Buenos Aires reunió a líderes mundiales en salud cerebral y Argentina avanza hacia una ley pionera
Especialistas de 45 países participaron del encuentro internacional realizado en Fundación INECO. Advirtieron sobre el crecimiento de los trastornos neurológicos y mentales y destacaron el avance de Argentina hacia un marco legal vinculante.
A pocas semanas del cierre del 2nd Meeting of the International Alliance on Brain Health (IABH), celebrado en Buenos Aires los días 24 y 25 de abril, la comunidad científica internacional comenzó a trazar las primeras conclusiones y líneas de acción del trabajo conjunto que impulsa esta alianza global.
El encuentro, realizado en Fundación INECO, reunió a más de 1.500 participantes de 24 países, junto a líderes y especialistas de los cinco continentes, incluyendo representantes de la OMS, la World Federation of Neurology, la World Psychiatric Association, la Alzheimer’s Association y la American Heart Association.
La cumbre consolidó a América Latina como una región pionera en la discusión de marcos legales vinculantes para la salud cerebral y dejó un diagnóstico contundente: el mundo enfrenta una “pandemia silenciosa” que afecta a una de cada dos o tres personas a nivel global.
“Uno de cada dos americanos vive con un trastorno neurológico. El 54%. Y aun así estamos en un punto donde no hay retorno: necesitamos una nueva visión de la neurología desde un enfoque preventivo, o nos vamos a ahogar en la carga de esta enfermedad”, advirtió la Dra. Natalia Rost, presidenta de la American Academy of Neurology y profesora de Harvard Medical School.
La situación en Europa también fue definida como alarmante. Paul Boon, de la European Academy of Neurology, señaló que “en Europa, con 900 millones de personas, la carga de trastornos neurológicos es del 43% y sigue aumentando”. Según explicó, hace apenas cinco años se hablaba de “cuatro de cada cinco” personas afectadas y hoy ya se supera “uno de cada tres”.

La Dra. Danuta Wasserman, presidenta de la World Psychiatric Association y profesora del Karolinska Institutet, presentó cifras que reflejan la magnitud del problema. Entre 1990 y 2023 los trastornos mentales pasaron de afectar a 85 a 171 millones de personas, mientras que los neurológicos crecieron de 60 a 117 millones. En conjunto, las condiciones cerebrales representan 546 millones de personas con discapacidad, superando incluso al cáncer, y generan 1,7 billones de dólares en gasto directo anual. Además, detalló que el Parkinson aumentó un 44%, el Alzheimer un 185% y los trastornos de ansiedad un 160%. “Vivimos más, pero no siempre mejor”, resumió.
En América Latina, la preocupación se centra en la falta de prioridad política. Matías Irarrázaval, asesor regional en Salud Mental de OPS/PAHO, señaló que “la demencia es la quinta causa de discapacidad en Latinoamérica y el Caribe” y advirtió que solo cinco de los 32 países de las Américas tienen planes nacionales de demencia. “No es un fracaso del conocimiento científico; es una falla de prioridad política”, sostuvo.
El especialista explicó además que en la región el 55,8% de los casos de demencia se atribuyen a factores de riesgo modificables, como hipertensión, diabetes, obesidad, depresión, tabaquismo, inactividad física, aislamiento social, pérdida auditiva no tratada y bajo nivel educativo. “La ventana está abierta, pero las ventanas se cierran”, alertó.

También señaló que en Argentina apenas uno de cada dieciséis pacientes hipertensos recibe el tratamiento correcto y remarcó que “no necesitamos más infraestructura; necesitamos hacer un uso inteligente de nuestra red de atención primaria”.
Uno de los puntos más destacados de la cumbre fue el avance legislativo argentino vinculado a la promoción de la salud cerebral y la creación del Programa Nacional de Lucha contra la Enfermedad de Alzheimer y otras Demencias, iniciativa que ya obtuvo media sanción y ahora deberá ser tratada en el Senado. De aprobarse, el país podría avanzar hacia uno de los primeros marcos legales nacionales orientados específicamente a prevenir enfermedades neurológicas y mentales, fortalecer el diagnóstico temprano y mejorar la atención de pacientes y familias.
“Un plan es un deseo, una ley es una obligación”, enfatizó el Dr. Facundo Manes, fundador de INECO. Además, afirmó que “un trastorno cerebral le cuesta a Argentina el 1,4% del PBI cada año. Una inversión en salud cerebral puede agregar ese mismo 1,4% de crecimiento anual. Ya no es solo un tema de neurociencia; es un tema de economía, productividad, coherencia social y democracia”.

El encuentro también dejó definiciones sobre el cambio histórico que implica haber instalado el concepto de “salud cerebral” en la agenda global. Steven Lewis, presidente de la World Federation of Neurology, recordó que el término prácticamente no existía en la literatura científica antes de 1990 y que recién apareció en medios periodísticos en 2007. “Hoy es el tema central de la agenda global. El desafío ahora es que se traduzca en políticas públicas con la misma velocidad”, afirmó.
Desde Suiza, Claudio Bassetti, integrante de la Lancet Commission on Brain Health y de la Swiss Brain Health Foundation, describió el modelo implementado en ese país, centrado en concientización, prevención, investigación, apoyo a cuidadores y equilibrio en el uso de tecnologías. Sin embargo, advirtió que apenas el 2% del presupuesto sanitario suizo se destina a prevención. “Ahí tenemos un problema”, señaló.
En el plano preventivo, Joanne Pike, presidenta de la Alzheimer’s Association, presentó resultados del estudio US-POINTER, que demuestra que la combinación de ejercicio físico, dieta saludable, control cardiovascular, estimulación cognitiva e interacción social puede retrasar el deterioro cognitivo en una magnitud equivalente a uno o dos años de edad cerebral. “Para muchas personas, eso significa mantenerse conectadas, alertas y ser menos carga para sus familias”, explicó.

