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Opinión 22 de julio de 2018

Pensando en el dólar, la inflación y las urnas

Por Jorge Raventos

Con la presencia en Buenos Aires de Christine Lagarde el gobierno de Mauricio Macri pudo exhibir una importante fuente de respaldo. La número uno del Fondo Monetario Internacional elogió la performance oficial en lo que se ha constituido en principal objetivo económico del gobierno: la reducción del déficit fiscal.

Lamentablemente para el oficialismo, la opinión de Lagarde, importante como es en la esfera de los poderes económicos, influye escasamente en la esfera política doméstica. Que es la principal preocupación del gobierno, colocado ya en posición para la carrera presidencial de 2019.

Como se suponía, terminó el Mundial de fútbol y todas las fuerzas políticas -no solo el oficialismo- volvieron a colocar la elección presidencial del año próximo al tope de su agenda. La conferencia de prensa que ofreció el Presidente el último miércoles se incluye en esa lógica. “Macri ya está en campaña”, diagnosticó Joaquín Morales Solá en La Nación. Nadie podría acusar al columnista de tener simpatías opositoras; por otra parte, cuatro días antes el jefe de gabinete había confirmado ese juicio: “Tenemos que pensar cómo seguir ganando elecciones”, le había respondido con franqueza al diario Perfil.

Rueda sin eje

La rueda de prensa, que el Presidente convocó con mucha anticipación, buscaba ser interpretada como lo hizo el columnista de La Nación, es decir, como “un contraste enorme con su antecesora”, con “el monólogo cristinista”.

En cierto: la señora de Kirchner sólo excepcionalmente aceptaba conferencias de prensa y, en las pocas ocasiones en que se rindió a hacerlo, sus respuestas eran extensas de modo que la sesión se estiraba y las preguntas terminaban siendo pocas. Mauricio Macri, en cambio, respondió a unos diez periodistas (algunos de los cuales tocaron temas incómodos como los despidos en Telam o los fondos de campaña de Cambiemos) y concluyó en media hora (“corto y preciso”, se arriesgó Morales Solá).

No hubo anuncios, aunque podría haberlos habido. Unas horas antes de que Macri diera su conferencia de prensa, el ministro coordinador del área económica, Nicolás Dujovne, había afirmado que, de los 300.000 millones de déficit que el gobierno ha decidido cortar, la caja central se hará cargo de las dos terceras partes; el tercio restante quedará para las provincias (y la Ciudad Autónoma). Es una mejora para los distritos, ya que hasta ese momento se hablaba de un reparto fifty-fifty. Por algún motivo, Macri no quiso presentarse como el anunciante de un alivio, sino como el vocero de lo más riguroso.

Algunos observadores creyeron oír una vigorosa negativa presidencial a suspender temporariamente la rebaja de las retenciones a la soja, algo que temen las organizaciones agrarias y que, en cambio, están reclamando gobernadores de Cambiemos (como el jujeño Gerardo Morales) así como prestigiosos economistas de la UCR y que había sugerido incluso el Fondo Monetario Internacional. En rigor, es probable que las palabras del Presidente hayan sido demasiado ambiguas para convencer a los dirigentes del campo: Macri no afirmó que esa rebaja no ocurrirá; apenas señaló un punto de vista personal: “No creo que las retenciones sean un impuesto inteligente”.

El Presidente también había declarado que “personalmente” no es partidario del aborto, pero eso no impidió que la Cámara de Diputados (con un esfuerzo grande de dirigentes del Pro, el partido del Presidente) diera media sanción al “aborto legal, seguro y gratuito” y le entregara la papa caliente al Senado.

Es probable que el Presidente haya querido dejar sentada su opinión para que el campo no le facture a él la suspensión de las rebajas si ésta finalmente se produce, sea por presión de terceros o por imposición de la realidad y de la emergencia. Cuando las papas queman y la consigna principal es reducir el déficit fiscal, se recauda de donde hay. Macri no quiere perder la simpatía (los votos, si se piensa electoralmente) del campo. De cualquier forma, los dirigentes agrarios toman nota de que este año, por primera vez en una década, Macri no asistirá a la ceremonia de inauguración de la Exposición Rural

Que parezca un accidente

Pero no sólo el Presidente y el jefe de gabinete piensan en las elecciones. En sus propias filas, la liga de gobernadores del Pro (Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal) está discutiendo arduamente los ajustes y traspaso de gasto que la administración central planifica para sus distritos. Vidal y Larreta temen que el apriete financiero se traduzca en debilitamiento político. Las encuestas siguen siendo benignas con ellos, pero el bajón del gobierno central los afecta, aunque sea en menor medida que a Macri.

La Casa Rosada no observa con agrado ni los esfuerzos de discreta diferenciación de esos gobernadores, ni la ventaja relativa de ellos sobre el Presidente en los estudios de opinión pública, ni -mucho menos- la tendencia de los medios a instalar a la gobernadora Vidal como eventual reemplazo de Macri en la boleta presidencial. Todavía se comentan en Balcarce 50 recientes declaraciones de Cris Morena a CNN sobre Vidal: “Me parece una mujer mágica, angelada, absolutamente incorruptible y fuertísima, y me encantaría estar al lado de ella en todo. Ojalá sea nuestra presidenta, que los hombres que hoy están digan es ella, y no la dejen para después”. Semejante expresión es sin duda reconfortante pero incómoda para la gobernadora.

