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Cultura 24 de septiembre de 2023

Valeria Sol Groisman: “La ansiedad es un fantasma, porque existe pero no se ve”

“Barullo” es la primera novela de la periodista, investigadora, docente universitaria y autora de libros de divulgación científica como “Desmuteados”. En esta ocasión, nos adentra en la mente de una joven con ataques de pánico. Mediante una escritura fragmentaria, digresiva y coral, logra captar la manera vertiginosa de ver el mundo de una persona ansiosa, que es también la forma en que pensamos y vivimos hoy.

Valeria Sol Groisman es coautora de los libros de divulgación científica "El ABC de la obesidad", "Más que un cuerpo", "Somos lo que comemos" y "El método No Dieta".

Por Rocío Ibarlucía

Maca lleva casi un año atrapada en su monoambiente desde que tuvo el primer ataque de pánico. Para sobrellevar la soledad, habla con otra voz -interior- y la escribe. También cuenta los días, las horas, los minutos, los segundos del tiempo de su encierro, copia citas de novelas, arma listas de canciones, colecciona titulares disparatados, busca en Google sobre ansiedad, fobias y pánico. Así pasa sus días la narradora protagonista de “Barullo”, la primera novela de Valeria Sol Groisman editada por Hojas de Sur, para sobrellevar el miedo a que un nuevo episodio vuelva a ocurrir.

Las palabras de Maca, cuando su ansiedad se vuelve incontrolable, pueden volverse confusas, inquietas, atropellarse unas con otras, porque la idea que intenta expresar se dispersa en otras, muchas veces al punto de convertirse en puro barullo. “Mi cerebro es un cúmulo de palabras e imágenes abarrotadas y desordenadas como las piezas de un memotest antes de la primera partida”, confiesa el personaje.

¿Cuál es la forma de la ansiedad? ¿Es posible narrarla? A lo largo de la novela de Groisman, se van desplegando definiciones de otros autores, que van desde la medicina o la psicología cognitiva a la literatura. Como la protagonista es una lectora voraz, al igual que su autora, va recopilando citas que la ayudan a entender lo que está atravesando. Por ejemplo, recupera el análisis que hace Favio Morábito de “La metamorfosis” de Kafka, en donde analiza la supresión del grito de Gregorio Samsa cuando se reconoce bicho. En lugar de entrar en pánico o pedir ayuda, se preocupa por llegar tarde al trabajo y responde al llamado de su madre con un “Ya me levanto”, como si nada hubiera pasado. Esta es una de las tantas formas que encuentra la protagonista de “Barullo” para explicar lo que siente. Porque, como Samsa, Maca tampoco puede nombrar lo que le pasa o lo que le pasó para llegar a ese estado de ausencia, de soledad, de ahogo.

Pero a pesar de la imposibilidad del grito, Maca escribe. La escritura es una herramienta para intentar entender. De hecho, la novela incluye zonas en las que la protagonista logra describir minuciosamente un ataque de pánico, qué pensamientos se cruzan en ese instante, en qué parte del cuerpo lo percibe, la taquicardia, el dolor en el pecho, el mareo, la falta de aire, el barullo.

“Lo que puedo nombrar no puede realmente punzarme” es una de las citas de Roland Barthes incluida en la novela. Maca intentará a través de las voces de otros autores y de la propia escribir lo que le pasa para que el dolor no punce tanto.

Valeria Sol Groisman, tras haber publicado numerosos libros de divulgación científica, elige esta vez la ficción para explorar la forma de la ansiedad, la enfermedad de salud mental de nuestro tiempo. Sin abandonar su trabajo como comunicadora e investigadora, como puede verse en la cantidad de datos que habitan en la mente de la protagonista, la narrativa le permite explorar en el lenguaje embarullado, la estructura fragmentaria y los múltiples narradores cómo piensa una mente ansiosa. Y no solo lo capta, sino que nos contagia el estado de alerta y dispersión de la protagonista a los lectores, quienes seguramente nos veamos reconocidos en esa manera vertiginosa de pensar, hablar, leer y escribir que caracteriza los tiempos actuales.


Barullo


-¿Por qué decidiste escribir sobre la ansiedad, un síntoma de nuestra época que tomó visibilidad después de la pandemia?

-No es que elegí el tema como algo central de la novela, sino que fue surgiendo, porque lo primero que se me ocurrió fue escribir sobre los miedos y el encierro. Obviamente, el encierro vino por la pandemia, o sea, estábamos todos muy angustiados. Pero en realidad empezó por un texto, que después va a ser un capítulo de la novela, en el que Maca recuerda cuando era chiquita los miedos que tenía y cómo era no poder dormir de noche, levantarse para hacer pis muchas veces y hacer ruido para que los papás se despierten, para no estar sola en la oscuridad, en la soledad. Y ahí apareció el tema de la ansiedad.