La dimensión social del problema también ocupó un lugar central. Hernando Santamaría-García, del Global Brain Health Institute, sostuvo que factores como desigualdad, pobreza, contaminación y estrés crónico pueden acelerar el envejecimiento cerebral entre tres y nueve veces. “El riesgo social no es una metáfora; tiene una firma biológica medible”, afirmó.
Por su parte, Devora Kestel, directora de Salud Mental de la OMS, alertó sobre las enormes brechas de acceso a la atención. “El 71% de las personas con psicosis no recibe tratamiento. La brecha en epilepsia supera el 75% en países de bajos ingresos y en trastornos mentales llega al 90% en países de ingresos bajos y medios. Seguir así ya no es aceptable”, sostuvo. Según indicó, la clave pasa por integrar la salud cerebral a la atención primaria.
Andrea Slachevsky, de la Universidad de Chile, aportó la experiencia chilena y aseguró que el plan de demencia de ese país tardó décadas en avanzar hasta que la enfermedad logró tener “un rostro humano” visible para la sociedad. “Los políticos reaccionan cuando la población reacciona”, afirmó.
Otro de los ejes del encuentro fue el diagnóstico precoz y los tratamientos emergentes. Christopher Chen, presidente de la Asian Society Against Dementia, destacó que la medicina de precisión para el Alzheimer ya permite detectar la enfermedad mediante biomarcadores sanguíneos e intervenir tempranamente para retrasar su progresión. “Pero los sistemas de salud tienen que estar preparados”, advirtió.
Lenny Shallcross, del World Dementia Council, puso el foco en el impacto humano de los nuevos tratamientos. “Cuando hablamos de medicamentos que pueden dar entre cuatro y ocho meses más de vida cognitiva de calidad, no hablamos solo de costos. Hablamos de tiempo con la familia”, señaló.
La ciencia conductual y el sueño también tuvieron un lugar destacado en la cumbre. Caroline Lustenberger, directora del Sleep Lab de ETH Zurich, presentó estudios que muestran que, utilizando inteligencia artificial sobre datos de una sola noche de sueño, ya se pueden predecir más de 130 condiciones de salud, incluyendo demencia, accidentes cerebrovasculares y riesgos de mortalidad.

Alexandre Datta, jefe de Neurología Pediátrica de Suiza, explicó que durante el sueño ocurre la “poda sináptica”, un proceso mediante el cual el cerebro elimina conexiones innecesarias para funcionar de forma más eficiente. “Las alteraciones del sueño no son solo un síntoma; son marcadores de vulnerabilidad que modifican los factores de riesgo a largo plazo”, indicó.
Mitchell Elkind, de la American Heart Association, insistió en la importancia de controlar la hipertensión. “La hipertensión causa accidentes cerebrovasculares y demencia, y eso lo podemos revertir”, aseguró. Además, recordó que el Alzheimer comienza entre 20 y 30 años antes de los primeros síntomas visibles.
Desde INECO, Maria Roca presentó datos que muestran que uno de cada dos trabajadores sufre burnout y remarcó la necesidad de aplicar herramientas de ciencia conductual para modificar hábitos y entornos laborales. “Con voluntad no se cambia una conducta. Si cambiamos la arquitectura del entorno en que se toman decisiones, cambiamos las decisiones”, sostuvo.
En la misma línea, Diego Aguilar, de Alzheimer’s Disease International, recomendó simplificar los cambios de hábitos. “No le digas a la gente ‘estas son las ocho cosas que tiene que hacer’. Eso es sobrecogedor. Decile que elija una y trabaje sobre esa”, explicó.
Entre los consensos alcanzados durante la cumbre, los expertos remarcaron la importancia de dormir entre siete y nueve horas diarias, realizar actividad física regular, controlar la presión arterial, mantener vínculos sociales, estimular el cerebro con nuevos aprendizajes, manejar el estrés y sostener una alimentación saludable basada en frutas, verduras, pescado, aceite de oliva y frutos secos.

También se recomendó dejar de fumar, limitar el consumo de alcohol, controlar glucemia y colesterol, tratar la pérdida auditiva y proteger la cabeza de lesiones.
Uno de los temas más resonantes fue el impacto de la inteligencia artificial sobre el futuro del trabajo y las habilidades humanas. Según se planteó durante el encuentro, la IA no reemplazará a las personas, pero obligará a desarrollar capacidades como creatividad, resiliencia, curiosidad, flexibilidad cognitiva y compasión.
“Hay funciones que ya están siendo reemplazadas por inteligencia artificial, especialmente las automáticas. Pero debemos enfocarnos en resiliencia, creatividad y empatía. Para eso necesitamos estar bien. Si estamos deprimidos, ansiosos, quemados o durmiendo mal, no podremos desarrollar esas habilidades”, sostuvo Manes.
En ese sentido, se citó un informe conjunto del World Economic Forum y McKinsey Health Institute presentado en Davos, que advierte que casi el 60% de la fuerza laboral global necesitará nuevas habilidades para 2030, la mayoría relacionadas con capacidades cerebrales que la inteligencia artificial todavía no puede replicar.
El próximo encuentro de la International Alliance on Brain Health se realizará en Roma, en noviembre de 2026.
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