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Opinión 13 de abril de 2019

Ante la grave situación, trabajar juntos sin diferencias políticas

Foto: archivo.

por Gustavo A. Crego

Es la primera vez en tantos años que veo preocupación en distintos sectores de la ciudad por el destino político de Mar del Plata. Si algo hay que agradecer a la gestión política que finaliza, es la preocupación generalizada de empresarios, comerciantes, profesionales e industriales, ajenos a la política, por lo que viene.

Ya no es colaborar con una campaña. Ahora, además de desconfianza y decaimiento, lo que se percibe es temor. Temor a seguir como estamos o peor. Temor a seguir perdiendo la identidad que se supo ganar esta ciudad a lo largo de la historia. Además, mucho habrá que trabajar para lograr salir de los primeros puestos de estadísticas nefastas de desocupación.

Hoy tenemos una ciudad sucia, mal atendida, con un estado deplorable de sus calles y servicios. Una ciudad sin suministro suficiente de gas, con un Parque Industrial abandonado y olvidado para las empresas que son generadoras de producción y empleo. Un Parque donde trabajan miles de personas sin servicios ni para ellos ni para las empresas, con requerimientos de asistencia médica y primeros auxilios, demanda de energía, sin bancos, sin estación de combustible, ni siquiera un buen acceso para la cantidad de gente que allí trabaja.

Es contundente y ejemplificador un informe realizado por la Universidad Nacional de Mar del Plata sobre el Parque Industrial hecho en el año 2017, solo hay que leerlo y se sabrá lo qué hay que hacer, lo que se demanda para su crecimiento y generar nuevas fuentes de trabajo.

Hoy el distrito cuenta con caminos rurales sin mantener, cobrándose mantenimiento como si fueran pavimentados, con accesos malos para quinteros y productores ganaderos y agropecuarios; como bien se dijo en una reunión de trabajo promovida hace pocos días estamos hablando del segundo sector frutihortícola en importancia de la provincia de Buenos Aires.

Por otra parte, se registran concesiones municipales de espacios otorgados por licitaciones con pliegos incumplidos, con destinos alterados, todo ello bajo la decisión discriminatoria de un poder político que levanta o baja pulgares para permitir o denegar. Un sistema tan autoritario que ha permitido a un Ejecutivo hasta dictar decretos cancelando concesiones y licitaciones. Es la política sobre la autoridad del Estado. El gobierno dirigido por la política sobre la autoridad del Estado. La misma política que vulnera la libertad de actuar y decidir a los poderes Legislativos y Judiciales.

Un poder Legislativo que no asume responsabilidades institucionales también por estar sesgado por temas políticos y un poder Judicial que nunca llega a tiempo y del cual también se duda por la relación política que lo envuelve.

Podemos seguir con los diagnósticos. En educación es notorio el detestable estado de los establecimientos municipales y su abandono. Y así, va desapareciendo el sentimiento de pertenencia de las cosa pública, de las que somos partes y sentimos como propias. Falta además que todos, padres, maestros y vecinos, sintamos que esa escuela es nuestra como lo fue la que concurrimos nosotros. Esas escuelas públicas que son en la sociedad la única escalera que nos permitirá acceder a un estrato social superior, crecer como personas y ambicionar superación social. Pues la educación pública es la puerta que posibilita al ciudadano de menos recursos, a quien no puede acceder a una educación privada, llegar al mismo destino final, superarse y subir la escalera no importando lo que tiene. Esa escalera que se convierte en un trampolín de superación personal y social y que a su vez se transformará en un compromiso moral para la devolución a la comunidad.

En cuanto a la inclusión laboral, todos sabemos la gravedad de la situación. Las soluciones no llegarán solo por tener el diagnóstico, sino que obligan a gestionar ante las autoridades nacionales y con el triste fundamento de ser la ciudad que encabeza el ranking de la desocupación, sistemas alternativos y provisorios de inclusión laboral que permitan a nuestros empresarios industriales y comerciales, en estos momentos de crisis, incorporar un número de nuevos empleados con cargas sociales y aportes reducidos por un tiempo determinado.