Por otro lado, esta novela fue parte de una tesis académica, en la que yo de manera teórica trataba de explicar la ansiedad como una metáfora y un síntoma de nuestra época. Según la OMS, la ansiedad es la enfermedad de salud mental más prevalente de la actualidad, la que más está creciendo. Lo que intenté demostrar en esta tesis o, por lo menos, investigar era de qué forma la ansiedad funcionaba o remedaba la manera en que consumimos y producimos textos o discursos en esta época. Entonces, lo que quise mostrar a través de la novela es cómo funciona una mente ansiosa, que es una mente en ebullición. Por eso, empecé por la forma más que por el tema. Primero traté de demostrar cómo funciona una mente en ebullición y, para eso, busqué hablar de una manera ansiosa, crear un clima ansioso y, finalmente, la ansiedad se vuelve el tema central de la novela.

“Alejandro Sanz, Tini Stoessel y Lali Espósito son figuras públicas a las que hablar de la salud mental les da un poco de atención, pero a la gente común todavía le da pudor”.

-¿Cómo fue ese proceso de transición de la escritura académica a la ficción?

-Difícil. Como periodista, tengo un lenguaje, un tono, un formato, el hecho probable, los datos y a mí eso me ata mucho. Yo di muchos años y sigo dando clases de periodismo, sigo haciendo periodismo y divulgación científica y trabajo en el ámbito académico, por lo que me cuesta mucho meterme de lleno en el terreno de la imaginación sin pensar en lo real. Entonces, cuando empecé a escribir “Barullo”, me di cuenta de que si hablaba de un tema que afecta a muchas personas, yo como periodista pero también como escritora no podía dejar de aportar información y que la información de la novela fuera confiable y comprobada. De hecho, aparecen citados estudios científicos en la novela. Hay una mezcla de géneros que creo que me permitió seguir de alguna manera con mi estilo de divulgación, con mi estilo académico y, por otro lado, me dio una libertad increíble que nunca pensé que iba a tener que te da la ficción. La ficción te da esa libertad de crear mundos y en este punto está muy relacionada con la ciencia, que es un tema que a mí me apasiona, por eso hago divulgación científica y en la Universidad Favaloro doy clases de redacción científica hace mucho, o sea, son temas con los que yo me siento muy cómoda, muy familiarizada. Tanto la ciencia como la literatura son dos ámbitos de pensamiento que crean mundos posibles, es decir, piensan sobre mundos que no existen para crearlos de alguna manera. La ciencia trabaja con lo que todavía no existe, pero que puede funcionar, mejorar la salud puede mejorar el mundo. Y la ficción también.


Vale Groisman TAPA

Valeria Sol Groisman es escritora, investigadora, docente universitaria y gestora cultural.


-De hecho, la novela tiene un componente ensayístico porque se van esbozando definiciones sobre la ansiedad desde diversas perspectivas, ahí también se ve el cruce entre la investigación y la ficción.

-Sí, hay una hibridación, eso es intencional, hay una escritura fragmentaria. Yo podría haber escrito un ensayo sobre la ansiedad, pero me pareció que de la única forma que yo podía recrear el clima ansioso era a través de la hibridación de géneros, la catarata de ideas, un personaje que no para de pensar, de traer a su cabeza libros, música, historias, recuerdos, aparecen mucha voces y, por otro lado, la voz de la otra Maca, esa vocecita interna que le habla, como un pájaro carpintero, que de alguna forma es otro género, es otro tipo de texto que se incrusta en los capítulos de Maca.

-La ansiedad se ve también en el montaje de citas médicas, literarias, canciones, fotografías, listados de titulares, conversaciones de Tinder, informes del psicólogo. ¿Podría pensarse que también así es la forma en que pensamos hoy?

-Exacto. Yo trabajo en el ámbito de la comunicación y me pongo a pensar cómo pensamos hoy y pensamos fragmentariamente. O sea, yo estoy hablando con vos, pero por ahí la cabeza va hacia otro lado, tengo una computadora enfrente y tal vez me tienta entrar y revisar algo, contestar un mensaje. Hoy pensamos, escribimos y leemos fragmentariamente. Por ejemplo, a mí me encanta leer, pero te voy a ser sincera, hoy me cuesta muchísimo sentarme en un sillón y leer 30 páginas sin interrupciones. Si leo una frase que me parece interesante, un autor, una canción, no puedo evitar ir a Google y buscarlos. Hoy el consumo y la producción de discursos están fragmentados. Entonces, me pareció interesante mostrar eso, porque mucha de la literatura que leemos, me refiero a la literatura con mayúsculas, que a mí me encanta de todas maneras, es una literatura que no habla de la época en la que vivimos, está casi situada en otra época, como si tuviéramos un montón de tiempo para leer como antes. Hoy no ocurre eso, hasta los grandes lectores se ven interrumpidos por otras voces. Por eso, quise jugar, hacer un ejercicio con la fragmentariedad.

