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Cultura 28 de febrero de 2021

Rodrigo Díaz: “Es increíble cómo justificamos la concentración del poder”

"Los intereses de una minoría muy poderosa pueden deformar y, de hecho, deforman la verdad en la que cree la gran mayoría", define el escritor marplatense, radicado en Alemania, sobre la problemática mundial que sirve de puntapié para su historia policial satírica.

Por Claudia Roldós

“AF-No ha pasado nada” es la segunda novela del escritor marplatense radicado en Alemania Rodrigo Díaz.

La obra, un policial satírico, es una historia coral, en la que se cruzan personajes muy distintos entre sí -sólo tienen en común ser argentinos y vivir en Colonia, Alemania- atravesados pon una circunstancia muy particular: Alguien los está matando.

La concentración del poder, el desprecio por la vida, la diferenciación entre mérito y privilegio, los intereses de esos poderes concentrados que priman sobre la verdad, la justicia y las buenas intenciones, el neoliberalismo y la corrupción, son algunos de los temas que se desgranan en esta trama de ficción, pero que está anclada en numerosos hechos que han ocurrido realmente, tanto en Argentina como en Alemania.

“Es increíble cómo justificamos la concentración del poder”, señala Díaz, en una charla con LA CAPITAL sobre esta novela.

La historia comienza cuando un marroquí asesina a un argentino en Colonia. Parece un caso aislado pero con el pasar de los días, los cadáveres y las preguntas comienzan a apilarse. ¿Quién está matando argentinos y por qué en Colonia? ¿Quiénes son The Pigs? ¿Quién es A.F.? ¿Quién se hace llamar The Catman? ¿Y qué tiene que ver todo esto con Jorge Luis Borges?

Rodrigo Díaz, licenciado en letras por la Universidad de Mar del Plata, reside en Colonia desde 2007, donde además de ser escritor, trabaja como docente.

Ha escrito cuatro libros: Anotaciones (compilación de cuentos); Los niños de Abraham (novela histórico-fantástica no publicada); El perro infinito (sátira histórica basada en la vida de Ramón Llull publicada en Barcelona por Editorial TEGE) y AF-No ha pasado nada (editada por Ibáñez Ediciones).

tapa libro

-¿Cuándo surgió la idea para escribir AF No ha pasado nada?

-La idea surgió durante el 2017 en parte por la impotencia que me generaba la forma en la que estaba evolucionando la política en Argentina y en el mundo. La escritura se concretó más tarde, durante el 2018, y en este libro pasó algo poco usual: fui escribiendo sobre los días que estaban sucediendo. Es decir, el primer día de la novela es el día en el que empecé a escribir. La idea era que tanto el tiempo como el lugar fueran muy cercanos a mi realidad.

-El libro arranca con la dedicatoria “a quienes distinguen mérito de privilegio” y ¿Es a la vez el puntapié de la historia?

-Sin dudas. En la novela, la concentración de poder y el ocultamiento de esa concentración producen una cadena de asesinatos y atentados macabros. En la realidad, la concentración de poder y las formas que se emplean para que sea aceptada por la gran mayoría, son menos excéntricas, pero no menos espeluznantes.

En Argentina, por ejemplo, está presente la idea de que trabajar desde los quince años para ayudar a la familia y recibirse en la escuela nocturna es un mérito mucho menor que obtener un título de una institución privada. Y esto aunque se sabe que, en muchas de estas instituciones, el alumno es considerado casi como un cliente ya que invierte una buena cantidad de dinero en su educación. Yo trabajé en algunas de estas instituciones y conozco esos mecanismos de primera mano.

Pero lo extraño no es que una minoría quiera instaurar que ser hijo de alguien con poder y con plata es mucho más meritorio que el trabajo, que el deseo de mejorar y que las cualidades personales. Lo extraño es que buena parte de la población esté dispuesta a creer ese discurso. AF es un intento de abrir un diálogo al respecto. Por eso aparece la dedicatoria que, efectivamente, es el puntapié inicial para ese diálogo.

