Heidegger a los 50 años de su muerte, entre la fascinación y la repugnancia
El pensador alemán revolucionó la filosofía del siglo XX con "Ser y tiempo", pero su adhesión al régimen nazi mantiene abierto un debate que atraviesa universidades y círculos intelectuales de todo el mundo.
Señal del sendero Martin-Heidegger, en las cercanías de la famosa cabaña del alemán Martin Heidegger en Todtnauberg, en la Selva Negra alemana, donde desarrolló parte importante de su pensamiento filosófico. Foto: EFE.
Por Rodrigo Zuleta
BERLIN, Alemania.- El filósofo alemán Martin Heidegger, de cuya muerte se cumplen este martes 50 años, ha despertado a través del tiempo tanto fascinación, por la radicalidad de su pensamiento, como repugnancia, por su compromiso con el nazismo, que para algunos fue sólo un error producto de la ingenuidad política y, para otros, algo consustancial a su obra.
“Insto a los filósofos de todos los países a unirse para no volver a mencionar jamás a Heidegger ni volver a hablar con otros filósofos que defiendan a Heidegger”, dijo Karl Popper -un pensador clave del llamado racionalismo crítico- cuando cumplió noventa años.
Sin embargo, los llamados a “cancelar” a Heidegger -Popper no fue un caso único- no tuvieron éxito y su obra se ha seguido estudiando en las facultades de filosofía de todo el mundo. Sin embargo, la seducción que produce en muchos su obra no disipa por completo la sombra de su militancia nazi.
Crítica de la civilización
Heidegger nació en Messkirch (suroeste de Alemania) en 1889, murió en Friburgo, a 94 kilómetros de su ciudad natal, el 26 de mayo de 1976 y siempre procuró permanecer cerca de su región de origen. Su refugio era una cabaña que se hizo legendaria en Todtnauberg, en la Selva Negra, donde se retiraba a meditar, a leer y a escribir.
“Toda la historia de la metafísica occidental es la historia del olvido de la pregunta por el ser”, empieza su obra más significativa, “Ser y tiempo”, publicada en 1927.
Generaciones enteras de estudiantes de filosofía han recitado esa frase de memoria y legiones de críticos del pensamiento de Heidegger la han considerado como algo absolutamente incomprensible.
La idea era que toda la filosofía occidental, al menos desde Platón y Aristóteles, había tomado el camino equivocado al centrarse en las cosas, en lo que es, y no en el ser propiamente dicho. La verdadera pregunta de la filosofía, según él, debía ser, ¿por qué hay cosas y no, más bien, nada?
La concentración en lo que es, en las cosas y no en el ser, había llevado a un culto desmedido a la técnica y había lanzado a la humanidad a tratar de dominar el planeta. “El bosque se convierte en explotación maderera. La montaña en cantera, el río en central hidroeléctrica…. La naturaleza no aparece como naturaleza sino como energía, como recurso para la técnica”, decía en otro de sus textos.

La idea de revisar toda la tradición filosófica occidental -y volver a los presocráticos- se daba justo en un momento de múltiples crisis, en tiempos en que había una búsqueda incesante de respuestas a éstas y en los que la crítica de la civilización se daba desde diversos frentes.
Esa crítica de la civilización llevó a muchos a simpatizar con el nacionalsocialismo y a entregarse a la barbarie; Heidegger, que en 1931 ya había votado por los nazis y en 1933 se hizo miembro del partido, fue un caso destacado.
No obstante, los temores ante diversos desarrollos tecnológicos, desde la energía nuclear hasta la Inteligencia Artificial, le dan cierta vigencia a ese pensamiento, tal y como lo ha señalado entre otros el autor alemán Harald Stuttte, en un artículo para el grupo de medios RND con motivo del cincuentenario de la muerte del filósofo.
¿Oportunismo, ingenuidad o convicción?
Los defensores de Heidegger, como Hans Georg-Gadamer, uno de sus discípulos más destacados, tienden a ver en el ingreso al partido nazi -y su compromiso activo como rector de la Universidad de Friburgo entre 1933 y 1934- una muestra ingenuidad política. Otros ven en ello un acto de oportunismo. Y también hay quienes, como Theodor W. Adorno, ven una relación directa entre la militancia nazi y el pensamiento de Heidegger.
Un versión benigna considera que el compromiso sólo duró un año, aunque Heidegger siguió siendo miembro del partido hasta el final de la guerra. Sin embargo, tras la publicación de los llamados Cuadernos Negros, una serie de diarios filosóficos, en 2014, para muchos quedó claro que la cercanía de Heidegger al nazismo era mucho más fuerte que los que muchos habían creído o querido creer.
Un testimonio clave sobre el fenómeno Heidegger lo dio poco antes de su muerte el filósofo judío Hans Jonas que dijo que con la adhesión de quien había sido su maestro al nazismo había perdido la fe en la fuerza de la filosofía, que no había protegido a uno de los filósofos mas grandes del siglo XX de caer en la barbarie.
EFE.
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