-La novela plantea otra fragmentariedad que tiene que ver con el empleo de distintos narradores. ¿Por qué? ¿Te preocupaba narrar desde diversas miradas?

-Hay varias razones. Por un lado, cuando empecé a escribir era solo Maca, pero Maca me parecía poco fiable, porque cuando uno está atravesando un proceso de ansiedad o un ataque de pánico, la causa o el síntoma es algo que no se nombra, no se ve. Entonces me parecía que Maca iba a contar un montón de cosas que tal vez no eran tan así. La ansiedad es un fantasma, porque existe pero no se ve, es ausencia en presencia, es decir, es algo que para la persona que está sintiendo ansiedad existe y es real, pero para los de afuera no se percibe. Muchas veces hay personas que están con un ataque de pánico, le dicen a otro “me estoy muriendo” y el otro le responde “no tenés nada”. Por eso, me pareció que podría ser interesante mostrar la ansiedad de Maca desde otros puntos de vista, entonces ahí empezaron a aparecer los otros personajes.

Por otro lado, no quería que Maca hablara de su pasado porque me parece que justamente necesita sanar esos traumas y que no puede hablar, le cuesta hablar de la muerte, de la pérdida. Que la abuela aparezca con un monólogo interior va aportando datos de la infancia de Maca para que el lector pueda de alguna manera cerrar la historia o, por lo menos, entender un poco más. Ahí aparecieron otros personajes que al principio estaban narrados por Maca y después aparecieron como narradores.

Y ahí está esa otra de las razones: a veces en novelas o series pareciera que los personajes secundarios no tienen emociones, no les pasa nada, como si no fueran humanos. Eso me pasó con el personaje del psicólogo, Esteban, porque cuando vos vas a terapia, pareciera que el psicólogo no tiene vida, no tiene historia, no le pasa nada, como si nada de lo que vos dijeras como paciente pudiera impactar en su vida y no es así. Entonces, quise desbalancear un poco esta idea de que tiene que haber alguien siempre protagonista y también de alguna manera quise desmitificar esa idea -que todos obviamente tenemos- de que somos centrales, que somos lo más importante. Vemos la vida desde nuestra perspectiva y lo que más me importa soy yo y yo. Hoy vivimos en un mundo muy yoico, egocéntrico, narcisista. Las redes sociales promueven esto, nos mostramos todo el tiempo, subimos una foto de nosotros, de nuestra felicidad, de nuestra apariencia y me pareció interesante la idea de mostrar que no hay alguien más importante que otro.

“La única forma de avanzar como sociedad es aceptar que el otro es distinto, que puede pensar, sentir distinto, que le pueden pasar cosas totalmente distintas de las que me pasan a mí y que está bien”.


-Por otro lado, la protagonista es una gran lectora y recurre a la escritura para tratar de entender lo que le pasa. ¿Podría pensarse a tu novela como un texto que reflexiona sobre la escritura?

-Sí, totalmente. Todos contamos historias, o sea, vivimos contando historias, mis hijas me empiezan a contar sus historias de la escuela, mi marido me cuenta del trabajo, el verdulero me cuenta alguna anécdota, todo el día estamos contándonos historias y aún así el acto de la escritura para algunos todavía resulta ajeno. No todas las personas escriben, por supuesto, pero sí todos escribimos en la cabeza. Entonces, sí, es una novela sobre la escritura, que explora el poder de contar historias, también la forma en que se crea o se va delineando la memoria, que es otra forma de la historia. La memoria no deja de ser una historia que se va construyendo de recuerdos, algunos son verdaderos, otros son ficticios y otros son prestados. Por eso hay cosas que la abuela cuenta que Maca toma, pero después de alguna manera las convierte en otra cosa. Porque todos de alguna manera reconstruimos nuestra historia a través del relato.