Por ejemplo, que permita un contrato de trabajo ajeno a la indemnización laboral por dicho período. Hay que pensar y gestionar conjuntamente con sindicatos y centrales quienes a su vez deben entender que debemos dejar de luchar por falsas conquistas que no hacen más que replegar, desinteresar y descreer a los que requieren la mano de obra. Incentivar al desarrollador/constructor de Mar del Plata, que también debería ser uno de los pilares para el crecimiento y mantenimiento laboral de la ciudad. Ya sabemos que es la actividad por excelencia que más empleo e industria ocupa, y le debemos tender la mano para que desarrolle y ocupe más personas. No los debemos asfixiar. Hay que eliminar trabas, como los costos inventados de las factibilidades de Obras Sanitarias y electricidad, y bonificar derechos de construcción para distintos proyectos que a la vez permitan emprendimientos sociales para ir cubriendo la necesidad de vivienda de los sectores más postergados. Pensar y gestionar.

Caminar juntos

Y todo esto se logra con la política. Pero no todo se logra con la misma política que se viene aplicando hasta ahora. Hay temas que deben estar por encima de políticas partidarias.

Es nuestra ciudad, es nuestra patria chica. Es donde está lo que queremos, donde nos hemos desarrollado y criamos a nuestros hijos, incentivándolos para que se queden en la ciudad en la que queremos seguir desarrollándonos. Queda mucho por hacer. Hay acuerdos y cuestiones a desarrollar en educación, salud y modernización del Estado, que deben ser superiores a las políticas partidarias. No son proyectos de un partido o de un gobierno de un período. No podemos hacer la gesta para crear el CEMA y al próximo gobierno desarticularlo. No podemos aprobar un Parque o Polo Informático para que el próximo gobierno, como el actual, lo deje de lado. Son proyectos que demandan un esfuerzo político, económico y social que superan a un gobierno y que requieren la activa participación de todos los sectores que pugnan por el desarrollo de la ciudad.
Debe terminar la miserable política vigente que se opone sólo para ganar pulseadas o para negociar acuerdos. Esta es nuestra ciudad y tenemos la obligación moral de actuar con honestidad en estas cuestiones claves y desinteresadamente.

Creo que es el momento de decir basta y de comenzar a caminar juntos en algunos temas. Deben sentir todos los sectores políticos que juntos podemos lograr cosas aunque mantengamos la independencia de pensamiento y de identidad y compitamos políticamente, trabajando sobre algunos temas que deben necesariamente estar por encima de los intereses personales o partidarios.

Gestionar y pensar, no en el corto vuelo de un período, sino imaginando una ciudad para dentro de veinte años. Pensemos en un tren bala que una a Buenos Aires con Mar del Plata en poco tiempo, que haga que más de veinte millones de habitantes estén cerca de este destino.

Pensar y gestionar ante la inmensidad de metros cuadrados construidos y abandonados en Chapadmalal, donde podría levantarse un polo de viviendas. Miles y miles de metros que en este momento sirven para recuperar y solucionar uno de los temas más importantes, tal cual es el acceso de miles de ciudadanos, que no pueden acceder a un crédito, de llegar a la vivienda propia.

Ahí se encuentran más terrenos por lo que puede pensarse en un polo de viviendas, como en muchas ciudades del mundo, a 20 o 30 minutos del centro, generándose a la vez un polo comercial y educativo que asista a miles de personas.

Hay que pensar y gestionar. Pero también achicar el costo económico de la política. Nos debe hacer sentir moralmente mal que un representante político tenga hasta un número de 14 asesores con sus abultados sueldos, cuando hay gente que debe ir a los comedores barriales para poder alimentar a sus hijos. Qué empresa privada aguantaría estos costos, terminar con el “chupete” del Estado, es muy difícil y falto de ética y moral discutir una paritaria con un sindicato mostrando tal exceso y despilfarro del erario público. Gobernar con él ejemplo.
Tenemos una ciudad con Universidades públicas y privadas, Colegios profesionales y organizaciones sociales con capacidad para asesorar y trabajar. Es tiempo de sincerarnos, de levantarnos juntos. De convocar a los distintos partidos y candidatos de todas las líneas a mostrar que juntos, en muchos temas, se puede y se debe trabajar sin intereses mezquinos. Enseñemos con los ejemplos. Es hoy nuestra obligación. Es hoy lo que debemos hacer.

(*): Escribano.