-Aclarás en varias oportunidades que los personajes de la novela son de ficción, no obstante, el verosímil de la historia está anclado en hechos que sí han ocurrido o estructuras que sí existen.

-Decidí escribir esta novela a partir de una rectificación de la revista Forbes. A principios del 2019, la ONG Oxfam publicó un estudio diciendo que las veintiséis personas más ricas tienen tanto capital como la mitad más pobre del mundo. Este estudio se basó en los datos de la revista Forbes y generó cierto revuelo. Al poco tiempo la revista desmintió los resultados de Oxfam. Dijo que sus datos habían sido malversados y que los parámetros que había utilizado la ONG eran tendenciosos. La realidad, aseguró Forbes, es muy diferente: no son veintiséis las personas que poseen tanto capital como la mitad más pobre del mundo. Son cuarenta.

El hecho de que aceptemos algo tan absurdo como la estructura natural de nuestra sociedad, es lo que me impulsó a escribir este libro. Algún lector podría llegar a pensar que esto no es ninguna novedad y que en el mundo siempre hubo una injusta concentración de poder. Y esto es cierto.

Pero lo que es increíble es la forma en la que lo justificamos hoy en día. En la Edad Media se decía que el poder venía de la voluntad de Dios, así que no había mucha discusión posible. Hoy en día, justificamos que cuarenta personas posean tanto capital como la mitad más pobre del mundo diciendo que esto es “lo mejor para todos”. Así se generan riquezas y formas de explotación que son casi increíbles.

-En el libro se mencionan casos que describís cono ‘el absurdo del neoliberalismo’ y como ejemplo el intento de condonación de una deuda de una empresa de la familia del ex presidente con el Estado.

-Alguien podrá decir que a muchos gobiernos se los acusa de corrupción, pero lo increíble de esto es que no se trata de corrupción, no fue algo oculto. Se hizo siguiendo los canales “oficiales”. También fue increíble la participación del expresidente en el escándalo de los Panama Papers. Sobre todo porque, después de quedar demostrada su participación en el escándalo económico más importante de las últimas décadas, no hubo ninguna consecuencia real para él o para su gobierno.

El ejemplo más triste y más terrible que se menciona en el libro es el de la fumigación de escuelas en Argentina con agroquímicos. Recuerdo una nota de la Detsche Welle que decía que 80% de las escuelas de Entre Ríos habían sido fumigadas en horario de clase. Y si pensamos que la mayor parte del dinero generado por la explotación agraria en Argentina (sobre todo en épocas en las que se redujeron las retenciones al campo) iba a manos de unos pocos y al extranjero, este dato es todavía más terrible.

-También aparecen en el libro ejemplos de otros países, como una historia increíble de venta de armas.

-Antes de la crisis griega, Alemania le vendió a Grecia submarinos con fallas de fábrica y después la obligó a comprar más de esa chatarra para “ayudarla” a salir de la crisis. Y también es cierto el dato de la crisis del 2008: de cada veintiún dólares que generaba la especulación inmobiliaria en los EEUU justo antes de la crisis, sólo uno era un dólar “real”, es decir, se correspondía con economía del país. Y esto lo sabían casi todos los que estaban implicados en esas inversiones.

-De los hechos políticos, muchos tienen que ver con Argentina ¿Cómo se viven/perciben esos hechos desde la distancia, con la mente de un Argentino que hace años vive en otro país?

-A la distancia, las cosas malas se viven con mucha impotencia. Además a mí se me genera algo como culpa porque las cosas acá, en Alemania, son mucho más estables y funcionan mejor. Es raro no haber compartido el malestar que sufrieron tantas personas. También porque soy consciente de que el malestar de allá está muy relacionado con el bienestar de acá.

Pero la llegada del neoliberalismo a la Casa Rosada no fue un hecho aislado. En todo el mundo se pudo observar lo mismo: en Brasil, en los Estados Unidos, en Chile. En Francia, Le Pen, que es lo más a la derecha que surgió en mucho tiempo de la derecha francesa, salió segunda en las presidenciales. Y acá en Alemania, la AFD, un partido de la derecha radical que llegó a negar el Holocausto, en algún momento tuvo un 13% de intención de voto.