Por otro lado, tiene que ver conmigo. Como autora y lectora, a mí me apasiona pensar por qué escribimos, cómo escribimos, qué es la escritura, qué es la lectura, qué es el silencio, qué pasa cuando algo no se cuenta. Y soy muy de recolectar frases sobre la escritura. Como Maca es un personaje muy lector y un personaje que está queriendo empezar a escribir, en un principio para hacer catarsis y después se verá si puede ser algo más, me pareció un lindo recurso incluir estas citas y que además de preguntarse por lo que le está pasando, se pregunte por la escritura casi como forma de terapia, que puede serlo y puede no serlo, ojo. Porque para mí la literatura no es algo instrumental, no creo que la literatura tenga que servir para algo, no necesariamente tiene que tener un carácter instrumental, a veces lo tiene, a veces no. Me pasa, por ejemplo, con la novela que me escriben psicólogos y me dicen que si tienen pacientes o familiares a los que les cuesta explicarles qué es la ansiedad, les recomiendan el libro. La verdad es que no lo escribí con esta función, pero está buenísimo que suceda.

-Uno de los epígrafes de la novela es de Susan Sontag y dice “Una de las primeras cosas que debería hacer una buena sociedad es permitir que la gente sea marginal. Estoy totalmente a favor de los desviados”. ¿Qué resonancias tiene esta cita con “Barullo”?

-A mí Sontag me encanta, me parece que ella se adelantó en el tiempo a identificar un montón de fenómenos o problemas que hoy los analizamos y que ella ya los venía advirtiendo. Me parece que es una cita central porque Maca es una “desviada”, como somos todos desviados, algunos somos desviados en algo y otros en otra cosa. La novela también va un poco sobre la locura, Maca tiene miedo de volverse loca, porque habla consigo misma y se preocupa porque siente que se está desdoblando. Es una situación bastante loca imaginarse muerta en la escalera de su edificio. A veces nos da miedo pensar estas cosas, percibir que hay una voz que nos habla, que me imagino muerta, que me imagino una situación catastrófica, que tal vez probablemente no ocurra pero la imagino. La fantasía de alguna manera está mal vista, suprimida, no es algo de lo que uno se anima a hablar.

En la “Historia de la locura en la época clásica”, Foucault sostiene que hay ciertas normas en la sociedad, está lo instituido y lo instituyente, o sea, lo que parece que es normal y que podemos aceptar y lo que parece que no porque se sale de la norma. Hoy leía un libro que se llama “El retorno del monstruo” de Adriana López-Labourdette, que dice que el monstruo son esas formas que por falta o por exceso de algo se salen de la norma, de los ideales de cada época, porque cada época tiene lo normal y lo anormal. A mí lo que me pareció interesante de la cita de Sontag es que hoy vivimos en un mundo quizás, en comparación con la época que vivió ella, más justo, más diverso, supuestamente aceptamos más la diversidad, supuestamente todos podemos ser distintos, festejamos la diversidad de cuerpos, de géneros, de pensamientos, pero cuando miramos las redes no es tan así, digo las redes por decir algo. Cuando vamos a comprar ropa, los talles que encontramos tampoco hablan de diversidad. En Twitter tampoco toleramos mucho las opiniones divergentes, atacamos al diferente. Entonces, ¿hasta qué punto estamos aceptando lo distinto, al otro como es? Me parece que todavía nos falta un montón, me parece que la única forma de avanzar como sociedad es aceptar que el otro es distinto, que puede pensar distinto, que puede sentir distinto, que le pueden pasar cosas totalmente distintas de las que me pasan a mí y que está bien.

Y, por otro lado, la normalidad tiene que ver con el poder, o sea, lo normal lo instituyen ciertas instituciones que tienen el poder de determinar qué es lo normal y qué no. En la medicina, hasta ahora, lo normal era hablar de la salud física, todo lo demás pasaba a estar en el orden de la locura. La gente no suele decir “voy al psiquiatra”, a lo sumo dice “voy al psicólogo”, que parece algo más normal, más aceptado, pero ya si hablás de fármacos, ahí ya la gente te juzga.

-¿Tu interés por estos temas parte de alguna experiencia personal o cercana?

-Una de mis abuelas era bipolar y yo lo sufrí mucho. Creo que si ella viviera hoy, podría empezar a vivir un poquito entre nosotros. En la época en que ella vivió, no se hablaba directamente de salud mental, o sea, ella era una desviada. Hoy se empieza a hablar, todavía me parece que falta mucho. Hay famosos e influencers que han hablado en el último tiempo, como Alejandro Sanz, Tini Stoessel y Lali Espósito, son figuras públicas a las que hablar de la salud mental les da un poco de atención, pero a la gente común les cuesta hablar, todavía le da pudor. Por otro lado, pareciera que la salud mental es como la hermanita chica de la salud y la hermana mayor es la salud física. Es algo que como sociedad tenemos pendiente, todavía no hay cobertura médica para la salud mental. Estamos a muchos pasos de estar bien.