El autor de la leyenda del Torreón y su desconocido monumento
Pocos saben que Mar del Plata tiene desde 1931 un monumento al creador de la leyenda del Torreón: Alberto del Solar. Lo paradójico es que la obra escultórica no lo recuerda por esa pieza literaria, sino por haber sido propulsor de una imponente obra urbanística de la que casi no quedan huellas: la Explanada Sur.
El monumento a Alberto del Solar, autor de la leyenda del Torreón, se encuentra en la plazoleta triangular delimitada por Patricio Peralta Ramos y Falucho.
Alberto del Solar quedó enamorado de Mar del Plata cuando en 1892 la visitó por primera vez. Así se lo comunicó a un amigo en una carta extensa y detallada, describiendo a modo de cronista el paisaje del balneario, sus beneficios y hasta las costumbres y vestimentas de los visitantes.
Sólo tres quejas deslizó en medio de múltiples elogios. Una estuvo dedicada al viento, “tal vez el único inconveniente serio que puede oponerse a las excelencias de Mar del Plata”. Otro, a la indumentaria masculina, cuya “fantasía suele desbandarse en algunos”. Y la tercera, a la gastronomía del Bristol Hotel. “El servicio suele ser a veces tardío y la calidad de la comida deficiente”, detalló.
Del Solar nació en Chile en 1859 y murió en Buenos Aires en 1921. Fue militar, escritor, poeta, ensayista y diplomático, por citar solo algunos datos de su abultada biografía. Integró, además, aquella generación que tuvo fuerte presencia en la ideación de Mar del Plata como balneario de las clases pudientes. Y escribió la leyenda del Torreón del Monje, que nos excusamos de reseñar por tratarse de su obra más conocida popularmente.
El Torreón y la leyenda
El multiempresario Ernesto Tornquist también fue un exponente de esa generación. Socio de la firma que explotaba el Bristol Hotel y dueño de terrenos en el sector costero, había levantado una mansión, ya demolida, en lo que hoy es Arenales y Colón. Sus esfuerzos por potenciar la zona no fueron pocos, incluyendo la donación a la Municipalidad de un pequeño castillo que se llamó Belvedere, Torre Pueyrredon y finalmente Torreón del Monje.
Lejos de todo mito, funcionó como confitería desde su inauguración en 1904 a cargo de un concesionario que se llamó José Álvarez.
La “leyenda de la leyenda” cuenta que Tornquist le encomendó a Alberto del Solar la construcción de un relato “que le diera espíritu” a ese edificio, cuestión que, de ser cierta, la convertiría en la primera estrategia marplatense de marketing. Lo concreto es que la fábula inmortalizó al Torreón con incuestionable éxito y muchos siguen creyendo (medios de prensa incluidos) que estas tierras fueron habitadas por sus protagonistas: el soldado español Alvar Rodríguez (luego devenido en Monje), el cacique Rucamará y una india de nombre gallego, Mariña.
El monumento
La plazoleta triangular delimitada hoy por avenida Patricio Peralta Ramos, entre Falucho y Rivas, frente a Playa Varese, lleva oficialmente el nombre de Alberto del Solar, pero es más conocida como “Paseo del Molise”, habida cuenta de que la comunidad molisana la apadrina desde 2005.
En el centro de ese espacio público, se encuentra desde 1931 el monumento a Del Solar. Fue erigido a diez años de su fallecimiento y acredita la impronta que dejó en la antigua Mar del Plata, pero no lo recuerda como autor de la famosa leyenda, sino como “Iniciador de la Explanada”, según se lee en una talla esculpida en la piedra. El dato poco aporta al observador inadvertido, que generalmente desconoce al homenajeado y también el motivo del reconocimiento.

La Explanada Sur, frente a la actual Playa Varese. Vemos el hotel Saint James y la Venus de Milo, hoy en plaza Colón. (Aporte: Ignacio Iriarte).
Del Solar fue presidente de la comisión que impulsó y llevó adelante la Explanada Sur, un gran balcón al mar que originalmente impresionó por su belleza y pronto sorprendió por sus imperfecciones, al extremo que en 1912, a tres años de su inauguración, algunos sectores estaban al borde del derrumbe. Se ubicaba en lo que hoy conocemos como Boulevard Patricio Peralta Ramos, es decir, en lo alto de la barranca, desde el Torreón hasta el Golf Club. Flanqueado por una línea de balaustres, tenía bancos, esculturas, bellas farolas que se perdieron en el tiempo y miradores que subsisten en el trazado del paseo costero. El busto a Alberto Olmedo, por ejemplo, está emplazado en uno de ellos.
Inspirado en paseos que engalanaban las más selectas playas europeas, la Explanada Sur fue ornamentada con esculturas que trajeron de Francia y que hoy se encuentran en distintas plazas de nuestra ciudad.
El proyecto fue encarado con un importante caudal de aportes particulares, procedentes en gran parte de personas que estaban interesadas en proyectar ese sector. De hecho, dos de los integrantes de la comisión propulsora –José Luis Cantilo, luego gobernador bonaerense y Bernabé Ferrer– tenían allí sus chalets de veraneo.
La construcción de la Explanada Sur supo de críticas, porque alteró el aspecto natural de la barranca con grandes murallones de piedra que, en teoría, debían soportar el peso de la acera y de la calzada, que fue recubierta con macadán.

Los muros de la Explanada Sur vistos desde el camino a “Playa de los Ingleses”. A la derecha, el Torreón del Monje. (Aporte: Enrique Mario Palacio).
El primer tramo, de unos 300 metros, fue diseñado por el célebre paisajista Carlos Thays y quedó inaugurado con pompa en enero de 1909. Luego, fue completado el trayecto hasta el Golf Club con colaboración del gobierno nacional y provincial, porque la comisión se había quedado sin dinero.
Al borde del colapso
Una crónica rescatada de los archivos del diario LA CAPITAL permite saber que en abril de 1912 el primer tramo de la Explanada, cerca del Torreón, amenazaba con derrumbarse “por la fuerza de su propio peso o la insuficiencia de sus cimientos”.
“Enormes grietas surcan el murallón, que visto desde el mar da la seguridad de su próxima e inevitable ruina. Algunas de sus escalinatas, así como el piso de las veredas, están destruidas o en vías de destrucción”, reza la crónica. Ese fue, sin duda, el origen de las sucesivas modificaciones que sufrió el paseo, incluyendo el reemplazo de los balaustres por el parapeto de piedras que hoy se observa.
Afortunadamente, las esculturas fueron ubicadas en distintos paseos públicos, tarea que debemos agradecer al legendario Adolfo Primavesi, quien fue director de Plazas y Paseos de la Municipalidad desde 1931. Se trata de Diana la Cazadora (plaza Mitre), Venus y las Sirenas (fuente de plaza Rocha), el Tritón de la plazoleta Borges, la Sirena de la plazoleta de las Provincias, la Venus de Milo (plaza Colón) y Mujer Bañándose (plaza Colón). Las de bronce fueron realizadas en Francia por la prestigiosa Fundidora de Arte de Val D’Osne y replican obras que se exhiben en los principales museos del mundo. Son la mayor herencia de la bella explanada y –justo es reconocerlo– de la inquietud de Alberto del Solar y de su amor por Mar del Plata.
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