Ariel Schneir, el estafador serial que vuelve al banquillo en Mar del Plata
El exdueño de la concesionaria Latic será juzgado entre hoy y mañana por haber vendido una propiedad cuando estaba inhibida. El debate se realiza en el TOC N° 4.
Ariel Schneir, al ser detenido en Córdoba en 2018.
Ariel Schneir, el hombre detrás de una de las estafas más recordadas en Mar del Plata durante los años ’90, vuelve a sentarse en el banquillo de los acusados, esta vez por una maniobra inmobiliaria que habría cometido pese a tener sus bienes inhibidos.
De hecho, entre hoy y mañana se desarrollará el juicio en el Tribunal Oral en lo Criminal N° 4, bajo la intervención de la fiscalía de Delitos Económicos, a cargo de Javier Pizzo, quien intentará determinar si Schneir vendió una propiedad en el Bosque Peralta Ramos cuando legalmente no podía hacerlo, en el marco de las restricciones que pesaban sobre él tras el escándalo de la concesionaria Latic.
La defensa ensayó distintos planteos para frenar el avance del proceso -desde la extinción de la acción penal hasta la inexistencia de delito-, pero todos fueron rechazados en instancias previas. Así, la causa llegó a esta instancia de juicio oral, aunque no se descarta que durante su desarrollo pueda surgir algún acuerdo alternativo.
Supo reinventarse tantas veces como causas acumuló en su contra, pero el pasado siempre termina por alcanzarlo. La historia de Schneir está marcada por un itinerario de engaños que comenzó lejos de la costa atlántica. Oriundo de Pergamino, recaló en Miami, donde montó un esquema financiero que pronto despertó sospechas en la Justicia estadounidense. Antes de que la investigación avanzara, en 1997 regresó a la Argentina y encontró en Mar del Plata el escenario ideal para su siguiente movimiento.
Una vez instalado en la ciudad, Schneir tomó las riendas de Latic S.A., una concesionaria de automotores que con el tiempo mutó de nombre casi como un reflejo de su propia lógica: primero Cilat S.A. -un juego de letras-, luego Latic Exclusivos S.A. y finalmente Latic Company S.A.
El negocio creció a gran velocidad, al punto de expandirse con sucursales en Dolores, Necochea, Tucumán y la Capital Federal. Pero ese despegue tan veloz como prometedor terminó en una caída abrupta y devastadora, sobre todo para los clientes que habían confiado sus ahorros.
Con una imagen cuidada y una estrategia publicitaria agresiva, logró captar a decenas de clientes. Sin embargo, detrás de la fachada operaba un sistema irregular: los vehículos se financiaban con créditos obtenidos mediante facturación apócrifa, mientras que los compradores ignoraban la intermediación entre la firma y el banco. En muchos casos, un mismo auto era vendido más de una vez.
El resultado fue calamitoso: ahorristas que perdieron todo y una estructura que colapsó dejando millones en pérdidas.
Cuando el entramado se derrumbó, Schneir huyó nuevamente a Estados Unidos junto a su esposa, Dalila Baquero. Pero el margen se había agotado: Interpol lo detuvo y la Justicia norteamericana lo condenó a 33 meses de prisión. Baquero, en tanto, fue extraditada a la Argentina por pedido del entonces juez marplatense Ignacio Viñas. La mujer fue juzgada y cumplió su condena.
Tras cumplir la pena en el exterior, Schneir regresó al país y en 2008 recibió una condena de 5 años de prisión y 8 de inhabilitación para ejercer el comercio, sentencia que quedó firme en 2010. Para entonces, la Justicia ya había ordenado la inhibición y posterior liquidación de sus bienes, entre ellos una propiedad en el Bosque Peralta Ramos.
Es justamente sobre ese inmueble donde se posa ahora la nueva acusación. Según la investigación, al enterarse de que sería enajenado, Schneir se habría adelantado y concretado su venta a un amigo a través de una inmobiliaria, pese a saber que no estaba habilitado para hacerlo. Ese acto es el que hoy lo devuelve al centro de la escena judicial.
Lejos de haber sido un episodio aislado, su prontuario sumó otro capítulo en 2018, cuando fue detenido en Córdoba por una serie de estafas vinculadas a la firma “Viviendas Diamante”, que ofrecía planes para acceder a viviendas. En esa causa fue condenado por 32 hechos a una pena de 4 años y 8 meses de prisión, además de una nueva inhabilitación comercial. Tiempo después accedió a la libertad condicional.
En Córdoba capital, donde fijó domicilio, eligió otro nombre: Ariel González. Un alias más en una historia que parece repetirse, aunque ahora, otra vez bajo la lupa de la Justicia marplatense, que entre hoy y mañana volverá a juzgarlo.
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