El coronavirus cambió un poco todo esto. Ahora parece que se le está dando un poco más de importancia a los valores sociales y, sufrir, se sufre en todos los países. Aunque sin igualdad de condiciones, por supuesto.

-En algún punto en la novela también se muestra que los intereses priman sobre la verdad y la justicia en cualquier ámbito, en cualquier país. ¿Es así?

-Yo lo expresaría así: En todas partes del mundo hay gente que concentra demasiado poder y demasiado capital. Muchas de estas personas viven en democracias modernas, es decir, en países en los que se supone que se hace lo mejor para el bien común. Para atenerse a la verdad, estos individuos tendrían que decir: “No tiene ningún sentido que yo acapare tantos recursos y que tenga tantas posibilidades mientras mucha gente, dentro y fuera de este país, sufre carencias graves”. De más está decir que esto no sucede. Algunos individuos que concentran demasiado poder lograron esta posición privilegiada de manera legal, muchos de manera ilegal. Pero lo que todos tienen en común es que lo han hecho de manera inmoral. Por lo menos si se piensa en esos groseros privilegios usando la escala de valores de las democracias modernas. Así que esta gente utiliza los gigantescos recursos que posee para convencernos de que semejante desproporción está bien y de que es por el bien común.

Resumiendo: diría que sí. Creo que los intereses de una minoría muy poderosa pueden deformar y de hecho deforman la verdad en la que cree la gran mayoría.

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-¿Sentís un desprecio por el valor de la vida de los demás de aquellos “AF” reales?

-Absolutamente. Los grupos humanos pueden relacionarse a partir de la cooperación o de la competencia. En realidad, siempre es una mezcla de estos dos principios, pero haciendo más hincapié en un extremo o en el otro. El neoliberalismo, por definición, se basa en la libre competencia. Sin reglas, sin control. Para un neoliberal, el único rol del Estado es asegurar la libre competencia y todas las demás personas están compitiendo contra él. Para ser efectivo, va a tener que buscar aliados, es decir, otras personas que solo tendrán valor en tanto lo ayuden a competir contra los que no son sus aliados. Para un neoliberal, entonces, las demás personas son sus competidores, o sus recursos, o, en el mejor de los casos, sus aliados para competir contra los demás. La gente no tiene un valor en sí misma.

-Hay algunos aspectos de la vida de los inmigrantes que parecen nutridos de tu experiencia. ¿Lo son? ¿También tienen que ver con la experiencia de otros argentinos viviendo allí en Colonia?

-Uno de los protagonistas principales de la novela es un docente en una universidad alemana, trabajo que realicé durante diez años. Otro es un escritor argentino de medio pelo radicado en estas tierras, oficio que practico hasta el día de hoy. Ninguno de los dos está basado en mí, pero sí comparto muchas cosas con ellos. En esta novela intenté mostrar la ciudad y el país en los que vivo a partir de los ojos de extranjeros. Mi entorno, mi realidad. Desde un primer momento era ese uno de los objetivos principales de este proyecto. Y para conseguirlo no sólo me basé en mis experiencias, también tomé en cuenta las miradas de otros argentinos que viven por estos lados. Hay que pensar que es una novela coral con muchos personajes.

-Otra cuestión, más allá de las historias de la novela, ¿tiene que ver con la visión pesimista en cuanto a las ideas de libertad e igualdad?

-En alemán hay una expresión muy bonita: “jein” que es una mezcla de “ja” (sí) y “nein” (no). Por un lado, creo que existen y siempre existieron concentraciones de poder injustas que hacen imposible que la libertad y la igualdad sean plenas. Creo también que siempre van a existir. Pero, por otro lado, estoy convencido de que las sociedades siempre se acercan a la cooperación y se alejan de la competencia (con algunos impases, por supuesto). Si los grupos no buscan lo mejor para la mayoría, en algún momento la mayoría se cansa y el grupo, de una forma o de otra, deja de existir. Es decir, creo que siempre habrá injusticias, pero espero que cada vez sean menos. Para eso tenemos que trabajar y plantear diálogos en los que de verdad nos preguntemos hacia dónde queremos ir como sociedad.