Como para incrementar esa incomodidad, Vidal debe afrontar estos días una ofensiva que cuestiona el financiamiento de campaña bonaerense de Cambiemos y la acusación de haber presentado a la justicia listados falsos de aportantes. ¿Conseguirá este accidente bajar a la gobernadora de su sitial en las encuestas?

Por su lado, Larreta salió rápido a desmentir que haya una interna en Cambiemos:”Es totalmente mentira – aseguró -. Siempre buscan algo para mostrarnos en desacuerdo con Marcos Peña. Hablo con él todos los días, hace 15 años”. A diferencia de Peña, el gobernador porteño no cree que sea saludable hablar hoy de elecciones: “Hasta mitad del año que viene no veo que empiece la campaña. Tenemos mucho laburo por hacer”, opina.

La inconclusa (aunque refrenada) “tormenta cambiaria” ha tenido el efecto de erosionar la autoridad presidencial, develó tensiones en el gobierno y en el seno del oficialismo y, así,mantiene en estado de incógnita la factibilidad del programa reeleccionista.

Esa combinación de situaciones requería un gesto del Poder Ejecutivo, si está decidido a recuperar centralidad. La conferencia de prensa del miércoles fue impulsada por esos motores pero no tuvo, quizás, la fuerza que los estrategas de comunicación de la Casa Rosada habían imaginado. Para completar la tarea se necesitan algunos hechos concretos, algunas decisiones: ¿las inspecciones a la contabilidad de un centenar de gremios decidida por el ministerio de Trabajo son, acaso, el complemento vitamínico con que el gobierno busca recuperar vigor y posicionamiento ante su electorado propio?

CFK y la reelección de Macri

Por cierto, los aprontes electorales no son una exclusividad del oficialismo. El peronismo y el kirchnerismo también trabajan ya con esa perspectiva. Miguel Pichetto, jefe de los senadores peronistas, enmendó esta semana la plana a los analistas políticos y aseveró que la señora de Kirchner será candidata presidencial de su sector: “No entiendo a los analistas que no se dan cuenta de que ella inevitablemente será postulante por el partido que formó, la Unión Ciudadana”, aseveró el senador. Y aclaró: “Yo no aliento esa candidatura. Sólo digo que, conociéndola a la ex presidenta, no hay ningún candidato de su fuerza que no sea ella.”

Para Pichetto no es viable un amontonamiento peronista con el kirchnerismo. Él se inclina por una fuerza renovada del peronismo que a más tardar en octubre esté en condiciones de presentar candidatos y programas a la sociedad, una fuerza que si bien puede compartir algunos objetivos con el gobierno (inserción internacional, diálogo político democrático) tiene metas diferenciadas, ligadas con la justicia social y la defensa de la producción nacional. Ese peronismo renovado tiene “ que dejar de lado los devaneos y entrar de lleno a un proceso de construcción electoral claro, preciso -concluye Pichetto-, con Massa, Urtubey, Schiaretti, Lavagna”. Para octubre faltan apenas 100 días.

Del seno del poskirchnerismo se diferencian algunas voces (Alberto Fernández, Facundo Moyano, Felipe Solá) que se inclinan, en cambio, por una gran interna panperonista que incluya al kirchnerismo (sin dejar afuera a Cristina Kirchner). “Yo no quiero ir a una elección con dos peronismos -sostiene, por ejemplo, Solá-. El que trabaja para que haya dos peronismos trabaja para Macri”.

Por su parte, la señora de Kirchner no habla de su propia candidatura. En rigor, no habla demasiado en los últimos tiempos. Dedica su tiempo a organizar su fuerza y a buscar caminos hacia una ampliación de su influencia. Ella es conciente de que, más allá de que las encuestas le sonrían con una mejora de su imagen positiva en los últimos tiempos, todavía tiene un techo muy bajo que achica sus posibilidades electorales. Por eso, por ahora alienta a Felipe Solá y al santafesino Agustín Rossi para que compitan por la candidatura presidencial de su espacio. Ellos -sobre todo Solá- pueden sumar sectores que hasta el momento se muestran renuentes a su figura.

Sin embargo, como vaticina Pichetto, lo más probable es que al final la candidata sea ella. Eso supone, al menos, Alberto Rodríguez Saa, que asegura que será su compañero de fórmula.

¿Qué efecto tendría una candidatura de Cristina Kirchner para la estrategia reeleccionista de Macri?

Si esa candidatura surgiera después de una gran primaria panperonista, para llegar a ella la señora habría liquidado previamente a las figuras del peronismo renovador que alienta Pichetto. Una elección presidencial con polarización Macri-CFK colmaría el ideal de la Casa Rosada, que capitalizaría ese enfrentamiento en primera o en segunda vuelta.

Por eso, mantener en pie a la señora de Kirchner sigue siendo un elemento central de la estrategia electoral del gobierno.