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Arte y Espectáculos 21 de noviembre de 2017

Pasó “El silencio del viento”, el drama de los migrantes en medio de una naturaleza vital

Es la ópera prima de Alvaro Aponte-Centeno, un cineasta de la isla de Puerto Rico que realizó varias investigaciones antes de rodar su película.

Un final conmocionante, de alta tensión en el medio del mar del Caribe sella el ritmo de “El silencio del viento”, producción de Puerto Rico y ópera prima de Alvaro Aponte-Centeno, que se vio ayer durante la competencia internacional del Festival de Cine.

El drama de la migración haitiana, dominicana y hasta china hacia la isla de Puerto Rico es el tema que aborda esta cinta, para cuya concreción fue necesario un exhaustivo trabajo de investigación sobre estas comunidades migrantes. Entrevistas con sobrevivientes de naufragios y con pescadores de la periferia de la isla ayudaron a encontrar el guión, que se centra en Rafito, isleño que se encarga de trasladar a los refugiados. Ese personaje lo encarnó el actor Israel Lugo.

Con una amplia formación en la música clásica, Aponte-Centeno trabajó con especial atención sobre los sonidos de su historia y logró así una cinta vital, poderosa. “Los sonidos me provocan las imágenes”, contó el cineasta ayer en Mar del Plata, emocionado hasta las lágrimas por el cálido recibimiento que encontró su filme, que se evidenció en varios aplausos.

Mucho antes de comenzar el rodaje, el cineasta pasó largas horas en el ambiente natural de su ciudad, inspirado en la soledad y en la escucha natural.

“Grababa los sonidos de la naturaleza y me iba a mi casa a escribir los procesos de esos espacios, quise que la música de mi película fueran esos sonidos”, dijo y explicó que el uso de la banda de sonido fue doble, de manera narrativa y descriptiva. La tarea de cuidadosa construcción sonora estuvo a cargo de la productora del filme, Maite Rivera Carbonell. “Buscamos el sonido perfecto”, contó ayer en Mar del Plata.

El cineasta entendió que construyó su película en base a capas, capas de sonidos y capas de temas que van apareciendo mientras Rofito traslada a los inmigrantes por dinero, sin dejar de lado los muchos problemas que ese trabajo le genera. En ese sentido, la violencia doméstica, la deuda económica del país, la cultura puertorriqueña y las afueras de la gran ciudad parecen latir en medio de los personajes centrales.

Fanático de Lucrecia Martel, realizadora argentina con la que cursó un seminario de guión, Aponte-Centeno entendió que puso en práctica la herramienta narrativa que supone “esconder información” de la historia al espectador, con la idea de “provocar a la audiencia a que piense y construya su propia historia”.

En el aspecto más técnico, se declaró defensor de la manera de filmar por medio de planos secuencias, es decir a través de tomas que no registren cortes. “Lo que me llevó al cine son los planos secuencias, porque sumerge al espectador” en el ritmo del relato, opinó en Mar del Plata.

Sensibilizados por la reciente destrucción de su país a partir del paso de huracanes, el director y la productora entendieron que el status colonial de Puerto Rico dificulta la aparición del cine independiente. Por eso el enérgico recibimiento de cinéfilos, especialistas y público en general potenció sus emociones.

“Me inspira y me da fuerza para seguir adelante, para hacer mejor cine”, reconoció él y ella agregó: “Mi país es una colonia, una isla del Caribe poco conocida y no tenida en cuenta como parte de América latina”. Justamente, “El silencio del viento” inscribe a ese país en los dramas contemporáneos del subcontinente.



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