-¿Por qué elegís el absurdo, la sátira para contar la historia? ¿Creés que es el registro que mejor se adapta a la compleja realidad?

-Efectivamente, el tono absurdo lo dictó la realidad. La rectificación de la revista Forbes que mencionaba antes o, más en general, el hecho de que defendamos la existencia de multimillonarios a partir del derecho a la libertad y la igualdad (cuando se habla del tema, podemos escuchar: “los billonarios son libres de poseer propiedad privada” o “todos somos iguales ante la ley y, si no querés que alguien cuestione tu propiedad, no podés cuestionar la de ellos”) es tan absurdo que la sátira era casi inevitable. Sólo hay que pensar que el 1% de la riqueza de Jeff Bezos es igual al presupuesto de salud en Etiopía. Como se dice al final del libro, la explicación a estos hechos que ofrece la novela es absurda. Pero ¿puede el lector ofrecer una explicación que no lo sea?

-¿Cómo surgió la posibilidad de editar la novela en Felipe Ibáñez, de Barcelona?

-Entré en contacto con Felipe Ibáñez porque él había editado el libro Patria de Alejandro Ippolito. Alejandro es amigo de mis padres y, como yo estaba buscando un editor argentino para este nuevo proyecto, nos pusieron en contacto.

La vida en Alemania con ojos marplatenses

Rodrigo Díaz había viajado un par de veces a Alemania antes de instalarse a vivir en Colonia, en 2017.
Se mudó por un amor y, hoy, con otro amor, formó una familia con dos hijas que describe como “hermosas”.

Sobre su vida en la ciudad cargada de historia, ubicada a las orillas del río Rin, en el oeste de Alemania, sostuvo que “la vida acá es, por un lado, más tranquila que la vida en Argentina”.

En ese sentido, Díaz explicó que en Alemania “hay más seguridad económica y el Estado está más presente (si uno no tiene trabajo, por ejemplo, cobra una pensión y tiene obra social). Pero esa tranquilidad se paga muy caro”.

Según su experiencia, “en Alemania la gente vive con mucho miedo y eso desmejora mucho la calidad de vida. Esto puede parecer raro, porque hay muy poca inseguridad, pero acá la gente convive con el miedo a hacer algo malo, a no rendir lo suficiente, a no cumplir con las expectativas. Así que sé apreciar los pequeños caos argentinos. Creo que, si uno tiene la suerte de tener las necesidades básicas cubiertas, puede tener una calidad de vida muy alta en Latinoamérica. Quizás más alta que acá”.

Díaz escribe desde que era chico, pero AF es la segunda novela que publica. La primera fue “El perro infinito”, también editada en Barcelona.

Al margen de escribir, se gana la vida como docente. Trabajó en varias instituciones de Argentina y de Alemania y en el 2009 empezó a enseñar en la Universidad de Colonia.

En medio de la pandemia, ha seguido gestando proyectos. Uno, en colaboración con Walter Lingán, un escritor peruano. “Estamos armando el grupo cultural Lautaro. La idea es producir y apoyar el arte y la crítica social en español por estas tierras”.

Además, se encuentra trabajando en una biografía. “Estoy entrevistando a un refugiado afgano y transcribiendo su vida. El tiene una historia increíble y su escape a través de nueve países y con unos miles de kilómetros caminados es un hermoso ejemplo de perseverancia y de coraje. Además, lo que ha sufrido es un buen punto de comparación para pensar de dónde vienen las miles de personas que emprenden ese viaje todos los años”, reflexionó.

Para conocer más a Rodrigo Díaz o ponerse en contacto con él: https://www.rodrigodiaz.net/