El creador del Día del Animal también luchó en Mar del Plata
La vida del abogado Ignacio Albarracín, propulsor de la Ley Nacional de Protección Animal, tuvo un capítulo marplatense. Fue en 1925 cuando se opuso a la práctica del tiro a la paloma en esta ciudad. Su denuncia, que alcanzaba a miembros de la aristocracia vernácula, fue publicada por el diario LA CAPITAL.
Albarracín fue precursor del proteccionismo. Logró la aprobación de una ley fundamental. Sin quererlo, instauró el Día Nacional del Animal. En Mar del Plata, combatió el tiro a la paloma.
“El colmo de la desvergüenza es hacer tomar parte en la propaganda y la asistencia a tal espectáculo de sangre a damas y señoritas que se consideran de las más alta sociedad y, especialmente, católicas, que no tienen inconveniente en recibir con destino a la beneficencia el producido, manchado de sangre, del asesinato de palomas”.
Este texto, publicado en el diario La Capital de Mar del Plata el 18 de enero de 1925, pertenece al doctor Ignacio Lucas Albarracín y se refiere a las matanzas de palomas que desde los albores del balneario cometía, verano tras verano, el selecto Pigeon Club. Debe aclararse, para no aplicar un juicio retroactivo, que era una costumbre aceptada, extendida y representativa de status. También era, desde 1891, violatoria de la ley.
El abogado Albarracín (1850-1926) estaba emparentado con Domingo Faustino Sarmiento, con quien fundó en 1879 en Buenos Aires la Sociedad Protectora de Animales, donde se desempeñó primero como secretario y luego como presidente hasta su fallecimiento. Fueron 47 años de una lucha quijotesca en que empeñó su pequeña fortuna y padeció el descrédito.
Gracias a su tenacidad, en 1891 fue promulgada la Ley Nacional de Protección de Animales, conocida como “Ley Sarmiento”, quien había sido su primer impulsor. Paralelamente, Albarracín promovió tareas educativas, denuncias y acciones de hecho contra las riñas de gallos, domas, tiro a la paloma y corridas de toros. Los sectores alcanzados respondieron con sarcasmo, construyendo un ficticio halo de locura en torno a este precursor de los derechos de los animales.
En 1908 le propuso al Consejo Nacional de Educación la creación de la Fiesta del Animal, que se instauró el 29 de abril para convertirse luego en el Día Nacional del Animal.
Tiro a la paloma
Pedro Olegario Luro, hijo del propulsor de Mar del Plata, instaló el tiro a la paloma en la ciudad en 1890 con la creación del Pigeon Club Argentino, donde se realizaban torneos formales con minuciosa planificación, programas, reglamentos, cobro de entradas y premios en efectivo. Emulando una costumbre iniciada en Londres, las matanzas discurrían en una exquisita atmósfera social y al fragor de las apuestas. A modo de expiación, a las aves sacrificadas se les daba destino benéfico y con el tiempo llegaron al menú de las niñas del Unzué.
Los ecos de esas tenidas resonaban en la prensa porteña, validando su trascendencia social. El 25 de enero de 1899, la revista Caras y Caretas publicó los resultados de un certamen en que intervino el futuro presidente Marcelo Torcuato de Alvear. Con diez palomas abatidas, estuvo lejos del ganador, J. M. Delhomm, que mató 14 sin errar un tiro. En este contexto, es fácil comprender la asimetría de poder que soportaba Albarracín, conocido ya como “el Loco”, mote que la prensa ayudó a instalar.
El 14 de enero de 1925, el diario LA CAPITAL publicó que el Pigeon Club, “institución que preside el Dr. Pedro Olegario Luro, ha resuelto inaugurar la temporada de tiro a la paloma en el día de hoy”. En esos días el Pigeon Club funcionaba en la despoblada zona de Almafuerte entre Sarmiento y Alsina, desde donde se trasladó a fines de la década al Torreón del Monje tras la construcción de su pedana sobre el mar.
Enterado de la inauguración de la temporada del tiro a la paloma en Mar del Plata, Albarracín envió a LA CAPITAL una enérgica carta, donde admitió que la protesta pública era el único recurso ante el incumplimiento de la ley que ya estaba en vigencia.
“He clasificado, y lo haré mientras subsista, al tiro a la paloma de asesinato al ave más inocente por cuanto se trata de la muerte que se da a un ser con premeditación y alevosía y, todavía más, con la circunstancia agravante de que se da por mera diversión”, expresaba Albarracín en su carta.
Tras aclarar que el parlamento inglés había desterrado esa práctica dos años antes por su crueldad, el abogado recordó que el tiro a la paloma “está incluido en los actos de crueldad que prohíbe y castiga la Ley Nacional 2.786, de protección de los animales”, promulgada 34 años antes.
Pasarían muchos más hasta la desaparición del tiro a la paloma de las “prácticas sociales” y Albarracín no llegó a ver ese desenlace. Murió 15 meses después de publicar aquella carta. Fue, curiosamente, un 29 de abril, día de la Fiesta del Animal. Ya nadie lo recuerda como “el Loco” y la fecha de aquella fiesta y la de su muerte se convirtió en el Día Nacional del Animal.
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