron que había que “escuchar la otra campana”, que conviene esclarecer debidamente: los decretos 157 y 158 del 13 de diciembre de 1983, dispusieron tanto el juzgamiento de quienes llevaron a cabo las acciones subversivas como de los comandantes en jefe (no es como se pretende, que solo fueron juzgados los militares). La Cámara Federal en lo Criminal y Correccional de Capital Federal confirmó la condena de 30 años de Firmenich, por ejemplo. Las cúpulas de dichas agrupaciones fueron juzgadas por el procedimiento escrito del Código de Procedimientos en Materia Penal entonces en vigencia. Los comandantes militares lo fueron por el procedimiento del Código de Justicia Militar con el recurso de avocación a la Cámara Federal, vía que el tribunal habilitó ante la actitud del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y la consiguiente demora en que incurrió el organismo. La cámara juzgó a los comandantes dentro de las previsiones de dicho código castrense, haciéndolo más flexible para hacer efectivo el ejercicio de las garantías del debido proceso legal, dado el volumen del juicio, pero todos fueron juzgados.
El informe final de la CONADEP fue un relevamiento del terrorismo de Estado que sirvió en gran medida para seleccionar los casos llevados a juicio, tales fueron sus alcances.
El juzgamiento y condena de las cúpulas militares por la Cámara Federal en lo Criminal y Correccional de Buenos Aires fue una de las dos experiencias exitosas en el mundo de juzgamiento de los crímenes de una dictadura por parte del gobierno democrático que le sucedió. La otra fue la de Grecia. Argentina entonces rompió la ominosa tradición de amnistías que es la característica de tales transiciones.
Los indultos de 1989/1990 alcanzaron a condenados y procesados, consagraron la impunidad y dieron por tierra con esta experiencia única.

Un largo debate y música
Una expresión flotó durante la comparación entre la década del 70 y la actualidad: “En Mar del Plata nos conocíamos todos” y “Mar del Plata era un pañuelo”. La dictadura le dio otro sentido a la imagen de los pañuelos, como señaló muy inteligentemente una mujer del público y hoy esa expresión tiene un significado diferente.
Benjamín Gasé cerró el acto con su música. Guitarrista y compositor interpretó dos canciones instrumentales. Con una gran sencillez, dijo que las composiciones puramente instrumentales suscitan en nosotros sensaciones e imágenes diferentes al flujo permanente de lo visual que nos inunda. La música, sostiene, compuesta a partir de aquello entrañable para el compositor, nos suscita algo que no se expresa con palabras y que es su esencia. La delicadeza y la belleza fueron un bálsamo luego de tanto hablar de injusticia y dolor.
Imagino que al finalizar la charla, al saludarnos, al dialogar sobre lo que había sucedido a lo largo de esa más de hora y media, todos sentimos que aquello sucedido entre 1976 y 1983 es tan indecible que cincuenta años después todavía no podemos encontrar las palabras para nombrarlo.
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